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LA HEREDERA FUGITIVA

LA HEREDERA FUGITIVA

Status: Terminada
Genre:Embarazada fugitiva / Pareja destinada / Amor a primera vista / Amor Campestre / Completas
Popularitas:26.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

**Él le arrebató su lugar.**
La vida le enseñó que en el mundo de los hombres, una mujer nunca hereda el poder… solo las heridas.

Manuela Hernández huyó de su hogar con el corazón roto y una promesa ardiendo en el pecho: jamás volvería a ser débil.
Cinco años después, convertida en una mujer poderosa y temida, regresa al rancho que una vez fue suyo tras la misteriosa muerte de su padre.

Pero volver significa enfrentarse a traiciones enterradas, secretos familiares y fantasmas que nunca dejaron de perseguirla.

Y también a él.

Damián Cortés.
El hombre peligroso que puede destruir todo lo que ella ama… o convertirse en su peor adicción.

Entre deudas, mentiras y una atracción imposible de ignorar, Manuela descubrirá que algunas guerras no se pelean solo por dinero o poder… sino por el corazón.

Porque en Hacienda San Rafael nadie es inocente.
Y alguien está dispuesto a matar para quedarse con el legado.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: La traición tiene cama doble

La puerta estaba entreabierta.

Un centímetro. Tal vez dos. Lo suficiente para que la línea de luz amarilla le cortara los pies descalzos en el pasillo y para que la voz de Valentina llegara perfectamente clara, sin esfuerzo, como si no le importara que alguien pudiera escucharla.

Porque no le importaba. Eran las dos de la mañana y el rancho era de ella. ¿Quién iba a escucharla?

Manuela empujó la puerta un centímetro más.

Los vio.

Valentina estaba recostada en la cama de Héctor Hernández con una copa de vino en la mano y la sábana hasta la cintura. Ernesto, sentado al borde del colchón, hablaba con la tranquilidad de un hombre que lleva mucho tiempo siendo el más listo en el cuarto y ya se aburrió de disimularlo.

—Sin agua el rancho no vale nada —dijo Ernesto—. Cortés ejecuta la hipoteca, nosotros compramos a precio de remate. Limpio.

—Ya está en la quiebra de todas formas. —Valentina tomó un sorbo—. Que se quede con el papel que le dejó Héctor.

Se rió.

Una risa liviana, casi aburrida. La risa de alguien hablando de un problema que ya resolvió.

Manuela los miró exactamente cinco segundos. Los suficientes para ver lo que necesitaba ver: la ropa de los dos distribuida por el cuarto sin ninguna urgencia, el gesto automático de Valentina tocándole el hombro a Ernesto sin mirarlo, la familiaridad de dos personas que llevan años en eso y ya ni siquiera lo piensan.

Cerró la puerta.

Dio media vuelta.

Caminó de regreso a su cuarto.

Adentro se sentó en el borde de la cama en la oscuridad total y se quedó quieta mientras su cerebro hacía lo único que sabía hacer bien: ordenar.

Ernesto y Valentina. Amantes. No desde que murió Héctor —eso habría sido casi respetable en la escala de cosas horribles que esta familia era capaz de producir—. Desde antes. Mucho antes, a juzgar por la forma en que se movían juntos. La forma de dos personas que ya no tienen nada que descubrir del otro.

Héctor Hernández había criado a Ernesto Salazar como a un hijo. Lo había recogido cuando no tenía nada, le había dado apellido moral, tierra, futuro y treinta años de confianza ciega. Lo había puesto por encima de su propia hija de sangre. Lo había nombrado administrador vitalicio de todo lo que construyó en vida, convencido de que ese hombre era lo más cercano a un heredero digno que el mundo le había dado.

Y Ernesto le había pagado metiéndose en la cama de su esposa.

Manuela pensó que eso tenía una poesía asquerosa que su padre no habría apreciado.

Luego pensó en la carta.

Me están envenenando. Véngame.

Héctor había sido un hombre injusto, terco y capaz de rechazar a su propia hija frente a todos por no ser el hijo varón que quería. Eso era verdad y no iba a desaparecer. Pero también era verdad que había muerto traicionado por el único hombre al que había criado como sangre propia, en la cama con la mujer que lo estaba matando, y que en algún momento antes del final había entendido suficiente para escribirle a ella.

Le había escrito a ella. No a nadie más. A ella.

Manuela dejó ese pensamiento exactamente dos segundos antes de guardarlo en el cajón donde guardaba las cosas que no podía procesar todavía porque si las procesaba no podía trabajar.

Lo que tenía era certeza.

Lo que le faltaban eran pruebas.

Ernesto administrando el rancho a pérdida durante tres años. Las cuentas que no cerraban. Los proveedores sin pagar. El ganado que había bajado un cuarenta por ciento sin explicación. Las 500 hectáreas del manantial hipotecadas al vecino. Y ahora los dos, en la cama de Héctor, riéndose del papel que le dejaron a ella en el testamento como quien se ríe de un chiste que tiene cinco años de anticipación.

El plan era simple y había que reconocerles eso: hundir el rancho desde adentro, dejar que Cortés ejecutara la hipoteca, comprar las tierras a precio de remate cuando todo se derrumbara y quedarse con todo. Limpio, como dijo Ernesto. El hijo que Héctor eligió por encima de su hija de sangre lo había planeado con la misma frialdad con que se planea un viaje de negocios.

Manuela se preguntó cuándo habían decidido que era más rápido envenenarlo que esperar a que muriera solo.

Probablemente cuando él empezó a darse cuenta.

Se levantó. Fue al escritorio. Abrió la laptop.

Empezó a escribir.

Nombres. Fechas. Números. Todo lo que había visto en los libros que Damián le mostró en la primera cena. Los registros manipulados. Los pagos que no aparecían en inventario. El médico que firmó el certificado de defunción sin hacerle una sola pregunta al cadáver. La secuencia exacta del deterioro financiero año por año. Las compras fantasma. Las fechas que no cerraban con nada.

Escribió dos horas sin parar.

No porque tuviera todo claro. No lo tenía. Sino porque escribir era la única forma que conocía de pensar en orden, y necesitaba pensar en orden antes de que amaneciera y tuviera que salir de ese cuarto y poner cara de nada frente a las dos personas que estaban durmiendo al fondo del pasillo con la conciencia perfectamente tranquila.

Eso también le dijo algo sobre ellos.

La culpa incomoda. La culpa quita el sueño. Ernesto y Valentina no tenían ninguno de esos síntomas. Valentina había llorado en el entierro con una convicción que habría engañado a cualquiera que no la conociera desde los cinco años. Ernesto había estrechado manos y recibido condolencias con la expresión correcta, el tono correcto, la cantidad exacta de silencio en los momentos exactos.

El hijo que llora al padre que traicionó. Eso requería un talento especial.

Llevaban mucho tiempo ensayando.

Eso significaba que no iban a cometer errores por nervios. Lo que Manuela necesitaba no era esperar a que se equivocaran. Lo que necesitaba era construir el caso desde afuera hacia adentro, ladrillo por ladrillo, con alguien que supiera cómo hacerlo.

Buscó en el directorio del teléfono. Lo marcó en la agenda para las ocho de la mañana.

El mejor investigador privado de la capital. Caro. Discreto. Resultados.

Cerró la laptop.

Afuera el rancho estaba en silencio. Las mismas tierras donde ella había aprendido a montar, donde había corrido de niña pensando que ese lugar era suyo, donde su padre le había dicho en voz clara que no, que Ernesto —el mismo que estaba en la cama de su viuda— era el que se merecía quedarse con todo.

Héctor Hernández había pasado la vida eligiendo al hombre equivocado sobre la persona correcta. Había pagado por eso de la manera más cara posible, sin entender hasta el final que la única que lo iba a vengar era precisamente la que él había rechazado.

Manuela no sintió satisfacción con ese pensamiento.

Lo guardó también.

Se recostó encima de las cobijas sin desvestirse, con los ojos abiertos en el techo oscuro. Al fondo del pasillo, en la cama de un hombre al que habían criado como hijo y al que habían matado como enemigo, Ernesto y Valentina dormían sin ningún problema.

Tenía seis meses que Damián le había dado.

Iba a necesitar cada uno.

1
Yoly Sambrano
bonita pero para mi gusto un poquito larga mucho redundancia o mucho detalle no se
Corina Galantti
una obra maravillosa! me encantó. BENDICIONES ESCRITORA
Lilia Dos Santos
Un trabajo excelente. Muy bien escrito y sumamente interesante que mantiene al lector expectante en cada capítulo.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Lilia Dos Santos
Esta novela esta cada vez mas interesante. Me tiene atrapada. Cada capítulo es un nuevo descubrimiento. Manuela debe confiar mas en Damian y no actuar sola. Esta tratando con criminales peligrosos y ella esta en peligro y sus hijos tambien cuando los descubran.
Isa 🇻🇪
Buen trabajo, el personaje de Manuela fenomenal mujer empoderada que enfrenta las situaciones con inteligencia sin dramas ni llantos, el tema interesante por qué expone lo que algunos seres humanos son capaces de llegar a ser por la ambición, envidia y codicia, incluyendo la traición y el crimen para lograr sus objetivos.
Noiraly Tovar
Que es eso como que lo capturaron y esa noche que lo dejaron libre....me perdí 😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡😡
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto mato a Vale la considero una traiciónera ambos eran culpables
Betty Saavedra Alvarado
Manu quiere justicia la hará si o si para su padre que confío en Ernesto y lo traicionó
Betty Saavedra Alvarado
Manu se fue decepcionada de su padre que no la valoro el confío en Ernesto que lo decepcionó
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto entrégate no hagas burradas te vas a ir preso
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto eres un cobarde te metiste con Lucia ella es una niña inocente de todo Manu no dejará que nada le pase
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto se quiere apoderar de lo que no es suyo Manu lo escucha para ganar tiempo
Betty Saavedra Alvarado
Diego ayudará a rescatar a Lucia el conoce una entrada secreta
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya está en los brazos de sus padres Ernesto está preso ahora hacer justicia para don Héctor
Betty Saavedra Alvarado
Ernesto recibiste tu merecido por traidor y asesino cadena Perpetua ahora morirás en la carcel
Betty Saavedra Alvarado
Manu y Damián se casaron en el manantial donde se conocieron Lucia y Lucas son dos niños que imponen su presencia en la ceremonia ellos son únicos
Betty Saavedra Alvarado
Cin van una gran historia que llegó a su fin a veces los padres nos equivocamos dejamos o confiamos en personas que nos defraudan como Héctor que confío en Ernesto que resultó un ladrón y asesino Manu hizo justicia ahora tiene una familia de seis hijos un esposo que la ama como todos los matrimonios sus hijos los ponen en aprietos Un abrazo desde mi Piura Perú
Betty Saavedra Alvarado: Cinvan que siga la historia de Lucia y Lucas
total 1 replies
Noiraly Tovar
No me dejes así por favor.............😒😒😒😒😒😒😒😒😒😒
Yolanda Plazola Arroyo
ya esta muerto y el todavía no lo sabe 🤭👿👿
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