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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas / Completas
Popularitas:441.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 2

Romina

Pasaron los años. De ser dos chicas recién llegadas, pasamos a ser estudiantes veteranas. Cumplimos 18, luego 20, luego 21. Nuestra amistad se solidificó tanto que, para nuestro segundo año, decidimos alquilar un pequeño apartamento cerca del campus. Un cuchitril con dos habitaciones minúsculas y una cocina donde Laura intentaba hacer magia y casi siempre quemaba algo, pero era nuestro. Era un espacio seguro, lejos de las residencias y sus dinámicas.

Ahora, a mis veintidós años, estamos a pocas semanas de graduarnos. Los exámenes finales, la tesis, las prácticas… todo se mezcla en una vorágine de café, apuntes y noches sin dormir.

Mi cuerpo sigue siendo el mismo, un embudo pronunciado, con estas caderas que no me dejan usar cualquier pantalón y un busto que es un reto para las blusas entalladas que jamás uso. Sigo vistiendo con ropa holgada, sudaderas, camisas anchas. Es mi caparazón. Aunque Laura me ha obligado a comprar un par de vestidos que me quedan bien, que marcan la cintura y disimulan lo que yo quiero disimular. Me dice que me veo espectacular, pero cuando me los pruebo, yo solo veo a la chica del pueblo, a la forastera con kilos de más, intentando encajar en un molde que no es el suyo.

En la facultad, siempre está él. León Valverde.

León es el arquetipo del hijo de papá. Apellido conocido, dinero de sobra, cara de ángel y una sonrisa de póster que a más de una ha vuelto loca. Es alto, deportista, siempre impecable, el centro de todas las miradas.

El chico popular por excelencia. Su grupo de amigos, una corte de admiradores que le ríen todas las gracias, le sigue como una sombra. Para mí, siempre fue un elemento más del paisaje universitario, alguien que existía en una órbita completamente opuesta a la mía. Hasta que decidió que yo era un blanco fácil.

Nunca olvidaré la primera vez. Fue en segundo año, en la cafetería. Estaba sola, esperando a Laura, leyendo unos apuntes de Contabilidad de Costos. Él pasó con su grupo y, al verme, se detuvo. Me miró de arriba abajo con una lentitud deliberada, como si estuviera evaluando un producto en una estantería.

Luego, se volvió hacia sus amigos y dijo algo en voz baja. Todos se rieron. Una risa ahogada, cómplice, que a mí me quemó la piel. No escuché las palabras, pero las imaginé perfectamente. Imaginé que hablaban de mi tamaño, de mi ropa, de lo fuera de lugar que estaba yo en su mundo perfecto.

Desde entonces, se convirtió en mi sombra particular. No una sombra protectora como Laura, sino una parásita y venenosa. Sus ataques eran sutiles, siempre al borde de lo que se podía denunciar, lo suficientemente ambiguos para que él pudiera hacerse el inocente. Podía ser un comentario en voz alta cuando yo pasaba.

—Hay gente que debería usar más el gimnasio y menos la cafetería.

 O un.

—cuidado, que se rompe la silla.

cuando me sentaba en un aula, provocando risitas nerviosas a su alrededor. A veces, simplemente era su mirada. Esa forma de observarme, de escrutarme, como si yo fuera un espécimen raro al que había que estudiar y despreciar a partes iguales.

Laura lo detesta con todas sus fuerzas. Quiso encararlo más de una vez, pero yo se lo impedía.

—No le des ese poder, Lau

le decía.

— Si le respondemos, le damos lo que quiere. Atención. Que se aburra solo.

Pero no se aburría. Al contrario, parecía disfrutar. Y yo, a pesar de mi armadura de ropa holgada y mi orgullo de chica criada para ser fuerte, sentía cómo cada una de sus palabras, cada mirada, era un grano de arena más que se sumaba al peso que ya cargaba. El peso de mi propio cuerpo.

Hoy, en esta última semana de clases, mientras caminaba hacia la biblioteca con una carpeta llena de ejercicios de finanzas, me lo encontré de frente. Venía con dos de sus secuaces. El pasillo estaba semi vacío. No había escapatoria. Al pasar a mi lado, disminuyó el paso y fingió mirar sus zapatos, que estaban impolutos, y luego me miró a mí. Sus ojos azules tenían un brillo cruel.

—Uy, Valera

dijo con una voz melosa y falsa.

—Cuidado con el piso, no sea que se te rompan los tacones. Ah, no, perdón

se llevó una mano a la boca en un gesto teatral.

— es que con esos pies… digo, con esa humanidad, ni te habrás dado cuenta de que hoy usas zapatillas.

Sus amigos soltaron una carcajada ahogada. Yo me paré en seco. Sentí la sangre latiendo con fuerza en mis sienes. Durante cuatro años lo había soportado. Durante cuatro años había tragado saliva. Pero esa tarde, con el cansancio de los exámenes, con la emoción contenida de la graduación, con la beca que me había traído hasta aquí y el sacrificio de mi familia pesándome en la conciencia, algo dentro de mí dijo, basta.

Me giré lentamente. Lo miré directamente a los ojos, sin parpadear. Y por primera vez, no vi al chico popular e inalcanzable. Vi a un tipo patético, con una sonrisa estúpida, rodeado de otros dos tipos patéticos que necesitaban reírse de una chica con sobrepeso para sentirse importantes.

—Sabes qué, Valverde

dije, y mi voz sonó mucho más firme de lo que me esperaba.

— De todos los lastres que he tenido que cargar en esta universidad, el más pesado, con diferencia, has sido tú. Y es una lástima, porque a diferencia de mi cuerpo, que es sano y fuerte, tu estupidez no tiene cura. Y pesa mucho, ¿sabes? Pesa ser tan hueco por dentro.

El silencio que siguió fue tan denso que podía cortarse. La sonrisa se le borró de la cara. Sus amigos abrieron la boca, sin saber si reír o no. Por un instante, vi algo en sus ojos que nunca había visto, perplejidad. Y algo más, un destello, quizás de sorpresa o de algo que no supe identificar.

No me quedé a averiguarlo. Di media vuelta y seguí caminando hacia la biblioteca, con el corazón latiéndome a mil por hora, pero con una extraña sensación de ligereza en los hombros. Por primera vez en mucho tiempo, el peso que sentía no era el de mis complejos, sino el alivio de haberme quitado un peso de encima.

Esa noche, en nuestro pequeño apartamento, mientras Laura me miraba con los ojos como platos mientras le contaba la escena, rompió a aplaudir.

—¡Por fin, Romi, Mi Romi guerrera ha salido!

gritó, abrazándome.

Y yo me reí, por primera vez en semanas, una risa auténtica. No sabía qué consecuencias tendría mi estallido. No sabía si León Valverde buscaría vengarse. Pero en ese momento, rodeada del olor a café quemado y del abrazo de mi mejor amiga, me sentí invencible.

Dentro de unas semanas me graduaría. Dejaría atrás los pasillos de la universidad, las miradas, y ojalá, a León Valverde. Pero algo me decía, en el fondo, que aquel duelo de miradas en el pasillo no había sido un punto final, sino un punto y seguido.

Continuara...

1
Maru
Al contrario 🤔💭el silencio 🤫 te hace cómplice
Maru
Geovanny me parece un hombre apocado a su edad y con su preparación académica debería estar blindado sobre el minúsculo afecto de su padre buscar la aprobación paterna a esas alturas es un absurdo; en otro orden de ideas, nadar entre dos aguas me parece mal si tanto ama y desea a Romina que luche por ella y no le de esperanzas a la otra
Maru
Romina muchacha tienes el suficiente potencial para gustarle a tu jefe a tu suegro y todos los que te conocen pero... debes empezar gustando de ti misma 🤩
Maru
🤔💭Las piezas del rompecabezas 🧩 empiezan a encajar
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí estuvo perfecta su historia, es muy raro que un ceo renuncie a todo lo que tiene, por lo regular siempre tratan de salvar su éxito que han logrado, gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
aquí lo triste es que el padre de Giovanni no lo fue a buscar, prefirió su orgullo
Francisca Letycia MirandaGarcia
y su otro abuelo lo irá a conocer, Giovanni ya no lo hace presente en su vida, será pq en realidad nunca estuvo
Francisca Letycia MirandaGarcia
quer hermoso con los ojos grises
Edith Villamizar
me gustó mucho la historia
El final estuvo bueno, no siempre tiene que ser final de ricos y herederos
fué diferente ellos construyeron una familia humilde pero llena de amor
No me gustó que el papá no se le ocurrió visitar a su hijo y pedir una oportunidad para ser abuelo ya que no fué buen padre
Edith Villamizar
Ni porque se fueron lejos, los dejan ser felices juntos
Son malos, inventan que el papá está grave y llevárselo quien sabe que pensaban hacer con Giovanni
Francisca Letycia MirandaGarcia
hasta que tomó esa determinación, darle una lección a su padre y probar que él no lo necesita para salir adelante
Francisca Letycia MirandaGarcia
no es posible que el padre haya pedido eso, por eso los hijos son asi
Francisca Letycia MirandaGarcia
lo importante que tiene unos padres comprensivos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pues haber si no se la pone difícil Camila
Francisca Letycia MirandaGarcia
debería estar feliz pq la ama y a su bebé también
Maria Gudiño
que paso con el papá de Geovanny,por lo demás una excelente novela, felicitaciones para la escritora 👍👌👏👏
Francisca Letycia MirandaGarcia
por muy dormida que este como no darse cuenta que nos están dando duro contra el colchón jajajaja
Liliana Flores
me gusta la trama, pero la estás haciendo demasiado inocente a está chica no puede pensar que es un sueño 🤭🤭
Liliana Flores
hasta ahora me está pareciendo muy interesante y me intriga lo que seguirá sucediendo
Francisca Letycia MirandaGarcia
el padre no puede quedar sin interarse de la fichita que es su hijo leon
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