El amor que nunca olvidó
Un encuentro en la infancia bastó para que Elara Bauman se convirtiera en el recuerdo que Alessandro Vescari jamás pudo abandonar, año tras año la observo de lejos.
Pero años después, el destino vuelve a ponerla en su camino. Él es un hombre poderoso, acostumbrado a conseguir todo lo que desea; ella, una joven independiente que no está dispuesta a dejarse dominar por nadie.
Alessandro está decidido a conquistarla, pero detrás de su mirada intensa y su necesidad de tenerla cerca se esconde un pasado que nunca logró superar. Elara desafiará sus límites, pondrá a prueba su paciencia y despertará sentimientos que él creía imposibles de controlar.
Entre secretos, tensión, celos y una atracción difícil de ignorar, ambos descubrirán que reencontrarse no significa tener una segunda oportunidad garantizada.
Él llevaba años esperándola. Ella jamás imaginó ser el centro de su mundo. Pero ¿podrá el hombre que siempre quiso tenerlo todo aprender a amar sin poseer, y la mujer que teme perder su libertad atreverse a entregarle el corazón.
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La distancia de Elara
Alessandro había aprendido a reconocer los silencios de Elara.
Sabía cuándo estaba cansada, cuándo algo la preocupaba y cuándo simplemente necesitaba estar sola.
Pero aquello era muy diferente.
Ya no era un silencio pasajero, uno que se podía olvidar y comenzar de nuevo.
Elara estaba tomando distancia enserio.
Sus conversaciones se habían vuelto más cortas. Ya no buscaba cualquier excusa para permanecer a su lado y, cuando él intentaba acercarse, ella encontraba alguna actividad que la mantuviera ocupada, empezaba a notar que eran más excusas para evitarlo.
Alessandro intentó respetar su espacio para no hacerla sentir presionada ni incómoda al principio.
Pero conforme pasaron los días, comenzó a perder la paciencia.
Una tarde llegó a casa y la encontró revisando unos documentos sobre la mesa.
Ella los cerró inmediatamente.
—¿Qué estabas viendo?
—Nada importante.
—¿Por qué los escondes?
Elara levantó la mirada.
—Porque son míos.
La respuesta lo hizo guardar silencio.
Antes ella no hablaba de aquella manera.
Alessandro se acercó, pero Elara tomó los documentos y los guardó en una carpeta.
—Necesito que respetes mi espacio.
Él se quedó frente a ella.
—Lo intento.
—No parece.
Alessandro respiró profundamente.
Quería preguntarle qué estaba ocurriendo, pero sabía que presionarla solo conseguiría alejarla más.
Así que se retiró.
Sin embargo, aquella noche llamó a su madre.
Necesitaba hablar con alguien que conociera toda la historia desde el principio.
Su madre escuchó en silencio mientras él le explicaba que Elara estaba distante.
—Dale tiempo —le dijo.
—Ya le he dado tiempo.
—No suficiente.
Alessandro cerró los ojos.
—Tengo miedo de que se vaya.
Su madre permaneció callada unos segundos.
—Entonces no cometas el error de querer retenerla.
Aquellas palabras lo irritaron.
—¿Y qué se supone que debo hacer?
—Demostrarle que puede elegir quedarse.
Alessandro terminó la llamada sin responder.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Elara abrió nuevamente aquella solicitud académica.
Esta vez leyó cada detalle.
La institución, las fechas, el alojamiento, las condiciones y la duración del programa.
Un año.
Solo un año.
No era una decisión sencilla, pero comenzaba a parecerle necesaria.
No quería huir de Alessandro.
Quería recuperar la sensación de que su vida le pertenecía.
Tomó el teléfono y confirmó que continuaría con el proceso.
Todavía no había aceptado oficialmente.
Pero el primer paso estaba dado.
Esa misma noche recibió un correo.
Su solicitud ha avanzado a la siguiente etapa.
Elara permaneció mirando la pantalla.
Por primera vez en varios días sonrió.
No porque quisiera alejarse de Alessandro para siempre.
Sino porque había encontrado una posibilidad.
Una vida propia.
Un lugar donde nadie conociera su historia antes de conocerla a ella.
Lo que Elara todavía no sabía era que su decisión comenzaría a cambiarlo todo.
Y que, cuando Alessandro descubriera que aquella distancia tenía un motivo mucho más grande de lo que imaginaba, le resultaría cada vez más difícil mantener la calma.
Porque perderla durante unos días ya comenzaba a parecerle insoportable.
Y la idea de perderla durante un año todavía ni siquiera había llegado a su mente.