Él fue su primer amor. Ella fue quien arruinó su sueño. Años después, se reencuentran en la universidad y la guerra entre ellos está lejos de haber terminado. Lo que ninguno esperaba era que detrás del odio siguieran existiendo sentimientos imposibles de olvidar.
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Café para ella, té para él
Bella estaba empezando a pensar que Ethan era extraño.
No de una forma mala. No tanto
Solo… extraña.
Porque cualquier persona normal habría aprovechado la oportunidad para volver a su residencia un domingo.
No caminar junto a una desconocida con resaca en busca de café. Que tenía ojeras
Y sin embargo allí estaba.
—Gracias por ayudarme con el auto.
—De nada.
—Aunque sigues siendo sospechoso.
—¿Por qué?
—Apareciste de la nada.
—Eso se llama caminar por un estacionamiento.
—Sigue siendo sospechoso.
Ethan soltó una carcajada.
La cafetería estaba bastante vacía.
Perfecta para una mañana de domingo.
Bella pidió su habitual café de vainilla y una dona glaseada.
Porque algunas tradiciones eran sagradas.
—¿Y tú?
—Un té.
Bella parpadeó.
—¿Un té?
—Sí.
—¿Nada de café?
—No me gusta.
Bella lo observó como si acabara de confesar un crimen.
—¿No te gusta el café?
—No.
—¿En serio?
—En serio.
—Eso es preocupante.
—Lo sobrevivo.
Se sentaron cerca de una ventana.
Bella con su café.
Ethan con una taza de té humeante.
Y la imagen era tan extraña que no pudo evitarlo.
—¿Eres inglés?
Ethan casi se atragantó.
—¿Qué?
—Lo del té.
—Bella.
—Solo pregunto.
—Nací en este país.
—Eso es exactamente lo que diría un espía británico.
—Claro.
—¿Tienes un castillo secreto?
—Sí.
—Lo sabía.
Por primera vez desde que se conocieron, Ethan empezó a reírse tan fuerte que llamó la atención de varias personas.
Bella sonrió satisfecha.
—No puedo creer que me estés juzgando por tomar té.
—Estoy juzgando muchas cosas.
—Qué amable.
—Gracias.
La conversación continuó sorprendentemente fácil.
Hablaron de la universidad.
De profesores insoportables.
De materias imposibles.
Y del hecho de que Ethan llevaba tres años estudiando ingeniería mecánica.
—Entonces tú eres quien arregla los desastres que otros crean.
—Básicamente.
—Admirable.
—¿Y tú?
—Yo evito que los deportistas entren en pánico cuando se lastiman.
—También admirable.
Bella levantó orgullosamente su café.
—Somos héroes.
—Definitivamente.
Por primera vez en bastante tiempo, Bella se encontró disfrutando de una conversación sin tensión.
Sin discusiones.
Sin recuerdos incómodos.
Simplemente hablando.
Cuando terminaron, Ethan revisó nuevamente algunos precios desde su teléfono.
—Tengo una buena noticia.
—¿Mi auto vivirá?
—Probablemente.
—Eso no suena muy alentador.
—Necesita una batería nueva.
—Eso ya lo sabía.
—Pero encontré una a buen precio.
Bella sonrió.
—Eres oficialmente mi mecánico favorito.
—Soy el único mecánico que conoces.
—Detalles.
Salieron de la cafetería todavía bromeando.
Y mientras caminaban hacia el estacionamiento, ninguno notó algo.
Desde una mesa al fondo, Scott había visto parte de la conversación.
No porque los estuviera siguiendo.
Simplemente había ido por un café después de entrenar.
Eso era todo.
Absolutamente todo.
Y sin embargo…
Había observado a Bella reír.
Había visto lo cómoda que parecía.
Lo natural que resultaba hablar con Ethan.
Y por alguna razón que no le gustaba reconocer…
Aquello le molestó.
Mucho más de lo que debería.
Porque Bella Anderson podía hablar con quien quisiera.
Y a él no debería importarle.
Pero mientras observaba cómo ambos se alejaban juntos, Scott descubrió algo incómodo.
Le importaba. Muchísimo.