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Capítulo 14. La paciencia del Rey
El silencio que invadió el jardín era sofocante.
La princesa no apartaba la mirada de Lyra.
Había desprecio en sus ojos... y unos celos imposibles de ocultar.
Lyra, por el contrario, permanecía tranquila.
No conocía a aquella mujer, pero era evidente que estaba enamorada de Conrad.
Y también era evidente que no soportaba verla a su lado.
—¿Quién eres? —preguntó la princesa con frialdad.
—Mi nombre es Lyra Evermoon.
La princesa dejó escapar una sonrisa burlona.
—Jamás había oído hablar de ti.
Lyra respondió con una educada inclinación de cabeza.
—Es normal. Yo tampoco había oído hablar de usted.
Los criados bajaron inmediatamente la cabeza para ocultar sus expresiones.
La princesa frunció el ceño.
—¿Insinúas que no soy importante?
—No, alteza.
Lyra sonrió con inocencia.
—Solo digo que nunca habíamos coincidido.
Aquella respuesta solo consiguió irritarla más.
Su mirada pasó de Lyra a Conrad.
—¿Qué hace esta mujer en tu residencia?
Antes de que Conrad respondiera, Lyra habló con absoluta naturalidad.
—El señor Conrad me invitó personalmente a hospedarme aquí.
La princesa abrió los ojos con incredulidad.
—¿Él... te invitó?
—Así es.
Lyra llevó una mano a su pecho, fingiendo timidez.
—Incluso insistió en que no buscara otra posada.
Los sirvientes sintieron que el corazón se les detenía.
La princesa apretó los puños.
—Eso es imposible.
Lyra inclinó ligeramente la cabeza.
—Puede preguntárselo si no me cree.
La joven imperial giró bruscamente hacia Conrad.
—¡Dime que está mintiendo!
Conrad la observó con la misma expresión indiferente de siempre.
—No miente.
Aquellas dos palabras bastaron para romper la poca paciencia que le quedaba a la princesa.
—¡Tú...!
Levantó la mano con intención de abofetear a Lyra.
Pero nunca llegó a tocarla.
Una mano sujetó con fuerza su muñeca.
—¡Ah...!
La princesa dejó escapar un gemido de dolor.
Conrad ni siquiera había cambiado su expresión.
Sus dedos rodeaban la muñeca de la joven con firmeza.
No la estaba aplastando...
Pero tampoco le permitía moverse.
Sus ojos dorados eran tan fríos que parecían congelar el aire.
—Basta.
La voz del Archiduque resonó con una autoridad imposible de desafiar.
La princesa intentó soltarse.
—¡Me estás lastimando!
—Lo sé.
Respondió con absoluta calma.
Por un instante, la presión aumentó apenas un poco.
Lo suficiente para que la princesa palideciera.
—Conrad...
Él no apartó la mirada de ella.
—En mi residencia...
Nadie levanta la mano contra mis invitados.
Mucho menos contra ella.
El jardín entero quedó en silencio.
Los criados jamás habían visto al Archiduque proteger a alguien de aquella manera.
Finalmente, Conrad soltó su muñeca.
La princesa retrocedió de inmediato, sujetándose el brazo.
Sus ojos estaban llenos de humillación.
—¿La defiendes...?
Conrad respondió sin la menor duda.
—Sí.
Aquella única palabra fue mucho más dolorosa que la fuerza con la que había sujetado su muñeca.
La princesa dirigió una última mirada cargada de odio hacia Lyra.
—Te arrepentirás de haber aparecido en su vida.
Sin esperar respuesta, dio media vuelta y abandonó la residencia.
Cuando las puertas se cerraron, Lyra soltó un largo suspiro.
—Creo que... ahora sí le he traído problemas.
Conrad la miró de reojo.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
—No.
Su voz fue tan baja que solo ella pudo escucharla.
—Los problemas acaban de descubrir que existes.
Y eso debería preocuparles a ellos, no a ti.