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Cicatrices De Ceniza

Cicatrices De Ceniza

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia2026

​Tras sobrevivir al cáncer, Valeria oculta su infertilidad al hombre de su vida. Entre secretos, pasión y una suegra cruel, deberá decidir si el amor basta para sanar sus cicatrices.

NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

​CAPÍTULO 6: Sospechas y la tentación del aguacero

Le ​sostuve la mirada a Mateo mientras guardaba mi teléfono, tal como lo había notado al colgar, él seguía allí, parado bajo el umbral de la puerta, tenía los brazos cruzados y esa fijeza característica que siempre terminaba por desarmarme por completo.

Lo que no me esperaba, y lo que me agarró totalmente fuera de base, fue que rompiera el silencio para meterse de frente en mi vida privada.

​—Vaya... Veo que fue una llamada muy emocionante, señorita Mendoza —soltó con una voz inusualmente ronca, entornando los ojos como si quisiera leer a través de mí, queriendo saber a toda costa quién me tenía tan contenta.

​—Ingeniero... yo... b-bueno, sí, era alguien muy importante... —comencé a tartamudear, sintiendo que las mejillas me ardían al instante.

​Me ponía ridículamente nerviosa el descaro con el que intentaba averiguar sobre mi vida. Por dentro, yo estaba derretida por tener su atención, pero me obligaba a mantener la distancia.

​Mateo no despegó sus ojos marrones de mí, apretando la mandíbula con una punzada de celos que no pudo camuflar. Ver la confianza y la sonrisa tan radiante con la que yo me estaba despidiendo de Damián lo había descolocado.

¿Quién demonios es la persona que la hace hablar de esa manera tan amena?, se preguntaba Mateo, irritado por la idea de que otro hombre tuviera acceso a esa calidez que a él tanto le costaba conseguir de ella.

​Haciendo un esfuerzo por recuperar su fachada profesional, dio un paso al frente y me entregó una carpeta bastante gruesa.

​—Revise esto antes de que termine el día, por favor —pidió con tono seco, dándose la vuelta para regresar a su despacho.

​Lo que Valeria no sabía, era que esa carpeta es solo una excusa. Mateo la había seleccionado a propósito, llenándola de anexos y reportes largos con el único fin de retrasar su salida. Quería tenerla allí, en la oficina, hasta tarde, quería asegurarse de que la jornada se extendiera lo suficiente para tener la oportunidad perfecta de llevarla hasta su casa y pasar un tiempo a solas con ella.

​El resto de la jornada transcurrió en una especie de tregua incómoda, sepultados bajo esa montaña de trabajo. Aprovechando el silencio absoluto del piso, me concentré en las auditorías de los proyectos de infraestructura. Fue ahí, mientras mis dedos repasaban los balances de la obra de Las Mercedes, cuando el frío laboral se mezcló con la intriga. Mis ojos detectaron una anomalía recurrente: desvíos de fondos masivos camuflados como compras de material excedente. No eran errores; alguien con mucho peso dentro de la constructora estaba robando dinero de forma sistemática.

​«Tengo que averiguar quién es la persona que está desbancando a la empresa antes de decirle nada al ingeniero», me dije a mí misma, apretando los dientes con determinación. No quería alarmar a Mateo con sospechas vacías; necesitaba pruebas contundentes antes de presentarle un problema de esa magnitud a mi jefe.

​Para cuando cerré la última carpeta, la noche ya había caído sobre Caracas y con ella, un aguacero torrencial que hacía retumbar los ventanales de la torre. El piso de presidencia estaba completamente desierto. Me levanté asustada al ver la hora, sabiendo lo difícil que sería conseguir transporte con semejante palo de agua.

​En ese momento, la puerta de Mateo se abrió. Su plan de retenerla había funcionado a la perfección. Se había quitado el saco del traje, y la ropa de ingeniero —esa camisa de algodón grueso que solía usar para bajar a las inspecciones de obra— revelaba que el cansancio del día no le restaba ni un ápice de su porte imponente.

​—Ya es tardísimo, Valeria —dijo, acercándose a mi escritorio con una taza de chocolate humeante que dejó frente a mí—. Con este aguacero que está pasando no vas a conseguir transporte ni de juego. Yo te llevo a tu casa. Vamos, recoge tus cosas que no acepto un no por respuesta.

​El tono ya no era el seco de la mañana; sus ojos brillaban con una mezcla de preocupación y una resolución que me hizo asentir con la cabeza en un susurro.

​Al salir de la torre principal, la realidad de la tormenta nos golpeó de frente. El viento soplaba con fuerza, arrastrando las gotas frías hacia el estacionamiento que, lamentablemente, estaba por completo a la intemperie.

​—¡Hay que correr! —gritó Mateo, sujetándome con firmeza de la mano.

​Cruzamos el tramo hacia su camioneta, pero la violencia de la lluvia de Caracas nos alcanzó en un segundo, empapándonos de pies a cabeza antes de que lográramos abrir las puertas y encerrarnos en el vehículo. El portazo aisló el estruendo del exterior, dejando que el espacio se llenara de inmediato, con el eco de nuestras respiraciones agitadas, el frío del agua y la adrenalina de la carrera nos tenían temblando.

​Mateo encendió la luz de cortesía para ver cómo estaba, y fue ahí donde el aire se volvió denso, casi irrespirable.

​La fina tela de mi blusa estaba completamente translúcida, pegada a mi piel como una capa de vidrio. El frío de la tormenta había hecho estragos inmediatos: a través de la ropa mojada, los picos de mis senos se marcaban con una nitidez absoluta, firmes y erectos ante su mirada. Me crucé de brazos instintivamente, sintiendo una oleada de calor quemarme las mejillas al saberme tan expuesta ante él.

​Mateo, por su parte, se pasó una mano por el cabello húmedo para despejarlo de su frente. Su ropa de trabajo, empapada por el agua, estaba adherida a su torso como una segunda piel, delineando a la perfección el relieve de sus pectorales, la musculatura imponente que se gastaba. Su pecho subía y bajaba con fuerza, buscando un aire que parecía haber desaparecido de la camioneta.

​Los dos nos miramos en silencio, con el vaho de nuestras respiraciones empañando los vidrios de la camioneta. El frío del agua se evaporó en un instante, sustituido por una tensión carnal tan viva y palpable que ambos supimos, sin decir una palabra, que el hielo entre el jefe inalcanzable y la contadora inexperta estaba a punto de quebrarse para siempre.

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Gioconda Rivas
que pedante es ese camilo 🤬🤬🤬
Sandra Milena Ramirez Martinez
no paro de llorar 😭
Dalia: Es muy triste la perdida 😭😭😭
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Sandra Milena Ramirez Martinez
oye pero este hombre es un total pendejo... el supuesto mejor amigo le roba y la mama lo maneja peor que un titere
Dalia: era un robo tan meticuloso que a nuestra protagonista le tardo años confirmar el verdadero culpable, el robo era secreto a voces. el verdadero culpable se aprovecho de que la suegra le tenia rabia a la protagonista para inculparla.

A mi me da rabia es con el prota, porque claro muy detras de su amor, muy profesional pero por andar de enamorado y creyendole a la mamá es que le metieron gato por liebre.
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Elizabeth Del Valle Romero
ahí hay chispa ❇️
Dalia: el comienzo de algo🤭
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Gioconda Rivas
Me gusta la hiatoria, toca una realidad sobre aquellas mujeres que por ciertas circunstancias no pueden tener hijos y se mueren por tenerlos. No por ello quiere decir que sean menos valiosas, madre no es la que engendra si no la que cria. Gracias escritora por escribir historias tan lindas y con mensajes se reflexión.
Gioconda Rivas
empieza el romance 😍
Gioconda Rivas
se nos puso celoso el hombre 🤣
Gioconda Rivas
Valeria se pasa de inocente
Gioconda Rivas
Es triste el caso de Valeria, yo pase por lo mismo. Lo importante es estar viva.
Dalia: Son casos muy tristes, lo importante es ser fuertes y salir adelante.
total 2 replies
Elizabeth Del Valle Romero
isssh cuando se enteré Mateo
Dalia: Esto se va a poner color de hormiga🔥🔥🔥
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Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia 😭
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia:(
Dalia: Ese Mateo le hace falta pantalones, no es un mal hombre solo que se dejo llenar la mente de basura.
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Elizabeth Del Valle Romero
muero por leer los siguientes capítulos
Dalia: pronto,pronto!!! ☺️
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