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Papá Por Accidente

Papá Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Padre soltero / Malentendidos / Aventura
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Migu

La vida despreocupada de fiestas y alcohol del universitario Esteban Anderson da un vuelco total cuando una mañana encuentra una bebé en su porche con una nota de despedida. Tras confirmar por ADN que es su hija y comprobar que la madre nunca volverá, Esteban deja atrás los excesos para criarla solo. Entre trabajos de madrugada, clases universitarias y un amor incondicional, bautiza a la pequeña Isabella y descubre que el propósito más grande de su vida era convertirse en su padre.

NovelToon tiene autorización de Migu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15

El sol de la tarde entraba por la ventana de la sala, proyectando rectángulos dorados sobre la alfombra limpia donde Isabella, que ya rondaba los siete meses de edad, gateaba a toda velocidad. Ya no era aquella criatura diminuta e indefensa que cabía apretada en una canasta de mimbre o que exigía que la cargara pegada al pecho cada minuto del día. Ahora se desplazaba con una energía contagiosa, explorando las patas de las sillas, intentando alcanzar los cojines del sofá y soltando risitas agudas cada vez que descubría un juguete olvidado.

Verla moverse por la casa con tanta soltura me llenaba el pecho de un orgullo inmenso, pero también traía consigo una calma que no había sentido en meses. Su crecimiento era la prueba viviente de que, a pesar de las ojeras, el cansancio del taller y las noches de estudio a las cuatro de la mañana, lo estábamos logrando.

Sin embargo, en un rincón oscuro y lejano de mi cabeza, todavía quedaba una pequeña espina clavada. Un cabo suelto del pasado que de vez en cuando volvía a flotar cuando la casa se quedaba en silencio.

Esa tarde, aprovechando que Isabella jugaba de forma segura con un cubo de plástico sobre la alfombra bajo la mirada atenta de mi mamá, saqué mi teléfono del bolsillo y me senté en la orilla del sofá. Me quedé mirando la pantalla encendida durante unos segundos largos, sintiendo una mezcla extraña de duda y curiosidad.

Hacía siete meses que no me atrevía a tocar el tema. Después del veredicto del ADN y del torbellino que significó adaptar mi vida para criar a mi hija, la figura de aquella chica de la fiesta en la casa abandonada se había convertido en un fantasma del que nadie hablaba. Pero esa tarde, impulsado por una última chispa de incertidumbre, necesité cerrar ese libro por completo. Necesitaba saber quién era la persona que había cambiado mi destino para siempre.

Abrí la aplicación de redes sociales en el teléfono y fui directo a la conversación grupal de la facultad de aquella época. Comencé a revisar los álbumes de fotos etiquetadas de la fiesta de hace nueve meses, desplazando el dedo por la pantalla con el corazón latiéndome un poco más rápido de lo normal. La neblina del alcohol de esa noche seguía haciendo de las suyas, pero recordaba detalles muy específicos: la chamarra de mezclilla oversized, el cabello oscuro y despeinado por el viento, el olor a perfume de vainilla amarga.

Después de revisar decenas de fotos borrosas de vasos rojos y luces de colores, encontré una toma grupal al fondo del pasillo oscuro. Allí, al fondo de la imagen, recargada contra el marco de una puerta semiabierta, estaba ella.

Toqué la etiqueta de su perfil en la imagen. El enlace me dirigió a su cuenta personal, pero lo que apareció en la pantalla me dejó congelado durante un segundo.

"Esta página no está disponible. Es posible que el enlace esté roto o que la cuenta haya sido eliminada."

Fruncí el ceño y me pasé una mano por la cara. No me di por vencido. Abrí el chat de Lucas y le escribí un mensaje rápido, directo y sin rodeos: "Oye, Lucas. Una pregunta rara. ¿Te acuerdas de la chica de la chamarra de mezclilla de la fiesta en la casa abandonada? ¿Sabes algo de ella?".

Lucas tardó apenas un par de minutos en responder. El indicador de lectura se puso azul y apareció el mensaje en la pantalla: "Hola, viejo. Sí, me acuerdo. Un par de semanas después de esa fiesta, escuché a los chicos comentar que se dio de baja de la universidad de un día para otro. Se mudó fuera del país con su familia, a Europa creo. Borró todas sus redes sociales y cortó contacto con todo el mundo. Nadie volvió a saber nada de ella. ¿Por qué preguntas?".

Me quedé mirando fijamente la pantalla del teléfono, leyendo las palabras de Lucas una y otra vez. "Se mudó fuera del país... borró todas sus redes sociales...".

Guardé el celular en el bolsillo del pantalón y me recosté contra el respaldo del sofá, dejando escapar un suspiro largo y profundo que me vació los pulmones.

Ahí estaba la respuesta definitiva. Ya no había investigaciones pendientes, ni esperanzas absurdas de que un día tocara la puerta para dar explicaciones, ni temores de que regresara a reclamar nada. La puerta del pasado se había cerrado con un candado pesado e invisible. Se había ido para siempre, dejando tras de sí solo el eco de una nota arrugada sobre un felpudo mojado por la lluvia y una vida entera que a mí me había tocado reconstruir desde cero.

Sentí una punzada suave de melancolía en el centro del pecho. No era rencor ni enfado; el tiempo y las responsabilidades diarias me habían quitado esa rabia inicial. Era simplemente la extraña tristeza de saber que el inicio de la historia de mi hija quedaba marcado por una ausencia absoluta, por un hueco que nada ni nadie iba a poder llenar jamás.

—¡Bah! —un sonido alegre y espontáneo me sacó de mis pensamientos.

Bajé la mirada de golpe. Isabella había gateado por la alfombra hasta quedar justo entre mis pies. Apoyó sus manitas rechonchas contra mis espinillas, levantó la cabeza con una sonrisa gigante de cuatro dientes diminutos y soltó una carcajada limpia que resonó por toda la sala.

En ese preciso instante, la sombra de la melancolía se disipó por completo, borrada por la luz enorme de su mirada.

Me agaché despacio, la tomé por las axilas y la levanté en el aire, haciéndola volar por un segundo mientras ella pataleaba de la risa. La pegué contra mi pecho y le despeiné el cabello oscuro, sintiendo el calor vivo de su cuerpecito y su aroma a talco y bebé limpio.

—¿Qué pasa, pequeña traviesa? ¿Estás lista para ir a comer? —le pregunté con una sonrisa sincera que me nació desde lo más profundo del alma.

Isabella soltó un gorgorito feliz y me agarró de la nariz con sus dedos gorditos, apretando con esa curiosidad inocente que me alegraba los días más difíciles.

Miré a mi alrededor: la sala de mi casa, los juguetes repartidos por el suelo, el termo de café que la Sra. Martha me había traído por la mañana y mi mochila de la universidad lista junto a la entrada. La vida ya no era fácil ni despreocupada como a los veintiún años, pero era una vida real, llena de propósito, esfuerzo y un amor incondicional que jamás creí capaz de sentir.

La ausencia de su madre era una realidad confirmada, un hecho que ya no podía cambiar. Pero mientras sostenía a Isabella en mis brazos y la veía reírse sin ninguna preocupación en el mundo, entendí con absoluta claridad que no necesitábamos más. El capítulo del pasado estaba cerrado para siempre, y el presente, con mi hija gateando por la casa y creciendo sana y feliz, era todo lo que necesitaba para seguir adelante.

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Cliente anónimo
Quiero leerla , se ve interesante
bruja de la imaginación 👿😇
q manera de llorar 😭 senti como si su dolor fuera mío
bruja de la imaginación 👿😇
ay no😭😭 por favor
Jazmín Adriana Muelas Morales
me encanta 😍es hermoso como muestra todo lo que puede llegar a pasar
Jazmín Adriana Muelas Morales
me alegro 🥰 todo esfuerzo tiene recompensa 👏
bruja de la imaginación 👿😇
me encantó está historia y más está parte donde le explican a veces los adultos intentan tapar verdades o mentirle a los niños Pero verdaderamente no es necesario darles la cruda realidad Pero tampoco envolverlos en cuentos de hadas con paciencia y amor ellos pueden comprender
bruja de la imaginación 👿😇
me encantó está historia 🥰
Kookie
que chico más irresponsable algún día tendrá consecuencias
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