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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: DOS DIAS SIN ESCAPATORIA

El avión aterrizó en Bogotá cerca del mediodía.

Valentina tomó su bolso y siguió a Maximiliano por el aeropuerto.

Intentaba concentrarse en el trabajo.

Pero era difícil.

Demasiado difícil.

Habían pasado casi dos horas sentados uno al lado del otro, hablando de cosas personales que jamás habían compartido en la oficina.

Ahora estaban solos en otra ciudad.

Y esa cercanía comenzaba a sentirse diferente.

—El hotel queda a unos veinte minutos —dijo Maximiliano mientras caminaban hacia la salida.

—Perfecto.

—Tenemos la reunión a las cinco.

—Y la cena con el consejo a las ocho.

—Exactamente.

Valentina revisó su agenda.

—Todo está organizado.

—Lo sé.

Ella lo miró.

—¿Qué?

—Nada.

—Me está mirando raro.

—Estoy pensando.

—¿En qué?

Maximiliano sonrió.

—En que tienes razón.

—¿Sobre qué?

—Eres indispensable.

Valentina intentó ocultar una sonrisa.

—No se acostumbre a decirme cosas bonitas.

—Es tarde para eso.

---

Al llegar al hotel, Valentina descubrió algo que no esperaba.

La reservación tenía un problema.

—Señor Blackwood —dijo la recepcionista—, lamento mucho informarle que hubo un inconveniente con las habitaciones.

Maximiliano frunció el ceño.

—¿Qué tipo de inconveniente?

—El hotel está completamente lleno debido a un evento. Tenemos una habitación disponible para usted y…

La mujer hizo una pausa.

—Una suite con dos habitaciones comunicadas.

Valentina miró a Maximiliano.

Él la miró a ella.

—¿Dos habitaciones? —preguntó Valentina.

—Sí, señorita. Son completamente independientes.

Maximiliano respiró tranquilo.

—Está bien.

Valentina tomó las llaves.

—Perfecto.

Mientras subían al ascensor, ella soltó una risa nerviosa.

—Esto es exactamente lo que necesitábamos.

—¿Qué?

—Estar atrapados en una suite.

—No estamos atrapados.

—Ya veremos.

Maximiliano sonrió.

---

La suite era enorme.

Tenía una sala elegante, dos habitaciones independientes y una vista impresionante de Bogotá.

Valentina dejó su equipaje.

—Voy a organizar los documentos.

—Valentina.

—¿Sí?

—Acabamos de llegar.

—Tenemos una reunión en pocas horas.

—Tenemos tiempo.

Ella lo miró.

—¿Qué propone?

—Almorzar.

—¿Ahora?

—Ahora.

—Pensé que el CEO de Grupo Blackwood no perdía tiempo.

—Normalmente no.

Se acercó a ella.

—Pero contigo estoy aprendiendo a hacerlo.

Valentina sintió que su corazón se aceleraba.

—Voy a cambiarme.

—Te espero.

---

Almorzaron en el restaurante del hotel.

La conversación fue mucho más personal de lo esperado.

—¿Siempre quisiste ser CEO? —preguntó Valentina.

Maximiliano negó con la cabeza.

—No.

—¿Entonces?

—Quería tener una vida completamente diferente.

—¿Cómo?

Él pensó unos segundos.

—Viajar. Conocer lugares. Tener una familia.

Valentina lo miró sorprendida.

—Nunca imaginé que quisiera eso.

—¿Por qué?

—Porque parece que lo tiene todo.

Maximiliano sonrió con cierta tristeza.

—Tenerlo todo no significa tener lo que quieres.

Ella bajó la mirada.

—Eso es cierto.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿Qué quieres?

Valentina pensó.

—Una vida tranquila. Un trabajo que me guste. Una casa bonita. Viajar. Y algún día…

Se detuvo.

—¿Algún día qué?

Ella sonrió.

—Una familia.

Maximiliano la observó.

—¿Con hijos?

—Sí.

—¿Cuántos?

Valentina soltó una risa.

—¿Esto es una entrevista?

—Simple curiosidad.

—Dos.

—¿Dos?

—Quizá tres.

—Interesante.

—¿Y usted?

—Dos.

Ella lo miró.

—¿De verdad?

—Sí.

—Nunca pensé que hablaríamos de esto.

—Yo tampoco.

Sus miradas se encontraron.

Y durante unos segundos, ambos imaginaron una vida que todavía no existía.

Una vida juntos.

---

La reunión de la tarde fue un éxito.

Maximiliano consiguió cerrar el acuerdo que había viajado a negociar.

Al salir de la sala, Valentina sonrió.

—Lo logramos.

—Lo lograste tú también.

—Yo solo organicé todo.

—Y yo solo negocié.

Ella soltó una risa.

—Entonces ganamos los dos.

—Exactamente.

Por impulso, Maximiliano extendió la mano.

Valentina la tomó.

Un simple gesto.

Pero ninguno la soltó inmediatamente.

Sus dedos permanecieron unidos unos segundos.

Hasta que ambos se dieron cuenta.

Valentina retiró la mano.

—Tenemos la cena.

—Sí.

Pero la expresión de Maximiliano decía claramente que ninguno había olvidado aquel pequeño contacto.

---

Más tarde, la cena terminó antes de lo esperado.

De regreso en la suite, Valentina salió al balcón.

Bogotá estaba iluminada.

Maximiliano apareció detrás de ella.

—¿No tienes frío?

—Un poco.

Él se quitó el saco y se lo colocó sobre los hombros.

—Gracias.

—De nada.

Permanecieron en silencio.

—Maximiliano…

—¿Sí?

—Hoy fue diferente.

—¿Diferente cómo?

Valentina se giró.

—Estar contigo fuera de Medellín.

Él la miró.

—¿Te arrepientes?

Ella negó lentamente.

—No.

Maximiliano dio un paso hacia ella.

—Yo tampoco.

Valentina sintió nuevamente aquella electricidad entre ambos.

—Creo que estamos cruzando una línea.

—Lo sé.

—Y no sé dónde termina.

—Tampoco yo.

Él levantó una mano y rozó suavemente su mejilla.

Valentina cerró los ojos por un instante.

Cuando volvió a abrirlos, estaban demasiado cerca.

—Dime que me detenga —susurró él.

Ella negó con la cabeza.

—No.

Maximiliano acercó el rostro.

Esta vez, Valentina tampoco retrocedió.

Sus labios quedaron a centímetros.

Y justo entonces…

El teléfono de Maximiliano comenzó a sonar.

Ambos se separaron.

Él miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—¿Quién es? —preguntó Valentina.

Maximiliano respondió con voz seria:

—Mi padre.

Valentina lo miró confundida.

—¿Y por qué parece que esa llamada acaba de arruinarlo todo?

Maximiliano guardó silencio.

Porque sabía perfectamente que aquella llamada no era casual.

Su padre jamás llamaba a esas horas.

Y cuando lo hacía…

siempre había una razón.

Una razón que podía cambiar por completo lo que estaba empezando a ocurrir entre él y Valentina.

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