Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Rose Jones 2
Sin embargo, la nueva vida de Rose estaba a punto de complicarse mucho más de lo que había imaginado.
Durante los primeros meses después de su llegada a aquel mundo, había conseguido mantener una rutina bastante tranquila.
Trabajaba.
Ahorraba.
Estudiaba magia.
Y soñaba con la Academia.
Era una vida sencilla, pero estaba contenta.
Hasta que su madre volvió a casarse.
Al principio, Sir Braulio no parecía una mala persona.
De hecho, Rose había pensado que quizás aquel matrimonio sería algo positivo para su madre.
Era un hombre educado.
Hablaba con respeto.
Se comportaba correctamente delante de los demás.
Y durante los primeros meses cumplió perfectamente con el papel de esposo amable.
Rose incluso llegó a pensar..
[Quizás todo salga bien.]
Pero poco a poco comenzaron a aparecer pequeñas señales.
Primero fueron las apuestas.
Después los juegos.
Luego las noches fuera de casa.
Y finalmente comenzaron los problemas.
Sir Braulio empezó a gastar dinero que no tenía.
Perdía.
Volvía a apostar.
Volvía a perder.
Y cada vez que necesitaba dinero...
Comenzaba a mirar hacia Rose.
Ella lo comprendió rápidamente.
[Oh, no.]
Su sueldo era una de las pocas fuentes de ingresos estables de la casa.
Y Braulio sabía perfectamente cuándo recibía su pago.
Al principio solo hacía comentarios.
—Rose, podrías aportar un poco más a la casa.
Ella respondía tranquilamente.
—Ya entrego una parte de mi sueldo.
—Pero eres joven. No necesitas tanto dinero.
Rose guardaba silencio.
Porque necesitaba ese dinero.
Cada moneda que ahorraba tenía un propósito.
La Academia.
Su futuro.
Su libertad.
Pero Braulio no parecía entenderlo.
Con el paso de las semanas, su comportamiento empeoró.
Se volvió más agresivo.
Más impaciente.
Y cada vez tenía menos vergüenza en exigirle dinero.
Hasta que una tarde...
Rose salió de su trabajo con una pequeña bolsa entre las manos.
Había sido un día agotador.
Solo quería regresar a casa, cenar algo y continuar estudiando.
Entonces escuchó una voz.
—¡Rose!
Se detuvo.
Su expresión cambió inmediatamente.
Braulio estaba esperándola.
Y no parecía estar de buen humor.
—Dame el dinero.
Rose apretó la bolsa contra su pecho.
—No.
La respuesta fue tranquila.
Pero firme.
Braulio frunció el ceño.
—Te dije que me dieras el dinero.
—Es mi sueldo.
—¡Y vives en mi casa!
⸺Es la casa de mi madre.
Algunas personas comenzaron a mirar.
Rose retrocedió un paso.
—No voy a darte mi dinero para que lo apuestes.
Aquello fue suficiente.
Braulio perdió completamente la paciencia.
La tomó con fuerza.
—¡Te estoy hablando!
Rose intentó soltarse.
—¡Suélteme!
El hombre la empujó violentamente.
Rose perdió el equilibrio.
Estuvo a punto de caer.
Se aferró con todas sus fuerzas a sus cosas.
Su corazón comenzó a latir descontroladamente.
Por un instante pensó que realmente iba a golpearla.
Miró alrededor.
Había personas observando.
Comerciantes.
Trabajadores.
Algunos curiosos.
Pero nadie intervenía.
Rose apretó los dientes.
[Perfecto.]
[Estoy en un mundo lleno de magia...]
[Y aparentemente nadie aprendió a meterse cuando alguien está siendo atacado.]
Braulio volvió a acercarse.
Pero antes de que pudiera tocarla...
Una voz femenina resonó en la calle.
—¡Déjela!
Braulio se detuvo.
Rose también.
Una mujer se acercaba hacia ellos.
Era hermosa.
Muy distinguida.
Su cabello era de un tono rosado que destacaba incluso entre la multitud.
Su porte era elegante.
Su ropa dejaba claro que pertenecía a una posición social muy elevada.
La mujer miró directamente a Braulio.
—Le dije que la dejara en paz.
Braulio soltó una carcajada.
—¿Y tú quién eres?
La mujer ni siquiera parpadeó.
—Alguien que acaba de decirle que la deje en paz.
Rose abrió ligeramente los ojos.
[Oh...]
[Esa mujer tiene valor.]
Braulio sonrió con desprecio.
—No te metas donde nadie te llamó.
Intentó volver a acercarse a Rose.
La mujer dio un paso lateral.
Y volvió a colocarse delante de ella.
—¿Es sordo? ¿O qué?
Su tono seguía siendo tranquilo.
—Le dije que la dejara tranquila.
La expresión de Braulio cambió.
—¡Quítate!
Extendió el brazo.
Sujetó a la mujer con demasiada fuerza.
Sus dedos se clavaron en su brazo.
La multitud contuvo el aliento.
Rose sintió que se le helaba la sangre.
[¡La está lastimando!]
Pero la mujer no mostró el menor gesto de dolor.
Ni siquiera frunció el ceño.
Al contrario.
Sonrió.
Una sonrisa tranquila.
Segura.
Braulio frunció el ceño.
—¿De qué te ríes?
La mujer levantó ligeramente una ceja.
—De que acaba de cometer el peor error de su vida.
Braulio soltó otra carcajada.
—¿Ah, sí?
—Sí.
La mujer miró la mano que sujetaba su brazo.
—Porque va a arrepentirse de haberme tocado.
Aquella seguridad comenzó a incomodarlo.
—¿Me estás amenazando?
—No.
La mujer sonrió.
—Solo estoy adelantándole lo que ocurrirá.
Rose parpadeó.
[¿Por qué siento que este hombre está a punto de descubrir que eligió a la persona equivocada?]
Y entonces...
Se escuchó un ruido.
Primero fue lejano.
Después cada vez más fuerte.
Cascos.
Varios caballos se aproximaban a toda velocidad.
Los comerciantes comenzaron a apartarse.
Las personas se hicieron a un lado rápidamente.
Braulio soltó a la mujer y se giró.
Una formación de soldados irrumpió en la calle.
Llevaban los uniformes del ducado.
Rose sintió que el ambiente entero cambiaba.
Los soldados se detuvieron.
Y detrás de ellos...
Apareció un hombre montado sobre un enorme caballo negro.
Rose lo reconoció inmediatamente.
El duque Jean Krugher.
Solo lo había visto una o dos veces.
Pero era imposible olvidarlo.
Era uno de los hombres más poderosos del reino.
Y también uno de los más aterradores.
Su reputación era suficiente para hacer que incluso otros nobles midieran cuidadosamente sus palabras.
Jean descendió lentamente de su caballo.
Su rostro era completamente inexpresivo.
No parecía enojado.
Y, por alguna razón, eso era todavía peor.
Braulio retrocedió.
—Mi señor...
Jean no respondió.
Entonces levantó una mano.
Una espesa nube de oscuridad apareció alrededor de Braulio.
—¡¡AAAAAAAH!!
El hombre cayó inmediatamente de rodillas.
Sentía como si miles de agujas atravesaran cada músculo de su cuerpo.
No había heridas visibles.
No había sangre.
Pero el dolor era insoportable.
—¡¡AYUDA!!
Se retorció en el suelo.
—¡¡POR FAVOR!!
Intentó arrastrarse.
—¡¡QUE ALGUIEN LO DETENGA!!
Rose observaba completamente paralizada.
[¿Eso es magia?]
La oscuridad envolvía a Braulio como si estuviera viva.
El hombre gritaba desesperadamente.
Los soldados permanecían inmóviles.
Nadie parecía sorprendido.
Finalmente, la nube comenzó a desaparecer.
Braulio quedó tendido en el suelo, respirando con dificultad.
Entonces Jean avanzó.
Uno.
Dos.
Tres pasos.
Su mirada jamás abandonó a Braulio.
Y cuando habló...
Su voz fue tan fría que hizo estremecer a todos los presentes.
—¿Quién...
Hizo una pausa.
—...le dio permiso para tocar a mi esposa?
Rose abrió los ojos.
Miró al duque.
Después miró a la hermosa mujer de cabello rosado.
Luego volvió a mirar al duque.
Su cerebro pareció detenerse.
[¿Su esposa?]
Miró nuevamente a la mujer.
La mujer que había intervenido para defenderla.
La mujer que había enfrentado a Braulio sin mostrar miedo.
La mujer que aparentemente podía permitirse amenazar a alguien delante de toda una calle.
Rose tragó saliva.
[Espera.]
[¿Espera, espera, espera?]
Sus ojos se abrieron aún más.
[¡¿Ella es la duquesa Krugher?!]
De pronto, todo tuvo sentido.
El comportamiento de los soldados.
La llegada del duque.
La magia.
La absoluta seguridad de aquella mujer.
Rose sintió que las piernas comenzaban a temblarle.
[Genial.]
[Perfecto.]
[Excelente.]
[Primero reencarno en un mundo mágico.]
[Después descubro que tengo magia.]
[Después descubro que tengo que trabajar para poder estudiar.]
[Y ahora resulta que una duquesa acaba de defenderme en plena calle.]
Se quedó mirando a la mujer.
La duquesa le dedicó una mirada tranquila.
—¿Está bien?
Rose tardó varios segundos en responder.
—Yo...
Miró a Braulio en el suelo.
Después al duque.
Después nuevamente a la duquesa.
—Sí.
Hizo una pequeña reverencia.
—Gracias, mi señora.
La duquesa sonrió.
—No tiene que agradecerme.
Rose no sabía qué decir.
Porque acababa de comprender algo mucho más importante.
La mujer que acababa de salvarla...
Era nada menos que la esposa del hombre que, según los rumores, podía convertir una calle entera en un cementerio si perdía la paciencia.
Rose tragó saliva.
[Definitivamente...]
[Definitivamente mi segunda vida no será tranquila.]
me encanta muy divertida