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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

ISMARA

Me encontraba en mi habitación caminando de un lado a otro como un león enjaulado, con una opresión horrible en el pecho. Decirle al abuelo lo que quería hacer con mi vida me estaba resultando más complicado de lo que creí. Intentaba no llamar a Michael para no interrumpir su cita con Tianna, mientras imaginaba todos los escenarios posibles de mi confesión; pero todos me llevaban a la misma conclusión: él jamás va a estar de acuerdo. Me bastaba ver la respuesta de la única persona que creí que me apoyaría...

Seguía sumida en mis pensamientos, sentada sobre la cama, cuando pasadas las doce de la noche vibró mi celular. Al mirar la pantalla, vi que era un mensaje de voz de Micky, lo cual me extrañó muchísimo por la hora.

«Pececita, me siento raro... creo que me drogaron... ayúdame...»

El audio venía seguido por una ubicación en tiempo real.

—¡¿Qué?! ¡No! Idiota, te dije que esa tipa me daba mala espina...

Me levanté de la cama sin pensarlo dos veces, me puse jeans, camiseta, tenis y una chaqueta de cuero rápidamente. Bajé corriendo de puntillas las escaleras procurando no hacer el menor ruido y salí hasta la entrada, donde ya me esperaba un taxi que había pedido desde la aplicación. Los minutos se me hicieron eternos hasta llegar a la discoteca.

Como era de esperarse, los guardias no me dejaron pasar por no llevar una identificación; pero en ese instante, por casualidades del destino, apareció Ethan Ferrara rodeado de varias chicas.

—¿Estoy alucinando o es la señorita Ismara?

—Señor Ferrara... qué coincidencia.

—Vaya que sí. Pero ¿qué haces aquí afuera?

—No me dejan pasar porque olvidé mi identificación, pero realmente necesito entrar a buscar a mi mejor amigo. Me envió un mensaje diciendo que está ahí adentro y en problemas...

—Ummm, déjame ver qué puedo hacer... pero con una condición —dijo, mirándome fijo a los ojos.

—Dime.

—Que salgas a cenar conmigo.

Respiré profundo. Si es la única forma en la que puedo entrar a buscar a Micky, ni modo, me tocará salir con este imbécil.

—Está bien...

—Dame tu móvil para guardar mi número.

Saqué el teléfono del bolsillo trasero de mi pantalón, lo desbloqueé y se lo entregué. Se envió un mensaje a sí mismo para guardar mi contacto, apartó a sus acompañantes con desdén y me tomó del hombro como si fuéramos pareja. Le entregó algo de dinero al hombre de la puerta y, ¡zaz!, en cuestión de segundos ya estaba adentro buscando desesperadamente a mi amigo.

—Gracias, Ethan.

—No hay de qué, déjame acompañarte...

—No es necesario.

—No seas testaruda, Isa, veo que es tu primera vez en un lugar como este...

—Es cierto. Está bien, puedes ayudarme a encontrarlo. Mira, esta es una foto de él.

Me tomó de la mano para abrirse paso entre la multitud hasta llegar a la zona VIP, donde volvió a sobornar al guardia de la entrada. Todo estaba oscuro y la música retumbaba en las paredes. Caminamos unos metros hasta que lo vi comportándose de forma muy extraña. Me zafé del agarre de Ethan y corrí hacia Micky, sujetando su rostro: estaba frío como el hielo y con la mirada completamente perdida.

—Michael, ¿estás bien? —pregunté, dándole unos golpecitos en la mejilla.

—Pececita... mi pececita... pececita...

—Micky, mírame. Vamos, mírame...

—Creo que a tu amigo le dieron algún tipo de droga alucinógena; es mejor sacarlo de aquí —intervino Ethan.

—Sí, pero no puedo llevarlo así a su casa. Si su abuela lo ve le va a dar un ataque. En la mía ni siquiera saben que salí, y tampoco podemos ir a un hospital porque van a preguntar qué ingirió y no tengo idea... ¡Maldición, Michael Lumis! —exclamé, golpeando su pecho con frustración.

—No te preocupes por eso, niña. Podemos ir a mi apartamento —propuso Ethan.

—¡¿Cómo dices?!

—Tu amigo necesita asistencia y en este momento yo soy tu mejor opción.

—Está bien, te lo agradezco...

Ethan, siendo mucho más fuerte, lo sujetó de la cintura y colocó el brazo de Micky sobre sus hombros para ayudarlo a caminar hasta su auto. Lo acomodó en el asiento del copiloto ajustándole el cinturón de seguridad, y yo me subí en la parte trasera. Durante el trayecto le hablé todo el tiempo a Micky para evitar que se durmiera, pues estaba ausente.

Al llegar, Ethan lo bajó con cuidado y caminamos hasta entrar a su departamento, donde lo llevó directo al baño y lo metió en la tina, llenándola con agua fría.

—Isma, baja a la cocina. Prepárale un café fuerte con chocolate y mucha azúcar para ver si reacciona.

—Listo, ya regreso...

Bajé corriendo, abrí los gabinetes hasta encontrar los ingredientes y preparé aquel extraño brebaje. Cuando regresé al baño, Micky temblaba descontroladamente y tenía los labios morados.

—Michael... —murmuré, acercándome a punto de soltar el llanto al verlo así.

—Tiburoncita...

—Sí, sí, soy yo. ¿Cómo te sientes? —preguntando, tocando su mejilla.

—Tengo mucho frío... —respondió tiritando.

—Tómate esto, está caliente.

Él tomó la taza con manos temblorosas y le dio un sorbo.

—Diablos, pececita, ¿qué es esta porquería? Sabe espantoso...

—Veo que tu amigo ya está mejor —comentó Ethan, quitando el tapón para drenar el agua de la tina.

—¿Quién es este tipo, Isma? ¿Dónde estamos? —preguntó Micky, observando el lugar.

—Él es Ethan Ferrara y estamos en su departamento.

—¿Por qué?

—¡¿Cómo que por qué, idiota?! Fue gracias a este tipo como pudiste salir de ahí a tiempo, gran estúpido. ¿O es que acaso olvidaste que hasta hoy cumplo la mayoría de edad y por ende no me dejaban pasar en la entrada? Si no aparece él para ayudarme y sobornar a todos, no llego al área VIP donde estabas casi inconsciente. Te advertí que tuvieras cuidado con esta tipeja de Tianna, que me daba mala espina...

—Siento mucho haberte preocupado así, Isa...

—¡¿Preocuparme?! Te drogaron, tarado. ¿Qué hubiese pasado si no te encuentro a tiempo?

—Pero ¿por qué me trajiste a la casa de este? —protestó Micky, mirando mal a Ethan.

—¡¿Qué diablos querías que hiciera?! Fue él quien te cargó hasta el auto y te metió en la tina. Mírate en un espejo, Ratón, eres muchísimo más alto y pesado que yo, ¿cómo esperabas que te llevara sola?

—De nada, viejo —intervino Ethan, pasándole una toalla seca antes de dejarnos solos—. Los dejo un momento.

En cuanto salió, me acerqué a mi amigo.

—Michael, por Dios, dime qué fue lo que pasó. Casi me matas del susto...

—Lo siento, tiburoncita tailandesa... pero no tengo idea.

—¿Cómo que no tienes idea? Explícate mejor.

—Lo último que recuerdo fue que ella me sugirió ir a la disco. Subimos al VIP, me tomé dos tragos y me empecé a sentir raro; ahí fue cuando te envié el mensaje. Luego, de la nada, sentí un calor abrumador en todo el cuerpo, la sangre me hervía y me arrojé a ella como un lobo en cacería... pero no estoy seguro de si al final... —hizo una pausa, tomándose la cabeza con ambas manos.

—¡Micky!

—¡Carajo! Solo pasan imágenes difusas. Sí recuerdo que sentía unas ganas incontrolables de tener sexo salvaje, estaba fuera de mí como nunca antes, solo quería piel con piel... ¡Oh Dios, Isa! Si por culpa de las drogas lo hice sin protección o me contagié de algo... esto no me puede estar pasando... —cubrió su rostro para ocultar las lágrimas de frustración que comenzaban a escapársele.

—Tranquilo, todo va a estar bien... —dije, abrazándolo con fuerza.

—Pero... creo que sí tuve sexo con ella sin protección, Ismara.

—¿Por qué lo crees?

—Lo que pasa por mi mente son imágenes demasiado reales para ser solo mi imaginación... además, siento raro a mi amigo.

—Ummm... Creo que me acabas de dar demasiada información, Michael —comenté, sonrojándome al instante.

—Perdón...

—No te inquietes, para eso somos amigos. Voy a salir un momento para que revises a tu "guerrero de mil batallas", a ver si notas algo que te indique si estuvo al descubierto en acción.

—Está bien... Gracias, pececita.

Salí del cuarto de baño y me encontré a Ethan, quien sostenía ropa seca para Micky.

—¿Cómo está tu amigo?

—Mejor. Muchas gracias por todo lo que hiciste...

—No necesitas agradecerme nada. Solo me debes una cena.

—Ummm... cierto, la cena.

Dejé pasar unos quince minutos antes de tocar nuevamente a la puerta del baño.

—¿Micky, puedo pasar?

—Sí...

Al entrar, estaba sentado en el piso con la cabeza escondida entre las rodillas. Al levantar la mirada, un profundo desasosiego se reflejaba en sus ojos. Ethan se quedó en el marco de la puerta mientras yo me acercaba para abrazar a Micky en silencio. No necesitaba decir una sola palabra: su mirada me dio la respuesta.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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