NovelToon NovelToon
DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

DE SUPER AGENTE A MARIDO MANTENIDO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Fantasía épica / Aventura
Popularitas:412
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Victoria Hale tiene poder, dinero y un imperio millonario que defender. Lo último que realmente necesita es un marido mantenido, torpe y aparentemente inútil como Adrián Blake.
Para todos, Adrián es el hombre perfecto para una vida cómoda: cocina, hace bromas, come donas y deja que su esposa pague las cuentas. Victoria está convencida de que su mayor problema es tener que soportarlo.
Pero detrás de esa sonrisa ridícula existe otra verdadera realidad.
Adrián es un hombre audaz, estratega y peligrosamente inteligente. Su torpeza es una máscara. Sus accidentes son calculados. Y mientras Victoria intenta descubrir qué oculta su esposo, enemigos poderosos comienzan a acercarse a ellos.
Entonces, la máscara empieza a romperse.
Victoria descubre que el hombre que creyó mantener podría ser el único capaz de protegerla. Y que su matrimonio esconde un secreto mucho más peligroso de lo que jamás imaginó.
Porque Adrián no pertenece a este siglo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo arruiné… sin querer

El vestíbulo de la mansión, que normalmente olía a flores importadas y a dinero que se respiraba en el aire, ahora olía a miedo. Puro, sin filtro. Cuatro hombres de traje negro esperaban de pie, rígidos como estatuas mal talladas, sosteniendo carpetas rojas que parecían sentencias de muerte. La junta directiva había venido… y no era para tomar el té.

Victoria entró primero, con la espalda recta como una lanza, aunque yo noté cómo sus dedos se apretaban contra su bolso hasta blanquear los nudillos. Se detuvo frente a ellos sin invitarles a sentarse.

—¿Puedo saber qué significa esto? —su voz era fría, firme, la voz de una CEO que no pide permiso para existir. Pero yo la conocía lo suficiente para notar el temblor casi imperceptible en la última sílaba.

—Una auditoría de emergencia, señora Hale —respondió el hombre más alto, sin parpadear, sin ofrecer la mano—. Tras los incidentes de esta noche, los accionistas consideran que es necesario revisar sus archivos personales y corporativos. Incluyendo los del servidor privado de la mansión.

—¿Y con qué autoridad? —soltó ella, dando un paso adelante—. Esta es mi casa.

—Con la autoridad de los artículos 18 y 23 de los estatutos de la sociedad —respondió él, leyendo de memoria como si fuera un catecismo—. Cuando existe sospecha de filtración o sabotaje interno, la junta tiene derecho de acceso inmediato. No nos haga esto más difícil, señora Hale. No queremos que esto se convierta en un escándalo mayor.

La amenaza estaba ahí, clara y brillante como un cuchillo bajo la luz de la lámpara. Si no colaboraba, lo harían público. Y si lo hacían público, su imperio se desmoronaba antes del amanecer.

Victoria cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, asintió con la cabeza muy alta.

—Muy bien. Les daré acceso. Pero les advierto: si no encuentran nada, cada uno de ustedes tendrá que explicarme personalmente por qué invadieron mi casa a medianoche.

—Lo esperamos con interés —respondió el hombre, sin una pizca de emoción—. Empecemos.

Todos se dirigieron al estudio, donde estaba el servidor principal. Yo caminaba detrás, con las manos en los bolsillos, bostezando de vez en cuando, interpretando mi papel de adorno con dedicación absoluta. Nadie me miró. Nadie me preguntó. Para ellos, yo era parte del mobiliario. Un mueble que respiraba y estorbaba el paso. Perfecto.

Entramos al estudio. El aire era frío, cargado de luces parpadeantes y el zumbido constante de máquinas que costaban más que casas enteras. Los técnicos de la junta se pusieron a trabajar de inmediato, tecleando rápido, conectando dispositivos, abriendo ventanas de código que parecían escritas en lenguaje extraterrestre. Victoria observaba con los brazos cruzados, luchando contra la impotencia de ver cómo revisaban cada rincón de su vida profesional y personal.

Yo me acerqué despacio a la mesa principal, donde estaba el terminal central. La pantalla mostraba una barra de progreso que avanzaba lenta, demasiado lenta. En la esquina inferior derecha, un número parpadeaba: 97% completado. Faltaba muy poco. Y cuando terminaran, encontrarían lo que Miller había dejado plantado: pruebas falsas, bien escondidas, que la inculparían de filtrar información confidencial. Todo perfectamente colocado para que pareciera que ella misma se había traicionado.

—Falta poco —murmuró uno de los técnicos, sin mirar a nadie—. En diez minutos tenemos todo.

Victoria dio un paso hacia el hombre.

—Déjeme ver eso…

—No, señora Hale —la detuvo él sin levantar la vista—. El procedimiento es estricto. Nadie toca nada hasta que se genere el informe final.

El tiempo se estaba acabando. Diez minutos y todo se derrumba. Podía verlo en la postura rígida de Victoria, en la forma en que apretaba los dientes, en la respiración contenida. Estaba a punto de perderlo todo… y yo sabía exactamente cómo evitarlo. El problema era cómo hacerlo sin revelar que no era el inútil que todos creían.

Miré a mi alrededor. Todos estaban concentrados en las pantallas. Nadie me prestaba atención. Di un paso hacia la mesa. Otro más. Y entonces… tropecé.

No fue un tropezón cualquiera. Fue una obra de arte. Calculado al milímetro. Giré el cuerpo hacia la izquierda, dejé caer el hombro derecho y caí hacia adelante con la elegancia de una bolsa de patatas cayendo por una escalera. Mi brazo chocó contra la taza de café que estaba al borde de la mesa. El líquido oscuro salió disparado hacia el cable de alimentación principal del servidor.

—¡Cuidado! —grité, como si yo también estuviera sorprendido.

El café golpeó el conector con precisión quirúrgica. Chispas saltaron. Un chasquido seco y fuerte resonó en toda la habitación. Y luego… oscuridad. Las pantallas se apagaron al unísono como si hubieran muerto al mismo tiempo. El zumbido de las máquinas cesó. Un silencio absoluto cayó sobre el cuarto.

—¡¿Qué demonios?! —gritó el jefe de los auditores, encendiendo la linterna de su teléfono. La luz iluminó la habitación, revelando a todos congelados en sus puestos, con la boca abierta de estupefacción.

—Yo… lo siento —dije, levantándome del suelo con dificultad, sacudiéndome la ropa como si hubiera caído por casualidad—. El cable… estaba suelto, ¿no? Y yo… resbalé. Qué torpe soy. Perdón, de verdad. ¿Se rompió algo caro?

Victoria me miró. No con rabia, no con desprecio. Con algo mucho más peligroso: duda. Sus ojos recorrieron mi cara, buscando algo que no sabía nombrar.

—¡Era el servidor principal! —gritó uno de los técnicos, revisando los cables con desesperación—. Se cortó la energía de golpe. El sistema se reinició de emergencia, pero… los archivos temporales… se perdieron.

—¿Qué? —el jefe se acercó rápido—. ¿Se perdieron?

—Todo lo que estaban escaneando… sí. Se corrompió al cortarse la corriente. Tendremos que empezar de nuevo. Y el sistema tardará horas en reiniciarse por completo.

—Horas… —repitió el jefe, con el rostro desencajado—. Pero…

—Lo siento de verdad —intervine, con una sonrisa avergonzada que no llegó a los ojos—. Pagaré el café, ¿quieren? O una taza nueva. O un servidor nuevo. No sé cuánto cuestan esas cosas, pero… ¿se aceptan cupones?

Nadie se rió. Nadie me miró como antes. Los auditores se miraban entre ellos, confundidos y furiosos. Victoria seguía mirándome, sin parpadear, como si acabara de ver algo imposible.

—Está bien —dijo ella al fin, con una voz que apenas se escuchaba—. Si el sistema está inutilizado, no hay nada que hacer hoy. Vuelvan mañana. A la hora que sea. Pero ahora… salgan de mi casa.

El tono no admitía réplica. Los hombres recogieron sus cosas, murmurando entre dientes, visiblemente frustrados. Cuando la puerta se cerró tras ellos, el silencio volvió a caer sobre la habitación. Pero esta vez era un silencio diferente. Más ligero. Más tenso.

Victoria se giró hacia mí. Se acercó despacio, hasta que estuvimos a un paso el uno del otro. Me miró de arriba abajo, como si me estuviera viendo por primera vez.

—Tropezaste —dijo, no como pregunta, sino como una afirmación que pesaba demasiado para ser cierta.

—Sí —respondí encogiéndome de hombros—. Soy muy torpe, ¿no? Martha siempre lo dice. "Señor Blake, usted tropieza hasta con el aire". Tiene razón.

—Derramaste café sobre el cable principal —continuó ella, acercándose un poco más—. Exactamente el cable que alimentaba el servidor donde estaban revisando mis archivos. Exactamente cuando faltaba un tres por ciento para terminar.

—Suerte, supongo —dije, con mi mejor cara de inocencia—. Mala suerte para ellos. Buena suerte para ti, ¿no? Qué cosas tiene la vida.

Ella me miró a los ojos, largamente. Buscaba la mentira. Buscaba el truco. Pero yo mantenía la mirada clara, vacía, la mirada de un hombre que no entiende nada de lo que está pasando.

—Sí —susurró ella, sin apartar la vista—. Qué cosas.

Se dio la vuelta y salió del estudio, dejándome solo en la oscuridad, junto al cable quemado y las pantallas apagadas. Cuando la puerta se cerró, dejé de sonreír. Me acerqué al terminal, revisé rápidamente lo que quedaba del registro y asentí con satisfacción. Los archivos falsos que Miller había plantado… también se habían borrado en el reinicio. Todo limpio. Todo borrado. Nadie sabía que había estado ahí.

—Lo arruiné —murmuré a la habitación vacía—. Qué bien lo hice.

Me di la vuelta para salir, y entonces vi algo en el suelo, escondido bajo la mesa. Un papel arrugado, medio pisado, que nadie había notado. Lo recogí. Era una nota, escrita con letra temblorosa, como si quien la escribió tuviera miedo de ser visto. Decía:

"No eres quien dicen ser. Y yo tampoco. Si lees esto, mañana a las 3:00 a.m. en el invernadero. Ven solo. Si no vienes, todo se destruye."

No tenía firma. No tenía nombre. Pero al reverso había un dibujo pequeño, hecho con tinta negra: una mariposa con las alas rotas.

Guardé la nota en el bolsillo despacio. Alguien más sabía. Alguien más estaba viendo. Y por primera vez desde que desperté en este cuerpo… sentí que la partida era mucho más grande de lo que imaginaba.

—Vaya —suspiré, saliendo del estudio y apagando la luz tras de mí—. Y yo que pensaba que solo tenía que lidiar con una esposa que me odiaba y un esposo anterior que era un desastre. Qué equivocado estaba.

La noche apenas comenzaba. Y el amanecer iba a tardar mucho en llegar.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play