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¡No Soy Pobre, Cariño!

¡No Soy Pobre, Cariño!

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Juego de roles / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:5
Nilai: 5
nombre de autor: Leni Anita

Marcia Montero lo tiene todo: belleza, inteligencia, una pastelería próspera y una familia adinerada que la adora. Lo único que no tiene es el respeto de su marido.

Rodrigo Mendoza nunca supo con quién se casó. Para él, Marcia no es más que una empleada de pastelería, una esposa sumisa a la que puede ignorar, humillar y relegar al papel de sirvienta gratis en la casa de sus padres. Su madre, doña Carmen, la desprecia por "pobre". Su hermana Isabella la insulta sin pudor. Solo don Alfonso, su suegro, la trata con dignidad.

Cuando Marcia descubre que Rodrigo la engaña con Pamela —una compañera de trabajo que miente sobre su origen tanto como él miente sobre su estado civil—, decide que ya es hora de dejar de fingir. Pero no actuará por impulso. Reunirá pruebas, trazará un plan y esperará el momento perfecto para quitarse la máscara.

Lo que Rodrigo y su familia no saben es que la mujer a la que tratan como basura es heredera de un imperio empresarial. Que la pastelería donde "trabaja" le pertenece. Que su hermano Gabriel es novio de Valentina Reyes, la mismísima dueña de la empresa donde Rodrigo presume de gerente. Que cada ascenso, cada privilegio que Rodrigo disfruta, se lo debe a ella.

Y cuando la verdad salga a la luz —en el peor momento posible para Rodrigo—, no habrá vuelta atrás.

NovelToon tiene autorización de Leni Anita para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

20

Valentina, que estaba viendo en su pantalla cómo esos dos se revolcaban en plena oficina, sintió que la sangre le hervía.

—Sinvergüenzas. Atreverse a ensuciar mi empresa con sus porquerías —masculló Valentina con rabia mientras cerraba la laptop de golpe.

Le dieron ganas de ir a darles su merecido en ese mismo instante, pero aún no era el momento. Cuando llegara la hora, Valentina se aseguraría de que Rodrigo y Pamela fueran expulsados de la empresa por violar el código de ética y el reglamento interno.

Tomó su celular y marcó un número. Le ordenó a alguien que mandara a Rodrigo a su oficina de inmediato.

—Llama a Rodrigo y dile que se presente en mi oficina ahora mismo —ordenó Valentina, y colgó dejando el teléfono sobre el escritorio.

Se quedó esperando con el rostro endurecido por la irritación. El informe que Rodrigo le había entregado era un completo desastre, y eso no hizo más que avivar su furia.

Mientras tanto, en su oficina, Rodrigo y Pamela todavía no habían terminado cuando alguien tocó a la puerta.

—¡Un momento! —respondió Rodrigo desde adentro mientras se ponía la ropa a toda velocidad.

—Rápido, métete al baño y vístete —le susurró a Pamela, recogiendo del piso las prendas que habían quedado regadas.

—Siempre tienen que venir a molestar —refunfuñó Pamela mientras caminaba al baño con toda la ropa entre las manos.

Rodrigo terminó de vestirse, aunque la camisa le quedó a medio fajar y con aspecto de trapo.

—Adelante —indicó una vez que estuvo sentado de vuelta en su silla.

Un empleado entró en la oficina y no pudo evitar quedarse viendo la ropa desordenada de Rodrigo. Además, un par de zapatos de mujer asomaban en una esquina del cuarto.

—¿Qué quieres? —le espetó Rodrigo con brusquedad, molesto porque lo habían interrumpido.

—La señora Valentina lo necesita en su oficina ahora mismo —informó el empleado.

—Está bien, ya puedes irte —Rodrigo lo despachó con un gesto.

—Con permiso —el empleado se retiró de inmediato.

En cuanto se aseguró de que el hombre se había ido, Pamela salió del baño. Fue directamente a sentarse en las piernas de Rodrigo; quería retomar lo que habían dejado a medias.

—Ahora no, mi amor. Valentina me mandó llamar a su oficina —Rodrigo le detuvo las manos, que ya habían empezado a deslizarse por su pecho.

—Pero todavía no terminamos —gimoteó Pamela.

—Yo tampoco, pero ya. Sal de aquí, tengo que ir a ver a Valentina —Rodrigo la hizo levantarse.

Pamela se calzó los zapatos de mala gana y abandonó la oficina dando pisotones, igual que siempre.

Rodrigo, sin querer perder más tiempo, se encaminó a toda prisa hacia la oficina de la directora general. En las prisas, ni siquiera se acordó de acomodarse la camisa.

—Buenas tardes, señora. Me mandó llamar —saludó Rodrigo al presentarse ante Valentina.

—Siéntate —ordenó ella con sequedad.

Al ver la facha desaliñada de Rodrigo y recordar lo que acababa de presenciar en la pantalla, una oleada de asco le subió desde el estómago. Tuvo que llevarse la mano a la boca para contener la náusea.

—¿Le pasa algo? —preguntó Rodrigo al verla cubrirse la boca con la palma.

Valentina tomó el informe que Rodrigo le había entregado antes del almuerzo y lo arrojó sobre el escritorio.

—Mira bien lo que hiciste —le espetó señalando las hojas.

Rodrigo lo recogió y lo hojeó. Ahí pudo ver que todo estaba mal: las cifras no cuadraban, los criterios de redacción eran un desastre, cada página tenía errores.

—Le pido disculpas, señora Valentina. No logré concentrarme porque no desayuné y tenía mucha hambre —se excusó Rodrigo.

—No me interesan tus excusas. Sea cual sea tu situación personal, exijo que mantengas la profesionalidad en tu trabajo —lo presionó Valentina con firmeza.

—Discúlpeme, lo voy a corregir de inmediato —Rodrigo recogió el informe rápidamente.

—Rodrigo, no olvides el contrato laboral que firmaste cuando entraste. Si violas una sola de las cláusulas, ya sabes cuáles son las consecuencias —le recordó Valentina.

—Sí... sí, señora, lo recuerdo —balbuceó Rodrigo con nerviosismo.

—Perfecto. Si llegas a infringirlo, prepárate para salir de aquí sin un solo centavo de liquidación —volvió a advertirle Valentina.

—También sé que esta mañana llegaste tarde. Si vuelve a suceder, no me eches la culpa cuando recibas una carta de amonestación —agregó Valentina sin suavizar el tono.

—Entendido, señora. Le prometo que no va a repetirse —Rodrigo se puso de pie y se despidió.

Asintió con la cabeza al salir. Conocía perfectamente las reglas de esa empresa. Estaba terminantemente prohibida cualquier relación extramarital: a quien se le descubriera una infidelidad, o participara como amante, se le despedía de forma deshonrosa y sin liquidación alguna.

Rodrigo caminó por el pasillo alejándose de la oficina de Valentina, con un torbellino de preguntas en la cabeza.

¿Será que Valentina sabe que estoy casado? No, imposible. Si lo supiera, ya me habría echado hace mucho.

Volvió a su oficina y se sentó a rehacer el informe desastroso. Al repasarlo, él mismo sacudió la cabeza, incrédulo.

—Con razón Valentina se puso furiosa; si hasta a mí me da vergüenza ver semejante porquería —murmuró Rodrigo rascándose la cabeza mientras contemplaba su propio trabajo.

* * *

Mientras tanto, Valentina salió de la oficina esa tarde para supervisar los preparativos de su fiesta de compromiso con Gabriel, que sería en dos días. Marcia también estaba ocupada ayudando con la organización.

Además, Marcia revisó los ingredientes para los pasteles del evento. Los productos de su pastelería eran famosos en toda la ciudad, así que ella misma se encargaría de los postres y los bocadillos.

—Marcia, tu marido se pasó de la raya hoy —le contó Valentina.

—¿Qué pasó? —preguntó Marcia, intrigada.

—Míralo con tus propios ojos —Valentina le entregó su celular.

Marcia lo tomó y reprodujo un video que Valentina había grabado de la cámara de vigilancia. Los gemidos y los jadeos que salieron de la bocina le destrozaron el alma. Las lágrimas le rodaron por las mejillas sin que pudiera contenerlas.

Rodrigo y Pamela habían hecho algo que no debieron hacer jamás. Aunque Marcia llevaba años soportando maltratos, aun así no pudo contener el dolor de ver a su marido revolcándose con otra mujer.

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