Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?
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el hombre de las sombras
Maximiliano salió de la casa de su tío con una sola idea en la cabeza: encontrar a Noor.
La confesión de Alejandro había cambiado todo.
Durante años había creído que la tragedia de su familia había sido causada por el padre de Noor. Había crecido escuchando aquella versión hasta convertirla en una verdad incuestionable. Ahora descubría que todo había comenzado con una mentira y que el odio que había separado a sus familias había sido construido sobre engaños.
Pero todavía faltaba una pieza.
Sebastián.
¿Quién era realmente aquel hombre y por qué estaba interesado en continuar una venganza que había comenzado veinticinco años atrás?
Maximiliano sacó su teléfono y marcó el número de Noor.
No obtuvo respuesta.
Volvió a llamar.
Nada.
—Vamos, Noor... contesta.
Miró el reloj.
Cada minuto que pasaba aumentaba su preocupación.
Mientras tanto, Noor se encontraba en la antigua casa de su familia.
Había pasado toda la mañana revisando documentos y cartas que pertenecieron a su padre. Cada página parecía revelar una parte de una historia que había permanecido escondida durante décadas.
Entonces encontró una fotografía.
La tomó entre sus manos.
Aparecía su padre junto a un hombre joven.
Noor observó el rostro con atención.
Lo reconoció inmediatamente.
Era Sebastián.
Sintió un escalofrío.
—¿Qué haces tú aquí?
Una voz detrás de ella respondió:
—Buscando exactamente lo mismo que tú.
Noor se giró rápidamente.
Sebastián estaba de pie en la entrada de la biblioteca.
—¿Cómo entraste?
—Tu padre me conocía.
—Eso no responde mi pregunta.
Sebastián sonrió.
—Siempre fuiste muy parecida a él.
Noor retrocedió.
—¿Qué quieres?
—La verdad.
—No te creo.
—Deberías.
Sebastián caminó lentamente hacia la mesa y tomó la fotografía.
—Tu padre y yo trabajamos juntos.
—¿En el proyecto inmobiliario?
—Sí.
—Entonces sabes qué ocurrió.
—Sé mucho más de lo que imaginas.
Noor sintió que su corazón comenzaba a latir con fuerza.
—Habla.
Sebastián dejó la fotografía sobre la mesa.
—Tu padre descubrió que Alejandro estaba robando dinero. Intentó denunciarlo.
—¿Y por qué no lo hizo?
Sebastián permaneció en silencio unos segundos.
—Porque alguien lo amenazó.
—¿Quién?
Sebastián levantó la mirada.
—Mi padre.
Noor quedó completamente sorprendida.
—¿Tu padre?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque tu padre tenía pruebas que podían destruir nuestra familia.
Noor sintió que todo se volvía más confuso.
—Entonces, ¿por qué me estás contando esto?
Sebastián se acercó lentamente.
—Porque quiero que me ayudes a recuperar esas pruebas.
—No.
—No sabes lo que estás rechazando.
—No voy a ayudarte a vengarte de nadie.
Sebastián golpeó suavemente la mesa.
—Debería importarte.
Noor lo miró con firmeza.
—No voy a permitir que utilices el dolor de mi familia para destruir a otras personas.
Sebastián sonrió.
—No te estoy pidiendo que te vengues.
—¿Entonces qué quieres?
—Quiero que descubras quién fue realmente responsable de la destrucción de tu familia.
Noor negó con la cabeza.
—No necesito destruir a nadie para conocer la verdad.
En ese momento se escuchó un automóvil detenerse afuera.
Sebastián miró hacia la ventana.
Su expresión cambió.
—Maximiliano.
Noor sintió que el corazón le daba un vuelco.
Sebastián tomó su abrigo.
—Será mejor que pienses en lo que te he dicho.
—No voy a ayudarte.
—Eso lo veremos.
Se marchó por una puerta lateral.
Segundos después, Maximiliano entró en la casa.
—¡Noor!
Ella corrió hacia él.
—¿Qué haces aquí?
—Vine a buscarte.
Maximiliano la abrazó con fuerza.
Durante unos segundos ninguno habló.
Habían pasado días separados y ambos comprendieron cuánto se habían extrañado.
—Encontré la verdad —dijo Maximiliano finalmente.
Noor se separó lentamente.
—Yo también.
—¿Qué encontraste?
Ella miró hacia la puerta por donde Sebastián había desaparecido.
—Sebastián estuvo aquí.
Maximiliano palideció.
—¿Qué te dijo?
—Que nuestras familias esconden algo mucho más grande de lo que imaginábamos.
Maximiliano tomó su mano.
—No voy a dejarte sola en esto.
Noor lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Tengo miedo.
—Yo también.
—¿Y si todo vuelve a destruirnos?
Maximiliano acarició su rostro.
—Entonces esta vez no enfrentaremos la tormenta por separado.
Noor cerró los ojos.
Por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, sintió que quizá todavía podían salvarse.
Pero ninguno de los dos sabía que Sebastián ya había preparado su siguiente movimiento.
Y esta vez no sería una simple mentira.
Sería una traición capaz de poner a prueba definitivamente su amor.