"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Nos encontramos de nuevo
Regina, junto con los chicos, me trajo a una discoteca para levantarme el ánimo. Aunque apreciaba sus intenciones, no veía cómo estar en un lugar lleno de ruido, oliendo a alcohol y cigarrillos, podía hacer que mi estado de ánimo mejorara. Pero, vamos, al menos las bebidas no estaban para nada mal.
— Deberías dejar de beber, Karla. Terminarás borracha —dijo Regina con preocupación.
Bueno, ese era el punto. Quería perderme en el alcohol para no sentir, para olvidarme de mí misma.
— Déjala que beba. Es lo menos que merece después del desastre que es su vida. Al menos así puede ahogar sus penas —opinó Marcus.
— Aunque me gustaría estar de acuerdo con Marcus, Regina tiene razón —intervino Jhon—. Beber no le hará ningún bien a Karla, solo se pondrá insoportable. Ya saben cómo se pone cuando bebe.
Ante la acusación de Jhon me sentí ofendida. Después de todo, no es como si fuera una gran bebedora; si no me equivocaba, solo me había emborrachado dos veces en mi vida. Y en ambas no recordaba la mitad de lo que había hecho. Sí, quizás ellos tenían razón y debería dejar de beber.
Pero ¿qué más podía hacer? Deseaba por un instante dejar de ser “Karla” y olvidar que la persona en la que más confiaba en este mundo me había traicionado de la manera más ruin sin que yo lo hubiera visto venir.
— No soy una mala bebedora —protesté—. Al menos esta noche dejen que beba. ¿No se supone que para eso me trajeron, para que despeje mi mente y me olvide de mis problemas? Vamos, esta noche pago yo.
Tras decir aquello, engullí hasta el fondo mi bebida y le dije al camarero que me trajera otra.
— Pero bebe con moderación —comentó Regina—. Karlita, en serio, me preocupas. Desde que regresamos del abogado no has dicho nada sobre lo que piensas hacer con tu vida.
— No tienen que preocuparse. Saben, todos ustedes tienen razón: no debería estar sufriendo, debería estar disfrutando mi estado de soltería. ¿Por qué soy la que tiene que sufrir? He decidido que viviré mi vida, ya no me pondré en último lugar como lo he hecho en los últimos años. Y mis hijos… bueno, no los voy a obligar a que me quieran y se queden conmigo; si algún día deciden hacerlo, los recibiré con los brazos abiertos. Mientras tanto, me concentraré en progresar, en hacer todo lo que no hice. Así que mañana regresaré a trabajar. Ahora lo que quiero es bailar y encontrar a algún galán.
Tras decir aquello, bebí de nuevo todo el vaso de mi bebida y me dirigí hacia la pista de baile.
— ¡Ay, Karla! Estás tan borracha… Vamos a ver si bailando se te pasa un poco —sentenció Marcus mientras se unía a bailar conmigo al ritmo de la Macarena.
— No estoy borracha —chillé mientras giraba mi cuerpo—. No estoy borracha, solo estoy feliz.
— ¿Y por qué estás feliz? —me preguntó.
Buen punto. Mi vida estaba en ruinas, no debería estar feliz; pero quería creer que era feliz.
— No lo sé —dije.
— Sabes que te quiero. Puedes contar conmigo siempre. Si gustas, puedo golpear a ese imbécil otra vez, no me importa tener registro criminal.
— A Jhon no le va a gustar nada tener que irte a dejar comida a la prisión de nuevo —le dije con una sonrisa.
— Bueno, estoy seguro de que Jhon estaría más que de acuerdo en ayudarme a esconder un cuerpo si se trata de ti, Karla. Te conocemos desde que llegaste al taller, eres como una hermana pequeña para nosotros, te ayudamos en el nacimiento de Kian. Siempre hemos deseado tu felicidad, y creo que tú harías lo mismo por nosotros.
Marcus sonrió de una manera tan dulce que me hizo sentir un nudo en la garganta.
— Lo haría —susurré—. Ya sabes, desde que murió mi papá, la relación entre mi madre y yo no ha sido la mejor, y solo se fue al carajo cuando salí embarazada de Armando. Ella quería más cosas de mí, deseaba que estudiara, que me superara, y yo la decepcioné al elegir el amor. Siempre que me ve me lo recrimina. Ella aún no sabe que me he separado de mi esposo, ni siquiera quiero decírselo; puedo oírla diciéndome su “te lo dije”. Así que ustedes han sido mi único apoyo desde siempre, se han convertido en mi familia.
Marcus me miró con suavidad.
— Lo seremos siempre —dijo, y luego añadió—: Nosotros no podemos elegir quiénes son nuestros padres, pero sí podemos elegir a quién convertimos en familia. Y tú has sido eso para nosotros.
Solté una risotada cuando la canción cambió por una de Michael Jackson. Intenté imitar un par de pasos, haciendo reír a Marcus.
— Es bueno verte reír. Hace mucho no escuchaba una de tus carcajadas reinicia-vidas —se burló Marcus.
— Me amas —sentencié.
— No te amo tanto como te gustaría —respondió con una sonrisa arrogante.
— Lo sé. Jhon es tu todo —susurré.
— Y él no puede vivir sin mí —dijo meneando las cejas de manera sugestiva.
— Cochino —dije riendo—. Deberías ir a bailar con tu perfecto novio. No te preocupes por mí, bailaré un poco más —añadí mientras veía a Jhon solo en una esquina; tal parece que Regina también había decidido sacar sus pasos prohibidos.
— ¿Estarás bien? —preguntó Marcus con preocupación.
— Lo estaré —mentí, porque sabía que no estaba para nada bien.
Tras la partida de Marcus, la falsa alegría de la borrachera se desplomó de golpe. Dejé de sonreír y me dediqué a moverme al ritmo de la música electrónica, sintiendo cómo el cansancio y una cruda realidad me golpeaban el pecho, despejándome la cabeza. Cuando la música ya no fue suficiente para acallar mis pensamientos, decidí ir a la barra por un trago más.
Mientras me decidía entre beber un vodka o un tequila, alguien se sentó a mi lado. Con algo de curiosidad observé a mi compañero de copas; al darme cuenta de quién era, no pude evitar mirar a aquel sujeto con sentimientos encontrados.
Nunca esperé verlo de nuevo.
¡Era el tipo que casi me choca, el que pensé que era un secuestrador!
Tenía una presencia física mucho más imponente de lo que recordaba. Venía vestido de manera casual, con una cazadora y unas botas de cuero que lo hacían ver, de alguna manera, salvaje, como una especie de motorista amante de la adrenalina.
De un momento a otro, nuestras miradas se encontraron por un instante. Como aquel hombre tenía un semblante serio e inaccesible, no pude evitar sentirme cohibida; sin embargo, en cuanto contemplé su sonrisa, cualquier movimiento que intenté hacer se congeló en el acto. No era porque su risa fuera fea o atemorizante, sino que era algo extraño ver a alguien con su tipo de aura sonreír de una manera tan dulce. Extraño en el buen sentido.
— Así que nos encontramos de nuevo —susurró, haciéndome sorprender. No esperaba que me recordara; sin embargo, sus siguientes palabras me hicieron sentir avergonzada por haber pensado mal de él alguna vez—: Me alegro de no verte llorar otra vez, ya no es necesario ofrecerte un pañuelo.
Así que en ese entonces quería consolarme y no secuestrarme.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.