Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 8: Una petición inesperada
Después de terminar la entrega de la donación, me quedé unos minutos conversando con algunas personas de la universidad. Todo había salido bien, pero mientras recogía mis documentos pensé que ya era hora de regresar a la empresa.
Tomé mis cosas y caminé hacia la salida.
Sin embargo, antes de llegar a la puerta me detuve.
No sabía exactamente por qué, pero aquella muchacha seguía apareciendo en mis pensamientos.
Samantha.
Habían pasado apenas unos minutos desde que la había conocido, pero había algo en ella que me había llamado la atención. Hacía años que no sentía una curiosidad así por conocer a alguien.
Me quedé parado en el pasillo, pensando.
—¿Y yo qué estoy haciendo? —murmuré.
Tenía una esposa y una hija. Además, acababa de hablar con Valeria sobre nuestro matrimonio. Lo último que necesitaba era complicar todavía más las cosas.
Por eso pensé que lo mejor era irme.
Caminé unos pasos hacia la salida, pero algo me hizo detenerme nuevamente.
Decidí esperar unos minutos.
Tal vez volvería a verla.
Y, para mi sorpresa, la suerte parecía estar de mi lado.
Mientras esperaba cerca de uno de los pasillos, vi aparecer a Samantha con varios libros en los brazos.
La reconocí inmediatamente.
Ella caminaba distraída, revisando unas hojas.
Sonreí sin darme cuenta.
—Bueno, Santiago —me dije—. Ya que la volviste a encontrar...
Me acerqué con tranquilidad.
—Hola, Sami.
Ella levantó la mirada y sonrió.
—Hola, Santiago.
—¿Cómo estás?
—Bien. ¿Vos todavía estás acá?
—Sí. Ya terminé lo que tenía que hacer, pero estaba por irme.
—Ah, bueno.
Hubo un pequeño silencio.
Yo no sabía muy bien cómo continuar la conversación. No quería parecer demasiado insistente.
—¿Y vos ya terminaste tus clases?
—Todavía no. Tengo que estudiar un rato más.
—Medicina debe ser pesada.
—Bastante. Pero me gusta.
Sonreí.
—Eso es lo importante.
Ella acomodó sus libros entre los brazos.
Yo respiré profundamente.
Había algo que quería preguntarle, pero dudé unos segundos.
Finalmente me animé.
—Sami...
—¿Sí?
—¿Me podés regalar tu número de WhatsApp?
Ella abrió un poco los ojos, sorprendida por la pregunta.
—¿Mi WhatsApp?
—Sí. Si no te incomoda, claro.
Samantha sonrió ligeramente.
—¿Y para qué lo querés?
Me reí.
—Pues para poder hablar. Me caíste bien y sería chévere conocernos un poquito más.
Ella se quedó pensando.
Yo no quise presionarla.
—Si no querés, tranquila. No pasa nada.
—No, está bien.
Sacó su celular.
—Decime.
Le dicté mi número y ella me agregó.
Después me hizo una llamada para que yo también tuviera registrado su contacto.
En mi pantalla apareció su nombre.
Samantha García.
—Listo —dijo ella.
—Gracias.
—De nada.
Guardé el celular en el bolsillo.
—Bueno, Sami, ahora sí me tengo que ir.
—¿A trabajar?
—Sí. Tengo unos asuntos pendientes.
—Que te vaya bien.
—Igualmente. Y estudiá mucho.
Ella soltó una pequeña risa.
—Eso intento.
Nos despedimos y cada uno tomó su camino.
Mientras caminaba hacia la salida, miré mi teléfono una vez más.
Ahí estaba su contacto.
No sabía qué iba a pasar después.
Tampoco quería apresurarme.
Solo sabía que aquella joven había despertado una curiosidad que no sentía desde hacía muchísimo tiempo.
Me subí al carro y encendí el motor.
Durante el camino de regreso a la empresa pensé en la conversación.
Luego recordé mi situación familiar y la sonrisa desapareció de mi rostro.
—Santiago, tenés que poner los pies sobre la tierra —me dije.
Tenía demasiadas cosas pendientes.
Mi matrimonio.
Mi hija.
La empresa.
Y ahora, una nueva persona que apenas acababa de conocer.
No sabía qué significado tendría Samantha en mi vida.
Pero algo sí tenía claro: aquel encuentro no había sido tan fácil de olvidar como yo había pensado.
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴