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ESENCIA CARMESÍ

ESENCIA CARMESÍ

Status: En proceso
Genre:Magia / Completas
Popularitas:211
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Elian Varela, un chico de diecisiete años, sobrevive
en silencio a los abusos de su tío junto a su única madre.
Cuando el dolor se vuelve insoportable, un poder antiguo
despierta en él: magia roja que crea vida y luz, y magia
violeta que deshace y absorbe la fuerza de los demás.

Tras perderlo todo , conoce a Damián,
un jefe de policía que no lo salva, sino que camina a su lado.
A lo largo de , enemigos oscuros, aliados
dudosos y el precio de cada hechizo lo obligan a elegir:
¿crear para proteger… o tomar para sobrevivir?

Una historia realista, sin finales felices garantizados,
donde el poder más grande no es destruir, sino seguir de pie.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14 La verdad completa

Ali salió del ático herido, temblando y con la ropa empapada de su propia sangre, pero no se escondió.

Bajó las escaleras del edificio viejo, salió a la calle mojada y fría de la medianoche parisina, y se detuvo justo debajo de la farola más cercana. No sabía dónde buscar a Vespera. No tenía su número. No tenía una dirección. Pero sabía que ella le estaba vigilando. Siempre lo estaba. Había estado en el callejón, en el cibercafé, en su propia casa, y había aparecido de la nada para salvarle del Cazador de Sombras. Estaba ahí. En algún sitio. Esperando a ver qué hacía él.

Ali cerró los ojos.

Tocó la marca del cuello, que todavía ardía por el uso del poder y por el ataque. Concentró todo lo que sentía: el dolor de los huesos rotos, el miedo que aún le recorría las venas, la rabia de haber sido una víctima toda su vida, la necesidad desesperada de aprender a defenderse. Lo envió hacia afuera, como un grito silencioso dirigido solo a ella.

Vespera apareció detrás de él sin hacer el menor ruido.

—Así que por fin has dejado de correr —dijo su voz baja y antigua, justo a su espalda.

Ali no se sorprendió. Se giró despacio.

Ella estaba ahí, con el abrigo negro largo ondeando suavemente con el viento frío, los ojos violetas brillando en la oscuridad como dos joyas antiguas. No tenía ninguna expresión de lástima en la cara. Solo una especie de curiosidad fría, como si estuviera observando un experimento para ver si salía bien o mal.

—Quiero que me enseñes —dijo Ali. Su voz estaba rota, ronca por el golpe en la garganta, pero firme. No dudaba. No podía permitírselo—. Quiero que me enseñes a controlar esto. A pelear. A no ser el que siempre recibe golpes.

Vespera lo miró de arriba abajo, despacio, examinando sus moretones, su labio roto, su ropa sucia y sangrienta.

—Sabes que pedir esto no es un juego —dijo ella, muy seria—. El entrenamiento que yo te puedo dar no es como los cuentos de escuelas de magia donde te hacen mejor persona. Te romperé. Te haré sufrir. Mucho. Más de lo que tu tío te ha hecho en todos estos años juntos. Y si no eres lo suficientemente fuerte… te morirás. O peor: tu propio poder te desgarrará en dos antes de que yo pueda hacer nada.

—No me importa —respondió Ali sin dudar ni un segundo. Dio un paso hacia ella. Sus ojos no se apartaron de los de ella—. Prefiero morir intentando ser fuerte que vivir toda mi vida como un ratón asustado que todos pueden cazar. Enséñame. Por favor.

Vespera lo miró un rato más en silencio.

Luego asintió, muy despacio.

—Bien. Pero antes de que empieces a mover un solo dedo… tienes que entender exactamente en qué lío te has metido. Tienes que entender la verdad completa de lo que eres. Y de por qué todo el universo irá tras ti.

Hizo un gesto con la mano.

El aire alrededor de ellos se retorció.

Un segundo después ya no estaban en la calle de La Chapelle. Estaban en lo alto de una torre de piedra antigua, muy alta, con vistas a toda París iluminada bajo sus pies, el viento helado soplando con fuerza. Ali no entendió cómo habían llegado ahí. No había sentido ningún movimiento. Solo un cosquilleo violeta en la piel, y ya estaban allí. No preguntó. Sabía que no obtendría respuestas fáciles.

—Siéntate —dijo Vespera, sentándose ella misma en el borde de la torre, con las piernas colgando del vacío, sin miedo a la altura de cien metros.

Ali se sentó con cuidado, a una distancia prudente del borde. Le dolía todo el cuerpo. Cada movimiento era un suplicio. Pero aguantó. Quería saber. Necesitaba saber.

Vespera miró hacia las estrellas, ocultas en su mayoría por las nubes grises de la ciudad. Empezó a hablar, con su voz calmada y antigua, como si estuviera contando una historia que había repetido mil veces a lo largo de los siglos:

—Primero: los Despertados. Tú no eres una anomalía aislada. No eres el único chico raro del mundo. Hay millones de seres como tú en la Tierra. Algunos controlan el fuego. Otros el hielo. Otros leen mentes, vuelan, curan heridas, mueven montañas. La mayoría viven escondidos, asustados, como tú hasta ahora. Algunos se organizan. Algunos se vuelven asesinos. Algunos son héroes que nadie conoce.

Hizo una pausa. Miró a Ali.

—Segundo: las organizaciones. Ya has oído hablar de Némesis y LUMEN. Son las dos más grandes, las más peligrosas. Némesis trabaja para los gobiernos y los ricos: cazan Despertados para experimentar, para crear armas, para vender poder. LUMEN dice protegerlos: les dan casa, les entrenan, les llaman familia. Pero también los usan para sus propias guerras, para sus propios planes de poder. Y hay muchas más: sectas que adoran a los Despertados como dioses, bandas criminales que usan sus poderes para robar y matar, órdenes antiguas como yo que hemos sobrevivido siglos manteniéndonos al margen.

Ali asintió. Riven le había dicho algo parecido. Pero Vespera iba más lejos.

—Tercero: esto no es solo de la Tierra —continuó ella, y su voz se hizo más grave, más profunda, como si estuviera revelando un secreto que muy pocos mortales conocían—. Hay miles de mundos ahí fuera, en la galaxia, en el universo entero. Razas enteras que nacen con poderes. Dioses antiguos que han dormido eones. Guerras que se libran desde antes de que existiera el ser humano. Y todos ellos… todos tienen una versión de lo que llamamos Despertados. Poderes de todo tipo. De todos los niveles.

Se giró hacia Ali. Sus ojos violetas brillaban con una intensidad que casi le dolía la mirada.

—Y ahora viene la parte que te importa a ti, Ali Varela. La parte que nadie te ha dicho todavía. La verdad de lo que eres.

Se inclinó un poco hacia adelante, para que él entendiera cada palabra:

—En toda la historia registrada de este planeta. En toda la historia conocida de todas las galaxias que yo he visitado en quinientos años de vida… NUNCA ha existido un ser que tenga las dos fuerzas que tú llevas dentro al mismo tiempo.

Ali se quedó sin aire.

—Nadie —repitió Vespera, clara y lenta—. La Esencia Carmesí es el poder de crear. De dar vida, materia, realidad de la nada. Es extremadamente rara. Solo tres o cuatro seres en toda la historia han tenido una versión débil de ella. La Sombra Violeta es el poder de tomar. De absorber, anular, deshacer. También es rarísima. Un puñado más la han tenido, y casi todos se volvieron locos o murieron devorados por su propia hambre de poder.

Señaló la marca del cuello de Ali, que ardía como si respondiera a sus palabras.

—Pero tú… tú llevas LAS DOS. Juntas. En un solo cuerpo. En un solo alma. Eso no debería ser posible. Rompe todas las leyes de la magia, de la genética, de la realidad misma. Eres una anomalía absoluta. Un Nivel 0, como llaman los tontos de los foros. Una leyenda que nadie creía que existiera.

—¿Y por qué eso me hace tan importante? —preguntó Ali, con la voz temblando un poco.

Vespera soltó una risa corta, amarga.

—¿Importante? Niño, eres el arma más poderosa que ha existido nunca —dijo, y no había ninguna exageración en su voz—. Imagina lo que podrías hacer si dominaras ambas fuerzas a la vez. Podrías crear ejércitos enteros de la nada y luego absorber el poder de cualquiera que intentara detenerte. Podrías crear vida… y quitársela con un gesto. Podrías reescribir realidades enteras si quisieras. Podrías convertirte en un dios. O en el destructor de todo lo que existe.

Hizo una pausa para dejar que las palabras se le grabaran en la cabeza.

—Y eso es por lo que todos te querrán. Némesis querrá desarmarte para copiar tu poder y dominar el mundo. LUMEN querrá controlarte para ser ellos los dueños de ese dios. Otros Despertados querrán robarte tu poder o matarte antes de que tú se lo quites a ellos. Incluso razas alienígenas vendrán por ti, tarde o temprano, cuando se enteren de que existes. Para todos… eres el premio gordo. O la amenaza definitiva que hay que eliminar antes de que despiertes del todo.

Ali se quedó en silencio.

Todo lo que había imaginado, todo el miedo que había sentido… era poco comparado con esto. No era solo un chico raro perseguido por una organización secreta. Era una anomalía única en todo el universo. Todo el mundo querría algo de él. Nadie le querría por lo que era. Solo por lo que podía hacer.

—¿Y tú? —preguntó, muy bajito, mirando a Vespera a los ojos—. ¿Qué quieres tú de mí? ¿También quieres usarme?

Vespera sonrió. Esa sonrisa triste, antigua, un poco cruel que no ocultaba nada.

—Yo quiero ver si eres capaz de sobrevivir a esto —dijo, sincera por primera vez—. Quiero ver si alguien puede por fin llevar estas dos fuerzas dentro sin romperse. Quiero ver si te conviertes en el dios… o en el monstruo. Y si en el camino te vuelves lo suficientemente fuerte… quizás me sirvas para derrocar a algunos enemigos muy viejos que llevo esperando siglos para ver caer. No te miento. No soy tu amiga. No soy tu salvadora. Pero soy la única que puede enseñarte lo que necesitas saber para no morir en la próxima semana.

Se levantó del borde de la torre. Se paró delante de Ali, extendiéndole una mano de dedos largos y uñas pintadas de violeta.

—¿Aceptas las condiciones? Mucho dolor. Ninguna piedad. Y si te rompes por el camino… yo no te lloraré.

Ali miró esa mano.

Miró a París allá abajo, hermosa e indiferente.

Pensó en Marcos. En su madre llena de miedo. En el Cazador de Sombras. En Némesis. En Riven. En Damián y el papel con su número guardado en su bolsillo.

Pensó en lo que era: único. Imposible. El arma más poderosa del universo.

Y pensó en lo que quería ser: alguien que no volviera a recibir golpes sin devolverlos. Alguien que pudiera protegerse a sí mismo. Alguien que, si algún día volvía a ver a su madre, pudiera estar a su altura y no ser un niño asustado.

Levantó la mano.

Agarró la de Vespera.

Era helada. Como la muerte.

—Acepto —dijo Ali.

Vespera apretó su mano con fuerza.

—Bien —dijo ella, y en sus ojos brilló una luz antigua y terrible—. Entonces empecemos ya. No tienes ni un minuto que perder.

El viento aulló en lo alto de la torre.

Las estrellas se ocultaron del todo tras las nubes.

Y Ali Varela dio el primer paso para dejar de ser la víctima.

No sabía que el camino le costaría más que cualquier dolor que hubiera sentido antes.

No sabía que cambiaría hasta no reconocerse a sí mismo.

Solo sabía una cosa:

A partir de esa noche…

…nadie volvería a cazarlo sin pagar el precio.

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