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Cláusulas Del Corazón

Cláusulas Del Corazón

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venderse para pagar una deuda / Autosuperación
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: Lazos Rotos

A la mañana siguiente, Rodrigo irrumpió en el edificio de Julián sin avisar fuera de sí, había pasado toda la noche procesando la pérdida de la firma Lozano—un negocio millonario que ya daba por sentado—, y sobre todo de ver cómo se le escapaba de entre los dedos la oportunidad de someter a la inocente Renata.

Con la Corporación “A” respaldándola de la noche a la mañana, se le habían agotado las vías de coacción, y su ego desmedido necesitaba descargar la culpa sobre alguien. Se detuvo frente a la puerta del apartamento de Julián, y se escuchó un golpe seco contra la puerta que retumbó por todo el pasillo.

Julián abrió la puerta con la toalla al hombro y el café en la mano, ni siquiera tuvo tiempo de articular palabras, cuando Rodrigo lo empujó hacia el recibidor, entrando de golpe y cerrando tras de sí.

—¡Espero que tengas una excelente explicación! —vociferó Rodrigo, encarándolo con los ojos inyectados en sangre y señalándolo con un dedo a centímetros de su rostro— Sé que te reuniste con Francesco, no sé qué clase de estupidez le dijiste o si fuiste a llorarle usando el apellido de la familia, pero arruinaste el negocio de mi vida. ¿Tienes idea de lo que me costó acorralar a Renata? ¡Iba a ser mía, Julián!

Julián ni pestañeó, porque la sola mención del nombre de Renata en la boca de su hermano desató una corriente helada de indignación que le recorrió el cuerpo.

Dejó la taza de café sobre la mesa del recibidor con mucha lentitud, se giró y, antes de que Rodrigo pudiera lanzar otro insulto, Julián avanzó con pocos pasos.

La diferencia de estatura entre ambos se hizo evidente de inmediato, Julián lo sujetó por la solapa del saco con un fuerte agarre, y con un movimiento rápido y brutal, lo estampó de espaldas contra la pared, y el fuerte impacto hizo vibrar el marco de la entrada.

—¡¿Pero qué carajos...?! —alcanzó a jadear Rodrigo, descolocado por la fuerza descomunal de su "debilucho" hermano menor.

Julián se le acercó tanto que Rodrigo pudo ver su propio reflejo aterrorizado en los cristales de sus gafas y su mirada no era la del muchacho retraído que agachaba la cabeza en las cenas familiares; era la de un hombre peligroso que apenas si podía contener su violencia.

—Escúchame muy bien, Rodrigo —murmuró Julián con una voz grave, baja y rasposa, apretando la tela contra su garganta hasta cortarle ligeramente el aire—Esta es mi casa, y no me vuelves a poner un pie aquí, ni me levantas la voz y, sobre todo, no te atreves a pronunciar el nombre de Renata de forma tan sucia en mi presencia.

Rodrigo intentó zafarse, pero la mano de Julián era demasiado fuerte.

—Estás loco... —alcanzó a balbucear, sintiendo por primera vez en su vida miedo hacia su hermano.

—Te lo advierto una sola vez —sentenció Julián, inclinándose aún más y clavándole la mirada—Si vuelves a cruzarte en mi camino o intentas tocar lo que no te pertenece, te voy a destruir.

Julián lo soltó de golpe, Rodrigo dio un traspié, sofocado y acomodándose el cuello del saco con manos temblorosas, humillado y buscando desesperadamente recuperar algo de autoridad, retrocedió hacia la salida y soltó una carcajada amarga.

—¡Esto no se va a quedar así! —amenazó Rodrigo, agarrando el picaporte de la puerta—Voy a ir directo con mi padre y le voy a contar absolutamente todo. ¡Vas a ver las consecuencias cuando él tome cartas en el asunto!

Julián soltó una risa fría y carente de cualquier gracia, luego se cruzó de brazos de forma despectiva, en actitud retadora.

—Ve a correr como un bebé, Rodrigo, llora todo lo que quiera y quéjate con papá como lo has hecho toda la vida cada vez que algo no sale como quieres.

La burla fue la gota que derramó el vaso, cegado por una ira descontrolada, Rodrigo levantó el puño para golpearle el rostro a su hermano, sin embargo, antes de soltar el impacto, se topó de frente con la mirada enfurecida y oscura que prometía destruirlo ahí mismo si intentaba tocarlo de Julián.

Entonces el brazo de Rodrigo se congeló en el aire, con la boca entreabierta y la frente empapada de un sudor frío, bajó la mano lentamente y sin atreverse a articular una sola palabra más, abrió la puerta.

Pero Julián cuya paciencia se había agotado, lo agarró firmemente por el hombro, lo empujó hacia el pasillo sin miramientos y le cerró la puerta en la cara de un portazo que retumbó en todo el pasillo.

Rodrigo se quedó solo en el pasillo, temblando de rabia y humillación, acomodándose el saco con manos torpes, sacó el teléfono celular, y como un niño caprichoso al que le acababan de quitar un juguete, marcó de inmediato al único contacto que siempre salía en su defensa: su madre.

-¡Mamá! —exclamó Rodrigo en cuanto escuchó la voz de Doña Amanda, dejando escapar un todo desgarrador y victimista— ¡Tienes que hacer algo con Julián! ¡Acaba de agredirme en su propio departamento! Mamá me levantó la mano, me amenazó y me echó a la calle como si fuera un perro... ¡Está fuera de control!

Rodrigo subió a su auto y su expresión lamentable se arregló de inmediato, esbozando una sonrisa maliciosa.

—Vamos a ver cómo te libras de este hermanito—dijo encendiendo su vehículo.

Apenas cinco minutos después, el teléfono de Julián comenzó a sonar sobre la mesa del recibidor, y al mirar la pantalla y ver el nombre de Amanda, dejó escapar un largo suspiro de cansancio.

—Vaya, Rodrigo no perdió tiempo— dijo Julián con una sonrisa sarcástica.

En contra su buen juicio contestó y pegó el dispositivo a su oído sin decir una sola palabra.

—¡Julián Benítez! —retumbó la voz autoritaria y chillona de su madre al otro lado de la línea— ¡¿Se puede saber qué te pasa?! ¡Tu acaba de llamarme destrozado! ¿Cómo te atreves a agredir a Rodrigo ya tratarlo de esa manera tan salvaje? Exijo que en este mismo instante lo llames y le pide una disculpa. ¡No voy a tolerar que trate al pilar de esta familia con tanta falta de respeto!

Julián escuchó el regaño sin que se le moviera un solo músculo del rostro, con una frialdad absoluta, alejó un par de centímetros el teléfono mientras su madre continuaba vociferando acusaciones y amenazas.

—¡Y no me vengas con excusas! —prosiguió Amanda, elevando aún más el tono—Rodrigo me contó todo. Fue a tu casa a pedirte explicaciones de buena manera y tú lo atacaste como un salvaje.

En el pasado, Julián siempre terminó cediendo ante los chantajes emocionales de su madre por pura diplomacia o para mantener la paz familiar. Pera esta vez no, la mención de Renata, la agresión de Rodrigo y la amargura de la noche anterior habían destruido la poca paciencia que le quedaba.

—No me voy a disculpar por defender mi casa —respondió Julián con una voz helada que tomó por sorpresa a su madre—Rodrigo vino aquí a lanzarme acusaciones falsas ya intentar agredirme estrictamente, así que no le debo una sola disculpa a nadie.

Amanda se quedó en silencio un segundo, atónita ante la firmeza inédita de su hijo menor, antes de estallar de nuevo con más insistencia:

—¡Es tu hermano mayor, Julián! ¡Le debes un respeto! Te exijo que dejes ese orgullo absurdo y le pide perdón ahora mismo.

—No voy a ceder, mamá, así que no insistes —dijo él, cortando sus palabras con rotundidad.

Viendo que la discusión había llegado a un punto muerto y que no lograría doblegarlo por teléfono, Amanda soltó un bufido de exasperación y entonces cambió de estrategia.

—Está bien Julián, no vamos a discutir esto por teléfono, esta noche vienen todos a cenar a la casa y arreglaremos esta tontería de frente. Espero verte aquí a las ocho.

—Tengo un compromiso esta noche —respondió Julián de inmediato—No iré.

Amanda soltó una carcajada burlona y despectiva a través de la bocina.

— ¿Qué compromiso, Julián? Por favor... Lo único que haces todo el día es estar encerrado en tu mediocre oficina arreglando computadoras. Esas tonterías tuyas pueden esperar para después. Hoy tu única prioridad es la familia.

Lo que Amanda no tenía forma de saber era que la cita de esa noche no era una revisión técnica, sino una cena ejecutiva privada con el alcalde de la ciudad, el cual lo buscaba para contratar los servicios de ciberseguridad de R&J Security para la infraestructura municipal; una reunión estratégica que Julián no pensaba cancelar por un berrinche familiar.

—Piensa lo que quieras, mamá —sentencia Julián, apretando los dientes con rabia contenida—No voy a ir, sin importar cuanto insistas. Y ya va siendo hora de que dejes crecer a Rodrigo: tiene veintisiete años y sigue corriendo a quejarse contigo como un bebé cada vez que no puede salirse con la suya.

Sin darle tiempo a responder ni a lanzar otro grito, Julián le colgó la llamada, dejó el teléfono sobre la mesa y respiró hondo, sintiendo cómo el último lazo de sumisión hacia su familia terminaba de romperse.

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👏👏👏👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Cuando se entere, con quién fue que se acostó, y no precisamente para salvar la empresa.🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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Que bien, iniciamos otra aventura, que seguramente será maravillosa. Gracias. 👏👏👏🤗🤗🤗🇨🇴🇨🇴🇨🇴
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