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El Heredero Del Abismo

El Heredero Del Abismo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Viaje a un mundo de fantasía / Apocalipsis
Popularitas:262
Nilai: 5
nombre de autor: El Grillo

¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?

NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

JUGAMOS EN EL MISMO TABLERO DE AJEDREZ.

Volvió a llover sobre la ciudad.

Mateo estaba en la ventana viendo las luces de los edificios reflejadas en el asfalto mojado. Todo se veía normal: gente llegando del trabajo, niños jugando debajo de los balcones, parejas cogidas de la mano.

Un mundo normal. Un mundo vuelto nada.

Bajó la mirada a la consola. Estaba apagada. Pero ya no necesitaba que se prendiera para pensar en ella. El juego ya no era un aparato, ya vivía adentro de él.

Se quedó pensando en cada persona que había condenado. Ninguna era inocente. Todas habían acabado con vidas y todas se habían volado de la justicia.

Y ahí se hizo una pregunta que hace unas semanas le hubiera parecido una locura:

¿Qué diferencia hay entre dejar vivo a un monstruo... y volverse cómplice de lo que va a hacer después?

No encontró respuesta. Solo cada vez estaba más seguro de algo.

De pronto la justicia no había fracasado porque fuera débil, sino porque siempre tenía que pedir permiso.

Y él ya no pedía permiso para nada.

*En la Fuerza de Tarea Némesis*

Héctor llevaba tres noches sin dormir. Tenía la mesa llena de carpetas abiertas, fotos, informes de forense, llamadas, movimientos de plata. Habían armado la vida de cada víctima minuto a minuto y el resultado era el mismo: nada.

Era como si la muerte llegara sin caminar, sin abrir puertas, sin disparos, sin veneno, sin huellas.

Valeria rompió el silencio.

—Estamos buscando mal.

Héctor la miró.

—¿Cómo así?

—Todos estamos viendo cómo mata. De pronto hay que ver por qué escoge a sus víctimas.

Eso se quedó sonando en la sala. Se pusieron a revisar otra vez los expedientes y horas después salió un patrón raro.

Todos habían hecho delitos bien graves, pero había otra cosa: en algún momento de la vida todos se habían volado de una condena. Un soborno por aquí, un error del juzgado, un testigo que mataron, una prueba que se perdió. Siempre pasaba algo que no dejaba hacer justicia.

Héctor puso las manos sobre la mesa.

—No está matando gente al azar. Está corrigiendo sentencias.

Nadie dijo nada. Porque aunque sonaba aterrador... tenía lógica.

*Esa misma noche, Mateo*

Volvió a meterse a la Sala de Sentencias. El menú ya no tenía doce casos, ahora había cientos, miles, y se actualizaba a cada rato.

En una esquina decía: "La humanidad genera nuevos juicios cada minuto." Y un contador subiendo: Nuevos candidatos: 18... 21... 29... 37...

Era imposible juzgar a tanta gente.

Y ahí volvió la voz del Guardián.

—No tenés que condenarlos a todos. Solo a los que ya decidieron volverse monstruos.

Mateo se puso a revisar los expedientes. Cada uno traía pruebas que no se podían inventar: videos, recuerdos, chats privados, hasta pensamientos. El juego no investigaba, él ya sabía todo.

Eso lo asustaba, pero también le daba una confianza peligrosa. Si el juicio era perfecto, la sentencia también tenía que serlo.

Se echó horas revisando uno por uno. Algunos los rechazó, otros los pospuso, a unos pocos los condenó. Ya no actuaba a lo loco, cada decisión necesitaba estar 100% seguro.

Sin darse cuenta ya no pensaba como estudiante, ya pensaba como juez.

*En el Otro Lado*

El Primer Guardián miraba el Trono. Ya no brillaba solo una piecita, ya había tres Fragmentos prendidos y unas grietas de luz negra recorrían la estructura.

La figura gigante de ojos dorados apareció otra vez.

—Aprende rápido.

—Demasiado rápido —dijo el Guardián.

—¿Todavía siente culpa?

—Cada vez menos.

La entidad se quedó callada y después dijo con una calma rara:

—La culpa es una cadena. Un Dios no puede andar con cadenas.

*Al otro día*

A Héctor le dieron permiso para meterse a todos los archivos judiciales del país. Si el asesino solo escogía criminales impunes, la próxima víctima tenía que estar en esas bases de datos. Era una carrera contra el tiempo.

Se pusieron un poco de analistas a sacar listas: violadores, traquetos, asesinos, funcionarios torcidos. Más de cuatro mil nombres.

Héctor entendió el problema. Si tenían razón, Némesis tenía miles de posibles objetivos. Era imposible cuidarlos a todos.

*Esa tarde*

Por primera vez en días padre e hijo coincidieron en la casa. En la tele había un debate de qué opinaba la gente de Némesis.

—Es un asesino.

—Es un héroe.

—Hace lo que los jueces no hacen.

—Nadie debería decidir quién vive o quién muere.

Mateo apagó la tele. Héctor lo miró.

—¿Y vos qué pensás?

Mateo se quedó sorprendido un segundo.

—Creo que... la gente hace cosas horribles cuando sabe que nunca le va a pasar nada.

Héctor se quedó pensativo.

—Es verdad.

—Entonces... ¿no entiendo por qué alguien querría pararlos?

El detective suspiró.

—Entiendo las ganas. Lo que no acepto es que una sola persona decida el destino de todos.

Mateo se quedó callado. Esas palabras se le quedaron grabadas.

Una sola persona.

Justo lo que el juego estaba armando.

Cuando Héctor se paró para irse le puso la mano en el hombro.

—La justicia existe para que ningún hombre se crea un Dios.

Mateo sonrió poquito, pero por primera vez en la vida no estuvo de acuerdo con su papá.

*Esa noche*

Los dos trabajaron hasta tarde, cada uno en su pieza, con objetivos totalmente opuestos. Héctor revisando expedientes para ver a quién iban a matar. Mateo revisando juicios para decidir a quién condenaba.

Ninguno sabía lo que hacía el otro y sin embargo... los dos miraban los mismos nombres.

Cuando Héctor marcaba con rojo a un posible objetivo para protegerlo, a Mateo le llegaba el mismo expediente en la consola. Cuando Mateo descartaba un caso por falta de pruebas, horas después Héctor también concluía que ese no tenía nada que ver.

Era como si alguien invisible estuviera moviendo las dos investigaciones. Dos jugadores, un solo tablero.

En el Otro Lado el Guardián caminaba entre los árboles humanos del Bosque de los Olvidados. Cada cara metida en los troncos miraba un ajedrez gigante de piedra. Las fichas no eran reyes ni torres, eran personas. En un lado una ficha con la cara de Mateo, en el otro una con la cara de Héctor.

El Guardián movió una ficha negra, la de Mateo avanzó. Al ratico una blanca también, Héctor respondió.

La entidad de ojos dorados miró el tablero.

—Ni siquiera saben que están jugando.

—No.

—¿Quién va a ganar?

El Guardián se quedó mirando las fichas harto rato.

—Depende de quién entienda primero la verdad.

—¿Cuál verdad?

Levantó la mirada al cielo sin estrellas.

—Que nunca fueron enemigos. El verdadero rival está sentado detrás del Trono.

Se hizo silencio en el bosque.

*De vuelta acá*

A la Fuerza Némesis le entró una alerta. Uno de los de la lista prioritaria acababa de desaparecer de la casa. Sin violencia, solo una frase escrita en la pared con algo negro: "La sentencia ya fue pronunciada."

Héctor llegó en quince minutos. Miró la inscripción, no era pintura ni sangre, parecía como ceniza, la misma de las escenas anteriores. Cogió una muestra y mientras los de forense trabajaban vio un escritorio con una carpeta abierta. Adentro había papeles de un proyecto viejo del gobierno. El nombre le aceleró el corazón: PROYECTO UMBRAL.

Antes de poder leer, entró un agente corriendo.

—¡Detective! Acabamos de encontrar el cuerpo.

Salió de una. El cadáver estaba en el jardín de atrás, sin heridas, sin cara de dolor, con los ojos bien abiertos, como si hubiera visto algo imposible antes de morirse. El reloj de pulsera marcaba las 3:33 y sobre el pecho le habían dejado una ficha de ajedrez negra. Un rey.

Y al mismo tiempo, en el cuarto de Mateo, la consola hizo un destellito.

"Las piezas están casi listas."

Abajo: COMPATIBILIDAD CON EL TRONO: 12%.

Y por primera vez el nombre de un expediente venía con una foto que le heló todo el cuerpo. No era un criminal por ahí, no era un político ni un empresario. Era alguien que conocía desde niño, alguien que había comido muchas veces en su casa.

Y el expediente tenía un sello rojo que nunca había visto: "Juicio prioritario."

Mateo levantó la mirada despacio. Por primera vez desde que empezó el juego... dudó de verdad.

Continuará...

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