El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.
NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
sentimientos sin nombre y una promesa en la oscuridad
Kael todavía tenía a Lyra entre sus brazos cuando Luna se acercó a él.
El príncipe de los vampiros apenas había logrado apartar la mirada de Avelina desde que ella había salido del probador con aquel vestido.
Había sido apenas un instante.
Un simple instante en el que la vio aparecer detrás de la cortina, acomodándose distraídamente el cabello mientras Cony y Luna discutían sobre si aquel vestido era mejor que el anterior.
Pero para Kael había sido suficiente.
Avelina llevaba un vestido elegante, de un tono que resaltaba el verde de sus ojos y hacía que su cabello negro, con aquellos reflejos azulados, pareciera todavía más oscuro. No era excesivamente llamativo. No necesitaba serlo.
Ella simplemente estaba allí.
Y él no había podido dejar de mirarla.
—¿Vas a seguir mirándola así mucho tiempo? —preguntó Luna.
Kael apartó los ojos inmediatamente.
—¿Así cómo?
Luna arqueó una ceja.
—Como si acabaras de descubrir que existe.
Kael soltó una pequeña risa.
—No sé de qué hablas.
—Claro que sí.
Luna se cruzó de brazos frente a él.
Lyra, que permanecía cómodamente acomodada contra el pecho de Kael, miraba a ambos con curiosidad.
—Luna... —advirtió Kael.
—No, príncipe. Esta vez no vas a escapar.
—¿Escapar de qué?
—De una pregunta.
Kael suspiró.
—Adelante.
Luna se inclinó un poco hacia él y bajó la voz.
—¿Qué sientes por Avelina?
La pregunta cayó entre ambos como una piedra.
Kael permaneció completamente inmóvil.
Por primera vez desde que Luna se había acercado, no encontró una respuesta inmediata.
Miró hacia Avelina.
Ella estaba ayudando a Cony a acomodarse otro vestido frente al espejo. Se reía por algo que había dicho su amiga y aquella risa llegó hasta donde él se encontraba.
Kael volvió a mirar a Luna.
—Es una pregunta bastante directa.
—No tengo tiempo para rodeos.
—Es una amiga.
Luna soltó una carcajada.
—¿Una amiga?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué la miras como si quisieras memorizar cada detalle de su rostro?
Kael apretó ligeramente la mandíbula.
—No la miro de ninguna manera especial.
—Kael, llevo suficiente tiempo observándote para saber cuándo mientes.
Él no respondió.
Luna sonrió con satisfacción.
—Eso pensé.
—No sé qué quieres que te diga.
—La verdad.
Kael bajó la mirada hacia Lyra.
La niña jugueteaba con uno de los botones de su chaqueta, completamente ajena a la conversación.
—No sé qué siento —admitió finalmente.
Luna dejó de sonreír.
—¿No lo sabes?
—No.
Kael volvió a mirar a Avelina.
—Cuando estoy cerca de ella... todo se vuelve extraño.
—¿Extraño?
—Quiero protegerla.
Luna guardó silencio.
—Quiero asegurarme de que esté bien. Me molesta cuando alguien la hace sufrir. Me preocupa cuando desaparece demasiado tiempo. Y cuando sonríe...
Kael se detuvo.
—¿Qué ocurre cuando sonríe?
Él tardó unos segundos en responder.
—Siento que el mundo deja de ser tan insoportable.
Luna lo observó en silencio.
Esta vez no hubo burla en sus ojos.
—Kael...
—Pero no sé qué significa.
—Creo que sí lo sabes.
—No.
—Simplemente tienes miedo de decirlo.
Kael no contestó.
Lyra levantó entonces la cabeza.
—¿Papá está hablando de mamá?
Los dos adultos se quedaron en silencio.
Luna tuvo que contener una sonrisa.
Kael miró a su hija.
—Sí, pequeña.
—¿Papá quiere a mamá?
Kael abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella.
Luna se giró para ocultar una sonrisa.
—Creo que acabas de recibir una pregunta más difícil que la mía —murmuró.
Kael miró a Lyra.
La niña lo observaba con aquellos ojos diferentes que siempre conseguían desarmarlo.
Uno verde como los de Avelina.
El otro oscuro y rojizo, como los suyos.
—Mamá es importante para mí —respondió finalmente.
Lyra sonrió.
—Lo sabía.
Y antes de que Kael pudiera preguntarle cómo podía saberlo, la niña apoyó nuevamente la cabeza contra su pecho.
Luna soltó una pequeña risa.
—Los niños siempre dicen la verdad.
—No empieces.
—No he dicho nada.
—Tu expresión lo dice todo.
—Entonces quizá deberías empezar a escucharla.
Kael negó con la cabeza, aunque una sonrisa apenas perceptible apareció en sus labios.
Poco después, los cinco abandonaron la tienda.
Cony llevaba finalmente el vestido que había elegido y Luna no dejaba de hablar sobre los preparativos de la boda. Avelina caminaba junto a ellas mientras Kael llevaba a Lyra de la mano.
La niña parecía completamente feliz.
Al llegar a una cafetería cercana, decidieron entrar.
El lugar estaba tranquilo y tenía grandes ventanales por los que entraba la luz de la tarde.
Se sentaron alrededor de una mesa.
Cony y Luna comenzaron a discutir sobre qué pedir, mientras Kael ayudaba a Lyra a acomodarse en una silla.
Avelina pidió un trozo de pastel.
Cuando llegó, tomó el tenedor y cortó un pequeño pedazo.
Lyra la observaba con atención.
—¿Quieres probar?
La niña asintió.
Avelina sonrió y acercó el tenedor hasta sus labios.
—Despacio.
Lyra probó el pastel y abrió los ojos con entusiasmo.
—¡Está delicioso!
Avelina rio.
—¿Sí?
—Sí.
—Entonces puedes comer otro poquito.
Kael observaba la escena en silencio.
Avelina cortó otro pedazo y se lo dio.
Lyra sonrió mientras comía.
Era una escena completamente sencilla.
Una madre compartiendo un trozo de pastel con su hija.
Nada extraordinario.
Y, sin embargo, algo dentro del pecho de Kael se estremeció.
Había visto a Avelina luchar.
La había visto desafiar peligros que habrían hecho retroceder a muchos guerreros.
La había visto enfadada, herida, agotada e incluso aterrorizada.
Pero aquella versión de ella...
Aquella Avelina que sonreía mientras alimentaba a Lyra...
Era diferente.
Kael sintió una calidez desconocida instalarse en su pecho.
No era solamente deseo.
No era solamente preocupación.
Era algo más profundo.
Algo que no sabía cómo nombrar.
Avelina levantó la mirada y sus ojos se encontraron.
Kael no apartó los suyos.
Ella sonrió ligeramente.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—Llevas varios minutos mirándome.
—Estaba pensando.
—¿En qué?
Kael miró a Lyra.
Después volvió a verla.
—En que tenemos una hija bastante exigente.
Avelina soltó una carcajada.
—Eso es cierto.
Lyra levantó la mano.
—¡Quiero más pastel!
Todos rieron.
Kael también.
Pero mientras Avelina volvía a darle otro pequeño pedazo a Lyra, él comprendió que la respuesta que tanto había intentado evitar empezaba a tomar forma.
Quizá no sabía exactamente qué sentía.
Todavía no podía llamarlo amor.
Pero sabía algo.
No quería imaginar su vida sin ellas.
Y eso, para un hombre que había pasado tantos años creyendo que jamás necesitaría a nadie, era aterrador.
-----------------
La puerta de la torre se abrió lentamente.
Savvana salió después de varios días encerrada.
La luz del exterior le resultó casi dolorosa.
Parpadeó varias veces mientras descendía los primeros escalones.
Había sido castigada por intentar atacar a Avelina y a Lyra.
Y aunque había cumplido con la condena impuesta por la reina, aquello no significaba que hubiera olvidado la humillación.
Cada paso que daba fuera de la torre alimentaba su resentimiento.
Entonces una figura apareció frente a ella.
Kiam.
Savvana se detuvo.
—Apártate.
—No.
Ella levantó la mirada.
—Ya cumplí mi castigo.
—Lo sé.
—Entonces déjame marchar.
Kiam permaneció inmóvil.
—Puedes marcharte.
Savvana frunció el ceño.
—Pero antes vas a escucharme.
La voz de Kiam era fría.
—No volverás a acercarte a Avelina.
Savvana apretó los puños.
—Ella...
—Ni a Lyra.
La mirada de Kiam se endureció.
—No importa cuánto la odies. No importa lo que pienses que te ha quitado. Si vuelves a intentar hacerles daño, no habrá torre donde encerrarte.
Savvana sintió un escalofrío.
—¿Me estás amenazando?
—Te estoy advirtiendo.
Kiam dio un paso hacia ella.
—La próxima vez no habrá castigo. Habrá consecuencias.
Savvana retrocedió ligeramente.
Por primera vez sintió miedo.
No porque Kiam estuviera gritando.
Precisamente porque no lo hacía.
Su tono tranquilo hacía que cada palabra sonara todavía más peligrosa.
—Entendido —murmuró.
Kiam se apartó.
—Espero que sea así.
Savvana continuó caminando.
Pero mientras se alejaba, una idea comenzó a crecer dentro de su mente.
No podía quedarse allí.
No después de aquella advertencia.
No después de haber sido humillada.
Aquella misma noche tomó una decisión.
Escaparía del reino de los vampiros.
Esperó hasta que los pasillos quedaron vacíos y abandonó discretamente el lugar donde se hospedaba.
Vestida con una capa oscura, atravesó los jardines y se dirigió hacia las puertas exteriores.
Estaba a pocos metros de conseguirlo cuando escuchó voces.
Savvana se ocultó detrás de una columna.
Dos sirvientas caminaban por el corredor.
—No puedo dejar de pensar en la pequeña Lyra —dijo una.
—Es preciosa —respondió la otra—. Y tiene unos ojos tan particulares.
Savvana permaneció inmóvil.
—Además, dicen que se parece muchísimo a su padre.
—¿A su padre?
La primera sirvienta soltó una pequeña risa.
—¿No lo sabes?
—No.
—Es la hija del príncipe Kael.
Savvana sintió que el mundo se detenía.
Sus ojos se abrieron lentamente.
Kael.
Lyra.
Hija.
Las palabras comenzaron a repetirse en su cabeza.
La niña que había protegido Avelina.
La pequeña que había intentado atacar.
La misma niña por la que había terminado encerrada en aquella maldita torre.
Era hija de Kael.
Su mirada se llenó de furia.
Las sirvientas continuaron caminando sin notar su presencia.
Savvana esperó hasta que sus voces desaparecieron.
Entonces salió de su escondite.
Respiraba agitadamente.
Todo lo que había creído hasta ese momento acababa de cambiar.
Avelina no solamente había entrado en la vida de Kael.
Había construido una familia con él.
Había conseguido aquello que Savvana siempre había deseado.
Un futuro.
Un lugar a su lado.
Una familia.
Y ahora entendía por qué Kael protegía a aquella niña con tanta ferocidad.
Savvana abandonó el reino sin mirar atrás.
Pero cuando llegó a una colina desde donde podía contemplar el castillo a lo lejos, se detuvo.
La luna iluminaba las torres.
Durante unos segundos permaneció en silencio.
Después giró lentamente el rostro hacia el castillo.
—Me quitaste todo, Avelina.
Sus ojos ardían de odio.
—Mi futuro.
Apretó los puños.
—Mi lugar.
Una lágrima de rabia recorrió su mejilla, pero rápidamente la limpió.
—Y ahora sé exactamente qué es lo que más amas.
Miró hacia el castillo.
—Tu hija.
Una sonrisa oscura apareció en sus labios.
—Te arrebataré aquello que tú me arrebataste.
El viento nocturno agitó su capa.
Savvana dio la espalda al reino.
—Juro que algún día vas a pagar por todo, bruja.
Y desapareció en la oscuridad.
Muy lejos de allí, dentro del castillo, nadie imaginaba que aquella noche una nueva amenaza había nacido.
Una amenaza que ya conocía el punto más vulnerable de Avelina.
Su hija.
Lyra.
Y, sin saberlo todavía, también había puesto sus ojos sobre el futuro de Kael.