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Me Enamore De Mi Mejor Amigo

Me Enamore De Mi Mejor Amigo

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Amor de la infancia / Completas
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17 Mamá no me soltó

Pasaron los días.

Después, las semanas.

Y yo seguía igual.

No encontraba la manera de volver a ser el Steven de antes de que Valeria se fuera. La casa seguía siendo la misma, mi cuarto seguía igual, mi celular seguía lleno de fotos de ella, pero yo sentía que todo había perdido el sentido.

La botella que había empezado a tomar aquella noche todavía estaba en mi habitación.

La miraba todos los días.

Hasta que una noche volví a agarrarla.

No quería pensar.

No quería recordar.

Tomé durante un rato, sentado en el borde de la cama, con los ojos perdidos en la fotografía de Valeria.

—¿Por qué no te puedo olvidar, princesa?

La botella terminó vacía.

La dejé sobre la mesa, pero estaba tan alterado que terminé golpeándola accidentalmente contra el suelo.

¡PUM!

El vidrio se quebró.

Miré los pedazos.

Al intentar recoger uno, me corté la mano.

—Ah…

La herida empezó a sangrar.

Pero, sinceramente, en ese momento no me importó.

Mi cabeza estaba en otra parte.

Entonces escuché la voz de mi mamá desde abajo.

—¡Mi hijo!

Me quedé callado.

Escuché sus pasos subiendo rápidamente las escaleras.

—¡Steven! ¿Qué pasó?

Llegó hasta la puerta de mi habitación.

—Mi hijo, abrime, por favor.

—Quiero estar solo, ma.

—No, hijo. Abrime.

—Por favor.

—Steven, dejame entrar. Quiero ver qué te pasó.

Me quedé sentado en la cama.

—Estoy bien.

—No estás bien. Escuché el vidrio quebrarse.

No respondí.

—Mi hijo, abrime la puerta.

—Ma, quiero estar solo.

Hubo unos segundos de silencio.

Entonces escuché que mi mamá sacaba el celular.

—Amor, subí rápido, por favor. Traé las llaves.

Sentí un nudo en la garganta.

—Ma…

—No voy a dejarte encerrado así.

Pocos minutos después escuché los pasos de mi papá subiendo las escaleras.

—¿Qué pasó?

—No sé, pero Steven no quiere abrir.

Mi papá intentó hablarme.

—Mijo, abrí.

—Pa, estoy bien.

—Abrí la puerta.

Finalmente escuché cómo la llave entraba en la cerradura.

La puerta se abrió.

Mi mamá entró primero.

Cuando vio mi mano, se llevó una mano al pecho.

—¡Mi hijo!

Se acercó inmediatamente.

—¿Qué te pasó?

—Me corté con el vidrio.

—¿Por qué estabas recogiendo eso?

No respondí.

Mi mamá miró los pedazos en el suelo y luego me miró a mí.

—Sentate.

—Ma…

—Sentate, mijo.

Mi papá retiró los vidrios mientras mi mamá buscaba el botiquín.

Ella se sentó frente a mí y comenzó a limpiarme la herida.

—Esto te va a arder un poquito.

—No importa.

Cuando el desinfectante tocó la herida, hice una mueca.

—¡Ay!

Mi mamá me miró.

—¿Viste? Sí duele.

—Un poquito.

—Y no quiero que te vuelvas a lastimar por estar recogiendo cosas así.

Yo bajé la cabeza.

Mi mamá terminó de curarme y me puso una venda.

Pero mientras lo hacía, empezó a llorar.

—Mi hijo…

—No llores, ma.

—¿Cómo querés que no llore?

Me acarició el cabello.

—Me duele verte así.

Yo intenté aguantar.

—Estoy bien.

—No me digás eso.

Me miró directamente a los ojos.

—No estás bien, Steven.

Sentí que la garganta se me cerraba.

—No puedo, ma.

—¿Qué no podés?

—No puedo dejarla ir.

Mi mamá me abrazó.

Y ahí me quebré.

—No puedo, mamita.

Lloré contra su pecho.

—Yo no sé qué hacer.

—Llorá, hijo.

—Me hace falta.

—Lo sé.

—Todos me dicen que tengo que seguir adelante, pero yo no sé cómo.

Mi mamá me acarició la espalda.

—No tenés que aprender a vivir sin dolor de un día para otro.

—Pero siento que me estoy destruyendo.

—Y por eso no vas a enfrentar esto solo.

Mi papá se acercó y puso una mano sobre mi hombro.

—Mijo, nosotros estamos acá.

—Papi…

—No quiero verte destruyéndote por esto.

—Yo la amaba.

—Y eso nadie te lo va a quitar.

Mi mamá me limpió las lágrimas.

—Pero también tenés que cuidarte.

Miré mi mano vendada.

—Perdón.

—No quiero que me pidás perdón. Quiero que me dejés ayudarte.

Asentí mientras seguía llorando.

Mi mamá me abrazó nuevamente.

—Mañana vamos a buscar ayuda para vos, ¿sí?

Yo no respondí inmediatamente.

Después de unos segundos, asentí.

—Sí, ma.

Mi papá se sentó a mi lado.

Y por primera vez en semanas, dejé que alguien se quedara conmigo.

No porque el dolor hubiera desaparecido.

Sino porque entendí que no tenía que cargarlo completamente solo.

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Flickr Mary Soly
Que chica boba que no quiere progresar
Luna de plata
❤️
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