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Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Renaci Y Está Vez No Vuelvo Contigo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

En mi vida anterior amé hasta destruirme.
Soporté cada traición creyendo que el amor debía doler.
Morí rota.
Desperté años atrás con una sola promesa: esta vez no vuelvo contigo.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El espacio que queda

El espacio que queda

Durante los días siguientes al momento en que tiramos las bolsas, el departamento se sintió demasiado grande.

No era solo la entrada vacía. Era como si el aire hubiera cambiado de densidad. Antes, incluso cuando Mateo no estaba, su presencia ocupaba lugar: una remera olvidada, un cargador, el perfume que se había impregnado en la cortina del baño. Ahora solo quedaba el olor a jabón neutro y a café. Limpio. Extraño. Mío.

Me levantaba cada mañana y recorría la casa con la sensación de estar habitando un cuerpo nuevo. Abría el armario y veía únicamente mi ropa. Abría el cajón de los cubiertos y ya no encontraba el abrelatas raro que él había comprado y que nadie más sabía usar. Pequeñas ausencias que, juntas, formaban un silencio enorme.

Lucas lo notaba.

—Estás caminando distinto —me dijo un mediodía mientras comíamos restos de arroz frito—. Como si el piso estuviera un poco más lejos.

—Es que todo se siente más lejos. O más cerca. No sé. Es confuso.

—Es el duelo. Tiene esas cosas. Un día crees que ya pasó y al siguiente te golpea porque viste una marca de café en la mesa que él siempre dejaba.

Asentí. Exactamente eso.

Esa tarde decidí hacer algo que llevaba postergando desde el renacimiento: revisar mi cuenta bancaria y mis gastos. En mi vida anterior Mateo se había encargado de “ayudarme” con las finanzas. En la práctica, eso había significado que yo casi no tocaba el dinero y él decidía casi todo. Ahora, frente a la pantalla, me di cuenta de cuánto había dejado de mirar.

Había suscripciones que ya no usaba. Gastos chicos pero constantes que se iban en cosas para “nosotros”. Moví números. Cancelé lo que no necesitaba. Creé una carpeta nueva en el escritorio llamada “Solo mío”. Cuando terminé, sentí una mezcla rara de orgullo y miedo. Independencia también pesaba.

El teléfono vibró. Un mensaje de Adrián:

“¿La libreta sigue escribiendo o hoy descansa?”

Sonreí sin darme cuenta.

“Hoy descansa. Pero el café no. Estaré ahí a las seis si no llueve.”

La respuesta llegó rápido:

“Entonces que no llueva.”

A las seis en punto estaba sentada en la mesa del fondo. Pedí mi latte. Adrián llegó diez minutos después, con el cabello un poco revuelto por el viento y una carpeta bajo el brazo. Se sentó sin pedir permiso esta vez. Ya no hacía falta.

—Hoy se te ve… más liviana —dijo después de un rato de silencio cómodo.

—Tiramos las últimas cosas. Las de él. Ya no queda nada en casa.

Adrián asintió despacio.

—Eso explica la liviandad. Y también la ojeras.

Solté una risa baja.

—El duelo no avisa. Viene cuando quiere. Ayer lloré porque encontré un ticket de supermercado de hace ocho meses en el bolsillo de una campera. Un ticket. Papel viejo. Y aun así me destrozó.

—Los objetos tienen memoria —dijo—. Incluso los más insignificantes. Por eso duele deshacerse de ellos. No es el objeto. Es la versión de uno que existía cuando ese objeto tenía sentido.

Me quedé mirándolo. Otra vez. Esa forma que tenía de nombrar las cosas sin dramatizarlas ni minimizarlas.

—¿Tú quemaste todo en una fogata y listo? ¿Nunca te golpeó después?

Adrián giró la taza entre las manos. La cicatriz de su ceja se frunció apenas.

—Me golpeó. Durante meses. Un día encontré una canción que él solía poner y tuve que salirme del auto porque no podía respirar. Otro día pasé frente al restaurante donde celebramos algo y se me cerró el estómago. El duelo no es lineal. Es una habitación con muchas puertas. A veces crees que ya saliste y de pronto estás otra vez adentro.

Sus palabras me dejaron un nudo en la garganta.

—Gracias por decir la verdad. La mayoría de la gente solo dice “ya vas a estar bien” y cambia de tema.

—Porque la mayoría de la gente tiene miedo al dolor ajeno. Cree que es contagioso.

Hablamos hasta que el café se enfrió. Cuando salimos a la calle, el cielo estaba nublado pero todavía no llovía. Adrián se detuvo en la vereda.

—Valeria… si algún día el duelo se pone demasiado pesado y necesitas que alguien se siente en silencio a tu lado sin intentar arreglarte… llama. Incluso si es de madrugada.

La oferta fue tan simple y tan grande al mismo tiempo que no supe qué hacer con ella.

—No quiero acostumbrarme a necesitarte —admití en voz baja.

—No se trata de necesitar. Se trata de no tener que sostener todo sola todo el tiempo. Hay diferencia.

Se despidió con un leve movimiento de cabeza y se fue caminando. Me quedé un momento en la esquina, sintiendo el viento frío y sus palabras repitiéndose en mi cabeza.

Cuando llegué a casa, Lucas estaba en el sillón con la laptop sobre las piernas. Levantó la vista y sonrió.

—Tienes cara de haber hablado con el del café.

—Se llama Adrián.

—Adrián —repitió, probando el nombre—. ¿Y Adrián te hace bien?

Me dejé caer a su lado.

—No lo sé todavía. Pero no me hace mal. Y eso… ya es mucho.

Lucas cerró la laptop y se giró hacia mí.

—Thiago me escribió hoy desde un Instagram falso. Me dijo que me extraña. Que comete errores. Que quiere que hablemos.

El estómago se me contrajo.

—¿Y tú?

—Lo bloqueé otra vez. Pero antes de bloquearlo le escribí: “Los errores se cometen una vez. Lo demás es decisión”. Y después lo eliminé. Me temblaba el dedo, pero lo hice.

Me acerqué y le di un beso en la sien.

—Estoy orgullosa de ti. Cada día un poco más.

—Y yo de ti. Aunque a veces me asustes con lo fuerte que te estás poniendo.

Cenamos juntos. Hablamos de cosas tontas. De una serie. De un profesor pesado. De lo mucho que necesitábamos comprar detergente. Momentos normales. Momentos que en mi vida anterior se me habían pasado desapercibidos porque siempre estaba pendiente del siguiente mensaje de Mateo.

Esa noche, antes de dormir, me paré frente al espejo del baño. Me miré a los ojos durante un buen rato.

—Ya no eres su novia —le dije a mi reflejo—. Ya no eres la que espera. Ya no eres la que pide perdón primero. ¿Quién eres entonces?

La mujer del espejo no respondió. Pero por primera vez no apartó la mirada.

Me metí en la cama con la libreta. Escribí despacio:

“Hoy el espacio vacío se sintió menos como un castigo y más como una habitación que todavía no sé cómo amueblar.

Tengo miedo.

Pero también tengo curiosidad.

Y eso… eso es nuevo.”

Cerré la libreta y apagué la luz.

En la oscuridad, el teléfono vibró una sola vez. Un mensaje de Adrián:

“Que el duelo te trate con algo de piedad esta noche.”

No respondí. Solo dejé el teléfono sobre el pecho y sonreí, pequeña y cansada, en la penumbra.

Por primera vez desde que desperté en esta nueva vida, el futuro no se sintió como una amenaza que debía evitar.

Se sintió como una pregunta que, poco a poco, empezaba a querer responder.

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BL Autor 🌈
Me tocó analizar de nuevo y empezar a reescribir la historia, desde el episodio 18, les prometo que subiré lo más rápido posible cuando tengas las correcciones, quiero hasta llorar de la vergüenza, pero soy humano y me equivoco, para alguien como yo que le puso esmeró a la historia y no la analizó bien, me tocó leerla nuevamente y empezar a corregir, nuevamente me disculpo, espero que lo disfruten, tome en tiempo de leerla
BL Autor 🌈
¡ANUNCIO IMPORTANTE!, algunos pudieron notar que ya iba por el episodio 40, dado el caso sufrí un pequeño regaño de parte de mi editora jajaj, el borrador que usé lo subí con tanta emoción que no me di de cuenta que desde el episodio 18 en adelante la historia perdía su ritmo, se perfectamente que personas ya iban adelantadas y las que no, ofrezco una disculpa, pido una oportunidad, ya que soy un nuevo autor y me cuesta hacer las cosas bien por más que lo intento
Victor Cueto
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