EL PRECIO DE DESEARTE
Valeria jamás imaginó que una noche pudiera cambiar su vida para siempre.
Adrián apareció cuando ella más necesitaba respuestas… y menos podía permitirse confiar en alguien.
Él guarda un secreto.
Ella esconde un pasado.
Y entre ambos nace una atracción tan intensa como peligrosa.
Pero cuando el deseo se mezcla con mentiras, nadie sale ileso.
Porque enamorarse de Adrián no será su mayor error.
Será descubrir por qué él la eligió.
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NO DEBERIAS CONFIAR EN MI
Valeria permaneció inmóvil frente a Adrián.
La lluvia caía entre ambos mientras el automóvil negro se acercaba lentamente por la calle.
—¿Quiénes son? —preguntó.
Adrián no respondió.
—Te hice una pregunta.
—Lo sé.
—Entonces contéstame.
Él la miró fijamente.
—Personas que no vienen a hablar contigo.
Valeria sintió que el miedo le cerraba la garganta.
—¿Y tú sí?
—Yo tampoco.
—Entonces, ¿qué quieres?
Adrián dio un paso hacia ella.
—Que sigas viva.
Unos faros iluminaron la calle.
Adrián tomó su mano.
Esta vez Valeria no se apartó.
—Ven conmigo.
—No sé quién eres.
—Precisamente por eso deberías venir.
—Eso no tiene sentido.
—Valeria...
Su tono cambió.
Ya no sonaba tranquilo.
Sonaba preocupado.
—Si te quedas aquí, no tendrás tiempo de descubrir quién soy.
Ella miró nuevamente el automóvil.
La puerta trasera comenzó a abrirse.
Valeria tomó una decisión.
Corrió con Adrián.
---
El automóvil de Adrián arrancó apenas cerraron las puertas.
Valeria respiraba con dificultad.
—¿A dónde vamos?
—A un lugar seguro.
—¿Dónde?
—No puedo decírtelo todavía.
—¿Todavía?
Valeria lo miró indignada.
—¿Pretendes que me quede sentada tranquilamente mientras me llevas a un lugar que no conozco?
—No.
—Entonces explícame.
Adrián permaneció en silencio.
—¡Adrián!
Él giró la cabeza.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Valeria se quedó callada.
—Nunca te lo dije.
—Lo sé.
—Entonces, ¿cómo?
Adrián volvió la mirada hacia la carretera.
—Porque llevo tiempo siguiéndote.
Valeria sintió un vacío en el estómago.
—¿Qué?
—Escuchaste bien.
—¿Me has estado siguiendo?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace tres semanas.
Valeria soltó una pequeña risa nerviosa.
—Esto es una locura.
—Lo sé.
—¿Y esperas que confíe en ti?
—No.
Aquella respuesta la desconcertó.
—¿No?
Adrián negó lentamente.
—No deberías confiar en mí.
Valeria lo observó.
—Entonces, ¿por qué estoy aquí?
Por primera vez, Adrián pareció no tener una respuesta inmediata.
—Porque hay algo que todavía no sabes.
—¿Qué?
Él la miró.
—Que tú no eres la persona que ellos creen que eres.
Valeria frunció el ceño.
—No entiendo.
—Lo harás.
—¡Deja de decirme eso!
Adrián permaneció callado.
Valeria se cruzó de brazos.
—¿Sabes qué? Voy a bajarme.
—No.
—Sí.
—No puedes.
—¿Y quién va a impedírmelo?
Adrián la miró directamente.
—Yo.
La tensión llenó el interior del automóvil.
Valeria sintió un extraño escalofrío.
No era únicamente miedo.
Era algo diferente.
Algo que no quería reconocer.
Adrián se acercó ligeramente.
—No quiero hacerte daño.
—Pero tampoco quieres dejarme ir.
—No.
—¿Por qué?
Sus rostros quedaron demasiado cerca.
Adrián bajó la mirada hacia sus labios durante apenas un segundo.
Después se apartó.
—Porque si te dejo ir, probablemente no volveré a encontrarte con vida.
Valeria sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
---
El automóvil finalmente se detuvo frente a una enorme casa rodeada de árboles.
No había vecinos.
No había luces en las casas cercanas.
Solo oscuridad.
—¿Dónde estamos?
—En mi casa.
Valeria lo miró sorprendida.
—¿Me trajiste a tu casa?
—Es el lugar más seguro que conozco.
—Eso no me tranquiliza.
—No esperaba que lo hiciera.
Adrián bajó del automóvil.
Valeria permaneció dentro.
Él abrió su puerta.
—Vamos.
—No.
—Valeria.
—No voy a entrar a la casa de un hombre al que conozco desde hace unas horas.
Adrián apoyó una mano en la puerta.
—Entonces quédate aquí.
Ella lo miró.
—¿En serio?
—Sí.
Adrián cerró la puerta y comenzó a caminar.
Valeria lo observó alejarse.
Cinco segundos.
Diez.
Finalmente salió del automóvil.
—¡Espera!
Adrián se detuvo.
Ella se acercó.
—No significa que confíe en ti.
—Nunca pensé que lo hicieras.
Entraron.
La casa era enorme.
Elegante.
Pero fría.
Demasiado silenciosa.
Valeria observó cada detalle.
—¿Vives solo?
—Sí.
—¿Siempre?
Adrián se quitó el saco.
—Desde hace años.
—¿Familia?
Su expresión cambió.
—No hablamos de eso.
Valeria comprendió que había tocado una herida.
—Está bien.
Adrián señaló las escaleras.
—Tu habitación está arriba.
Valeria lo miró sorprendida.
—¿Mi habitación?
—Preparé una habitación para ti.
—¿Antes de saber que vendría?
Adrián guardó silencio.
Valeria sintió que algo no estaba bien.
Subió las escaleras.
La puerta estaba entreabierta.
Entró.
Sobre la cama había ropa nueva.
Talla exacta.
Su color favorito.
Incluso una pequeña botella de su perfume preferido.
Valeria se quedó helada.
—¿Cómo sabías todo esto?
Adrián apareció detrás de ella.
—Porque te conozco más de lo que imaginas.
Valeria se giró lentamente.
—Eso no es normal.
—No.
—¿Me has investigado?
—Sí.
—¿Por qué?
Adrián no contestó.
Ella se acercó.
—Quiero saber la verdad.
Él la miró fijamente.
—La verdad podría hacerte odiarme.
—Prefiero odiarte a seguir viviendo sin saber qué está pasando.
Adrián bajó la mirada.
—Entonces tendrás que estar preparada.
—¿Para qué?
Él sacó algo del bolsillo.
Una fotografía.
La colocó sobre la mesa.
Valeria la tomó.
Era una fotografía antigua.
Aparecía una niña.
Una niña de unos ocho años.
A su lado había un hombre.
Valeria sintió que el mundo se detenía.
—Ese hombre...
Adrián no dijo nada.
—Lo conozco.
—Sí.
Valeria levantó la mirada.
—¿Quién es?
Adrián respiró profundamente.
—Tu padre.
El silencio fue absoluto.
Valeria negó lentamente.
—Mi padre murió cuando yo era pequeña.
—Eso fue lo que te hicieron creer.
Ella sintió que las piernas le temblaban.
—No.
—Valeria...
—¡No!
Dejó caer la fotografía.
—Mi padre murió.
Adrián se acercó.
—No murió.
Valeria retrocedió.
—¿Dónde está?
Adrián la miró con una expresión que por primera vez parecía contener miedo.
—Eso es precisamente lo que estoy intentando descubrir.
Valeria sintió que una lágrima descendía por su mejilla.
—¿Y qué tiene que ver conmigo?
Adrián guardó silencio.
Después pronunció las palabras que cambiarían todo.
—Porque tu padre desapareció la misma noche en que murió la persona que tú llevas años intentando olvidar.
Valeria dejó de respirar.
La habitación pareció hacerse pequeña.
El recuerdo volvió.
Un automóvil.
Una noche.
Un grito.
Y unos ojos que jamás había podido olvidar.
—¿Quién era? —susurró.
Adrián la observó.
—El hombre que murió aquella noche no era la víctima.
Valeria levantó la mirada.
—¿Entonces quién era?
Adrián se acercó lentamente.
—El hombre que murió aquella noche...
Hizo una pausa.
—...era el hombre que estaba intentando matarte.
Valeria sintió que el miedo le recorría todo el cuerpo.
Y entonces comprendió que su pasado no estaba enterrado.
La estaba esperando.