Liam un joven marcado por la traición y el alcohol presencia cómo un hombre (Dimitri) golpea y abandona en la nieve a una joven embarazada (Sasha). Al ver que ella sangra y entra en parto prematuro, la sube a su viejo sedán y conduce desesperadamente hacia el Hospital Central, logrando que sea ingresada a urgencias antes de caer inconsciente. Este acto desinteresado abrirá nuevas puertas en la vida de Liam, ya que no solo había salvado a alguien de una familia poderosa sino que entre el hermano de sasha y Liam comienza a crecer un magnetismo inevitable.
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Capítulo 10: La verdad sobre Sasha
El ambiente en la sala VIP reservada del hospital era denso, impregnado por un olor a antiséptico mezclado con el aroma de cuero e hidromiel del tabaco fino que Mikhail quemaba en silencio entre sus dedos. Tras la llamada telefónica y las comprobaciones de Boris, los hombres de seguridad habían despejado el pasillo, dejando solo a la familia inmediata y al joven que les había devuelto la esperanza en medio del desastre.
Liam permanecía sentado en un sofá de piel oscura, sosteniendo entre sus manos una taza de café negro que humeaba levemente. Su cuerpo seguía sintiendo el temblor de la adrenalina residual, pero la calidez de la estancia y la presencia de los Volkov creaban un manto extraño, inquietante pero hipnótico. A su lado, apoyado contra el ventanal que daba a la tormenta de nieve afuera, Nikolai no le quitaba la mirada de encima.
Mikhail exhaló una fina columna de humo grisáceo hacia el techo antes de romper el silencio. Su voz era una vibración cavernosa, cargada de una pesadumbre antigua.
—Sasha siempre fue el alma libre de esta familia, Liam —comenzó a decir el patriarca, observando la taza de café de Liam como si intentara descifrar algo en ella—. Cuando cumplió dieciocho años, se negó rotundamente a vivir bajo la sombra del apellido Volkov. Quería una existencia normal, limpia de los negocios y los enemigos de nuestra casa. Para ella, mi dinero y nuestro poder eran cadenas, no privilegios.
Liam alzó la cabeza, escuchando atentamente. A su derecha, escuchó el roce de la tela del abrigo de Nikolai al moverse. El hermano mayor de Sasha apretó los dientes, manteniendo los ojos fijos en la nada antes de tomar la palabra.
—Ocultó quién era —añadió Nikolai, con una amargura amarga marcando cada palabra—. Entró a la universidad bajo un apellido falso, utilizando los ahorros de su madre. Allí fue donde conoció a ese maldito perro... a Dimitri. Sasha creyó haber encontrado a un hombre humilde, un estudiante de arquitectura que la quería por lo que era y no por lo que poseía.
—No escuchó razones —intervino Mikhail con amargura—. Cuando descubrimos con quién salía e investigamos el trasfondo de Dimitri, supimos que era un trepador, un tipo violento y manipulador. Le prohibí volver a verlo. La discusión fue atronadora. Mi hija, con el orgullo hirviendo en la sangre, me dijo que prefiriendo ser pobre con él que millonaria conmigo. Y cuando quedó embarazada, el abismo entre nosotros se volvió absoluto. Rompió toda comunicación, armó sus maletas y se fue a vivir a la pocilga de ese imbécil.
Liam sintió una opresión dolorosa en el pecho. Las palabras de los Volkov resonaban demasiado cerca de su propia historia. Él también había elegido ignorar las señales rojas con Enrique. Él también había creído que el amor podía cambiar a un hombre violento, solo para verse encerrado en su propia celda.
—Ahí comenzó su infierno —continuó Nikolai, dando un paso desde el ventanal hacia Liam. Su sombra se proyectó larga sobre el suelo—. En cuanto se mudaron juntos, Dimitri descubrió que Sasha no tenía la intención de reconciliarse con nosotros para pedir dinero. Su actitud cambió drásticamente. Comenzó a humillarla, a salir con otras mujeres de manera descarada y a traerlas al propio departamento. Cuando ella protestaba, él se volvía agresivo, físico... La usaba como un saco de boxeo emocional y verbal.
—¿Por qué no volvió con ustedes antes? —preguntó Liam en un susurro, sintiendo que la garganta se le cerraba.
—Orgullo y miedo —respondió Nikolai, deteniéndose justo al lado de la banqueta de Liam. Podía sentir la calidez y el aroma a madera quemada y perfume caro que emanaba del joven ruso—. Miedo a que yo destruyera a Dimitri y miedo a admitir que su padre tenía razón. Pero esta tarde... algo cambió. Nos llamó. Estaba llorando, muerta de pánico. Nos dijo que no aguantaba más, que temía por la vida de su bebé y que nos necesitaba. Quedamos en encontrarnos en una cafetería cercana al centro a las diez de la noche.
—Pero no llegó a la cita —dedujo Liam, atando los cabos sueltos.
—No —dijo Nikolai con la voz rasposa—. Antes de venir a nosotros, cometi el error de ir a encarar a Dimitri al bar donde sabía que él se emborrachaba con sus amantes. Quería exigirle que le devolviera sus documentos y sus cosas personales para no volver a verlo jamás. Y ese imbécil... la empujó a la calle y la golpeó en el estado en que estaba.
El silencio volvió a instalarse en la estancia, denso y cargado de una venganza latente. Liam miró a Nikolai; los ojos del joven ruso despedían una luz peligrosa, pero al cruzar su mirada con la de Liam, la dureza de su rostro se suavizó sutilmente por un segundo.