Selena era una joven de 19 años que convivía con sus padres y sus dos hermanos: Celia, una adolescente de 15 años, y Samuel, un joven de 23 años que se encontraba viviendo en el extranjero con su esposa. Su padre, Santiago, había casado a Samuel a la edad de 20 años, y ahora estaba decidido a encontrar una pareja para Selena. La persona elegida para contraer matrimonio con ella era Carlos Fernández, un joven proveniente de una familia adinerada.
Santiago no tenía dificultades económicas, ya que disponía de una buena situación financiera, pero su objetivo era asegurarse de que sus hijos formaran parte de familias acomodadas a través de sus matrimonios. Esta insistencia por parte de Santiago en unir a sus hijos con personas de buenas posiciones económicas reflejaba su deseo de mantener un estatus social elevado, lo cual se había convertido en una prioridad para él, independientemente de lo que sus hijos pudieran desear. De esta manera, estaba decidido a casar a Selena, sin considerar s
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capítulo 15
Después de un largo rato, finalmente se encontraron a solas. Selena, aprovechando la oportunidad, le dijo a Fernando: No tienes que llevarme de la mano durante todo el camino, por favor. Ya es suficiente; volvamos a casa. No puedo seguir actuando así.
Fernando, al escucharla, soltó una risita y respondió: No es mi culpa, Selena, lo siento. Ante su reacción, Selena puso los ojos en blanco, claramente frustrada.
En ese momento, divisaron a Yuly, que se acercaba sonriente y dijo: Hola, mi amor, ¿qué haces por aquí?. Fernando de inmediato se puso nervioso; Selena se dio cuenta de su inquietud y pensó para sí misma: Así que ella es tu novia. Luego, no pudo evitar quedarse mirándolo, en espera de su reacción.
Fernando se acercó a Yuly y le preguntó con sorpresa: ¿Qué haces aquí? ¿Acaso no me dijiste que ibas a quedarte en casa con una amiga?. Yuly, visiblemente nerviosa, respondió: Sí, amor, pero decidimos salir a caminar un rato. Mi amiga está en el baño, y tú me habías dicho que estarías con tus padres; y ellos son la razón por la cual estas aquí.
En ese momento, Fernando estaba a punto de responder, pero Selena, al notar que los padres de Fernando se acercaban, extendió la mano y se presentó con una sonrisa: Soy Selena, la esposa de Fernando. Mucho gusto.
Fernando miró a Selena con desdén y exclamó: ¿Qué estás diciendo?. Yuly miró a Fernando, intentando aclarar la situación, y dijo: Ella es, amor.
Fernando, visiblemente molesto, comentó: Luego hablamos. La tensión en el aire era palpable mientras todos se encontraban en una situación incómoda.
Selena comentó con un aire de misterio: Ya sabes quién soy, ¿verdad? Yuly sonrió y respondió: Sí, pero no tenía idea de quién eras exactamente. En ese momento, Amanda llegó y, animadamente, dijo: Mis amores, sigamos. Al notar la presencia de Yuly, preguntó: ¿Y ella quién es?
Fernando, aún más nervioso que antes, se apresuró a explicar: Es una amiga, mamá, y Se la estaba presentando a mi esposa. Amanda extendió su mano y, con una sonrisa, dijo: Mucho gusto, soy la madre de Fernando. ¿Y tú?
Yuly, sonriendo, respondió: Un placer conocerla, soy una amiga de Fernando, estudiamos juntos. Mientras tanto, Felipe, al observar a Yuly, recordó que era la chica que Fernando le había presentado en una ocasión anterior y que no era realmente una amiga.
Selena sonrió con alegría. Felipe, por su parte, comenzó a sospechar aún más sobre el estado del matrimonio y, dirigiéndose a Fernando, comentó: Bueno, ya la presentaste, ahora sigamos con el asunto. No podemos dejar a tu esposa esperando por la gran sorpresa que le has preparado.
Fernando y Selena se miraron mutuamente con sorpresa y confusión. Ambos reflexionaron sobre el comentario de Felipe, pensando en lo que realmente estaba sucediendo.
Yuly, al escuchar esas palabras, observó de reojo a Fernando y se preguntó si, en efecto, él mantenía una verdadera relación con Selena. Su expresión se tornó seria, lo que mostró que la situación le preocupaba.
Amanda, sorprendida por lo que había dicho su esposo Felipe, intervino y dijo: Bueno, nosotros mejor nos vamos. Chao, Yuly, cuídate.
Yuly, tomando la mano de Fernando, le dijo: Amigo, luego hablamos.
Fernando, al observar la expresión en el rostro de Yuly, se dio cuenta de que ella se encontraba molesta. Decidió decirle: Sí, amiga, tal vez mañana tengamos la oportunidad de vernos y charlar un poco, ya que ha pasado un tiempo desde la última vez que nos encontramos.
Por su parte, Felipe, al notar que algo no estaba bien, intervino y le dijo a Fernando: Vamos, hijo, no hagamos esperar a tu esposa. No vale la pena descuidar a nuestras esposas por nada.
Yuly le lanzó una mirada despectiva a Felipe, mientras Fernando le dirigió una mirada advertida, y luego comenzó a caminar. Selena se adelantó un poco con Amanda, por otro lado, se resistía a tomar nuevamente la mano de Fernando.
Felipe caminó con su hijo detrás de las esposas y, en un tono serio, le dijo: Mira, Fernando, me he dado cuenta de que esa chica es la misma que me presentaste aquella vez; y, para serte sincero, no es precisamente una amiga. Te lo advierto, no me gusta esa muchacha, no es de fiar. Por esa razón, no la acepto en mi familia. Ahora que estás casado con Selena, debes respetarla. No quiero que me entere de que le haces pasar malos momentos a causa de esa mujer, ¿entendido?
Fernando miró a su padre y luego a Selena, que iba unos pasos delante de ellos. Con voz tranquila, respondió: Papá, sabes que no siento nada por Selena.
Felipe, con una sonrisa en el rostro, comentó: Sé que pronto serán una pareja maravillosa. Amanda, al escuchar esto, se volvió hacia él y, con curiosidad, preguntó: ¿Mis amores, a dónde vamos? ¿Cuál es la sorpresa para Selena y en qué lugar será?.
Selena, que estaba junto a Amanda, miró a su pareja, quien se encontraba pensativo y no tenía idea de cuál era la sorpresa de la que hablaba su padre.
Felipe, dirigiéndose a su esposa, le dijo: Amor, ven aquí. Ahora dejemos que los recién casados suban a su automóvil; el chófer los llevará a un lugar especial. Nosotros, en cambio, mejor regresemos a casa.
Amanda, al escuchar estas palabras, envolvió a su esposo en un cálido abrazo y respondió: Está bien, amor. Luego, se acercó a Selena y a su hijo, les dio un abrazo y les dijo: Disfruten, mis amores.
Selena sonrió mientras subía al automóvil, seguida por Fernando, quien también se despidió antes de entrar. El chófer, al que conocían como Chuo, se puso al volante y comenzó a conducir hacia su destino, indicando que se dirigirían a un lugar que les habían designado.
Selena, intrigada por la situación, giró su cabeza hacia Fernando y le preguntó: Fernando, ¿a dónde vamos? ¿Qué es todo esto?. A lo que Fernando, algo desconcertado, respondió: No lo sé, ahora mismo no tengo idea de qué se ha inventado papá. Luego, dirigiéndose al chófer, le preguntó: Chuo, ¿a dónde nos llevan?.
Chuo, manteniendo una expresión seria, contestó: Mis instrucciones son no decir nada hasta que lleguemos al lugar, señor.
Fernando, sintiendo que esto era un poco desconcertante, insistió: Pero no teníamos nada planeado para hoy. Tal vez deberías decirme a dónde vamos, ya que quizás no estemos vestidos adecuadamente para ese lugar. Sin embargo, Chuo no dijo nada más, optando por seguir con su tarea de conducir.