Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 16 — El padre que nunca conocí
El silencio que siguió a las palabras de su madre fue tan profundo que Isabella apenas podía escuchar su propia respiración.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó finalmente.
Su madre bajó la mirada.
Durante unos segundos pareció debatirse entre continuar hablando o guardar silencio una vez más.
—Quiero decir exactamente lo que escuchaste.
Isabella negó lentamente con la cabeza.
—No. No puede ser. Mi padre…
—Tu padre te quiso proteger.
—¿Protegerme de qué?
La mujer levantó los ojos.
—De él.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Quién es?
Antes de que su madre pudiera responder, se escuchó un ruido en el piso inferior.
Todos se quedaron inmóviles.
Damián fue el primero en reaccionar.
—¿Esperamos a alguien?
Alexander negó.
—No.
Sebastián miró hacia la puerta.
—Entonces alguien entró.
Daniel se acercó a la ventana y observó el exterior.
—No veo ningún vehículo.
Victoria tomó rápidamente una carpeta que estaba sobre la mesa.
—Tenemos que irnos.
—¡No! —intervino Isabella—. No voy a irme otra vez sin respuestas.
Su madre la miró con tristeza.
—Isabella, si permaneces aquí, podrías descubrir cosas que cambiarán todo lo que creías saber.
—Ya cambió todo —respondió ella—. Primero descubrí que ustedes estaban vivos. Después descubrí a los Blackwood, a los herederos, el archivo, la organización… y ahora me dices que el hombre que creía que era mi padre quizá no lo sea.
Damián se colocó cerca de Isabella.
—Tiene derecho a saber.
Su madre observó a Damián durante unos segundos.
—Eso mismo decía Elena.
Damián quedó sorprendido.
—¿Conociste a mi madre?
—Mucho más de lo que imaginas.
Antes de que pudiera continuar, se escucharon tres golpes en la puerta principal.
Toc. Toc. Toc.
Nadie se movió.
Tres golpes más.
Toc. Toc. Toc.
Alexander levantó una mano para indicarles que guardaran silencio.
Daniel señaló hacia un pequeño pasillo.
—Hay otra salida.
Pero Isabella no apartaba los ojos de su madre.
—Dime quién es mi verdadero padre.
Su madre respiró profundamente.
—Su nombre es…
La puerta principal se abrió de golpe.
Todos se sobresaltaron.
Un hombre entró lentamente.
Era mayor, vestía un abrigo oscuro y llevaba en la mano un sobre antiguo.
Victoria dio un paso atrás.
—No puede ser…
El hombre levantó la mirada.
—Ha pasado demasiado tiempo.
Isabella lo observó confundida.
No lo reconocía.
Pero su madre sí.
Y por la expresión de su rostro, Isabella comprendió que aquel hombre formaba parte de la historia que nadie quería contarle.
—¿Quién es él? —preguntó.
El hombre dejó el sobre sobre la mesa.
—Soy alguien que conoció a tu padre.
Isabella frunció el ceño.
—¿Al verdadero?
El hombre asintió.
—Sí.
Damián miró a la madre de Isabella.
—¿Por qué nunca le dijiste?
Ella cerró los ojos.
—Porque si Isabella descubría quién era su padre, también descubrirían quién es ella realmente.
Isabella sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Quién soy?
El hombre abrió el sobre.
Dentro había una fotografía.
La colocó frente a Isabella.
Era una fotografía antigua.
En ella aparecían tres personas.
Su madre.
Elena Blackwood.
Y un hombre joven que Isabella jamás había visto.
Pero había algo en aquel rostro que la desconcertó.
Los ojos.
Eran exactamente iguales a los de ella.
Isabella tomó la fotografía con manos temblorosas.
—¿Él es…?
Su madre finalmente respondió:
—Sí.
Una lágrima recorrió su rostro.
—Ese hombre es tu verdadero padre.
Isabella miró nuevamente la fotografía.
Entonces el desconocido pronunció unas palabras que hicieron que todos quedaran paralizados:
—Y también fue el primer heredero de los Blackwood.
Damián levantó la cabeza de golpe.
—Eso es imposible.
Sebastián tomó la fotografía.
Daniel se acercó.
—No…
El hombre negó lentamente.
—No es imposible.
Señaló la fotografía.
—Porque el nombre que aparece en los documentos no era el verdadero.
Isabella sintió que el mundo volvía a cambiar bajo sus pies.
—¿Cuál era su nombre?
El hombre guardó silencio unos segundos.
Luego respondió:
—Adrián Blackwood.
Damián se quedó completamente inmóvil.
Porque ese nombre no aparecía en ningún registro.
Y, sin embargo, acababan de descubrir que quizá había existido un heredero anterior a todos ellos.
Uno que había desaparecido.
Uno que podría explicar por qué Isabella era tan importante para la organización.
Y, sobre todo…
Uno cuya desaparición parecía estar relacionada con el origen de todo el secreto.