—¿La tienes grande?
Nieves jamás se atrevería a hacerle semejante pregunta a un hombre cara a cara. Pero detrás de su cuenta anónima de TikTok puede decir todo lo que desea… incluso confesar las cosas más sucias que le gustaría hacer con un desconocido irresistible que nunca muestra el rostro.
Lo que no sabe es que ese hombre es Gael.
El chico más deseado de la universidad.
Y el compañero que está sentado justo a su lado.
Gael descubre su identidad cuando cada uno de sus mensajes hace vibrar el celular de Nieves sobre la mesa. Ella no sospecha nada, así que continúa provocándolo, preguntándole por su cuerpo y revelándole fantasías que jamás admitiría en persona.
Él podría decirle la verdad.
En cambio, decide seguirle el juego.
Porque ahora conoce cada uno de sus deseos secretos… y está dispuesto a cumplirlos todos.
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Capítulo 4
Capítulo 4
¿Tanto le gustaba mirar hombres?
Gael abrió el perfil de un creador que bailaba frente a la cámara. El tipo movía las caderas de manera exagerada y los comentarios estaban llenos de insinuaciones.
Entonces vio uno de NievesCarnívora, con cientos de Me gusta:
Diosito, mándame uno así. Si no, deposítame diez millones y quedamos a mano.
Gael sostuvo la mirada sobre la frase.
Después arrojó el celular a la cama. El aparato rebotó y terminó junto a la almohada.
Se secó el cabello con más fuerza de la necesaria, pero la irritación no desapareció. Al cabo de unos minutos recuperó el teléfono y publicó un clip corto haciendo lagartijas.
Varias cuentas comentaron de inmediato. Algunas lo llamaron esposo; otras le exigieron que enseñara la cara.
Gael las bloqueó una por una.
***
Yo me dormí antes de ver la nueva publicación.
Los siguientes días estuvieron llenos de clases de producción audiovisual, edición y prácticas con cámara. Para el viernes estaba demasiado cansada incluso para abrir TikTok.
Al mediodía fui con Renata a la cafetería del campus.
Mientras comíamos, ella me lanzó una mirada cómplice.
—Mañana tienes que ponerte las pilas.
—¿Quieres sacar beca? Si te preocupa la calificación, prometo no dejarte todo el trabajo.
Después de años de presión académica, yo había llegado a la universidad con una sola ambición: aprobar sin destruirme. Renata tampoco era competitiva; prefería repartir el tiempo entre las clases, sus amistades y Mateo.
—No hablo del proyecto —dijo—. Hablo de Gael. Coquetea con él y atrápalo de una vez.
—¿Cómo se hace eso?
Renata abrió los ojos.
—Bebé, ¿de verdad no sabes coquetear?
Sentí que me ardían las mejillas, más por culpa que por timidez.
En internet me sobraba valor. En persona, sin una pantalla que me protegiera, era otra historia.
—Con esa cara y ese cuerpo ni siquiera necesitas aprender —continuó—. Si yo fuera tú, ya habría cometido cada pecado…
Me atraganté.
—Renata.
—Digo la verdad. Cuando aparece un hombre así, ¿quién no querría llevárselo a la cama varias veces?
—Inténtalo tú. Yo te cubro.
—No, gracias. Todavía no me canso de Mateo.
Volví a toser.
Yo era atrevida en línea; Renata lo era en la vida real. No era extraño que nos entendiéramos tan bien.
De pronto dejó de reír y señaló con los ojos.
—Mira.
A dos mesas de distancia, Gael buscaba un lugar con su comida en las manos.
Llevaba una sudadera negra que resaltaba la piel clara de su cuello. La ropa holgada no conseguía esconder los hombros ni la estructura atlética. Incluso en medio de la cafetería, su cara fría atraía miradas.
Otro estudiante lo llamó y ambos se sentaron.
Gael se remangó antes de empezar a comer. Hasta el movimiento de su garganta al tragar tenía una sensualidad absurda.
Me descubrió observándolo.
Bajé la cabeza de inmediato y me llené la boca de arroz, fingiendo que solo había mirado por casualidad. Mis mejillas se inflaron y las orejas siguieron rojas.
Desde su mesa, mi culpabilidad debía de resultar evidente.
***
—¿Conoces a alguien? —preguntó su acompañante.
Iván Salas siguió la dirección de sus ojos y se animó.
—¡No inventes, ahí está la chica que me gusta! Nieves Lara, de Comunicación. ¿No sigues Confesiones UMC? Siempre suben fotos de ella. Como casi no participa en eventos ni se mete a grupos estudiantiles, mucha gente todavía no la ubica.
—¿La conoces?
—Yo sé quién es. Ella no sabe que existo.
—Entonces estás enamorado tú solo.
—No me destruyas, hermano.
Iván volvió a mirar.
—Ahí viene Bruno Góngora. Juega basquetbol con nosotros y lleva semanas intentando conquistarla.
Gael levantó los ojos.
Bruno llevaba el cabello perfectamente acomodado, marcas visibles de pies a cabeza y un arete plateado. Parecía un anuncio ambulante.
—Qué casualidad que hoy venga justo a esta cafetería —murmuró Iván—. Normalmente come en el otro edificio. Seguro averiguó dónde estaría ella.
Bruno se sentó junto a mí.
Iván siguió narrando como si transmitiera un partido.
—Ese tipo no le conviene. Al inicio del semestre lo vi entrar a un hotel con una mujer y ahora se hace el enamorado.
Los cubiertos de Gael se detuvieron.
***
—Hola, Nieves. Qué coincidencia —dijo Bruno.
Su perfume, mezclado con fijador para el cabello, me hizo fruncir la nariz.
—Hola.
Seguí comiendo.
Lo conocía porque una vez acompañé a Renata a ver jugar a Mateo. Bruno me pidió el Instagram y después consiguió mi WhatsApp en el grupo del equipo. Desde entonces me había invitado a salir varias veces.
Era atractivo y tenía buen cuerpo, pero no me provocaba nada. Además, Mateo decía que cambiaba de pareja sexual con demasiada facilidad.
—El domingo jugamos un amistoso contra la universidad de al lado. Ven a verme.
—Lo siento. Tengo que trabajar en un proyecto.
—¿A qué hora terminas? Escríbeme y cenamos. Conozco un restaurante francés que sale mucho en Instagram.
Detestaba los restaurantes cuya única cualidad era servir para tomarse fotos.
Antes de inventar otra excusa, vibró mi celular.
GC: ¿Cómo vas a ir mañana?
La librería quedaba en un centro comercial del centro, a más de diez kilómetros de la universidad.
Miré hacia la mesa de Gael. Él tenía la vista puesta en el teléfono, pero al sentir mis ojos levantó la cabeza.
Nos observamos desde lejos.
Su expresión era tan tranquila que nadie habría adivinado que acababa de escribirme.
Me volví hacia Renata.
—¿Ustedes irán en Metro o pedirán un Uber?
Ella pareció culpable.
—Bueno… Mateo y yo vamos a salir desde el viernes.
Pasarían la noche juntos.
Le indiqué con los ojos que había entendido y respondí:
Nieves, pero no tan santa: Iré en Metro.
GC: ¿Desde la residencia?
Nieves: Sí.
GC: ¿A qué hora?
Nieves: ¿Nueve?
GC: Nos vamos juntos. Te espero a las 8:50 en la entrada.
Parpadeé.
¿Quería ir conmigo?
Nieves: ¿Tú y yo juntos?
GC: Sí. Todavía me pierdo con algunas rutas.
Tenía sentido después de tantos años fuera del país.
Nieves: Entonces nos vemos el sábado.
GC: Va.
Revisé otros mensajes y, sin proponérmelo, dejé a Bruno esperando.
—¿Cuándo tienes tiempo? —insistió, ya molesto.
Alcé la vista con aparente confusión.
—¿Para qué?
—Quiero invitarte a cenar. Conozco un lugar…
—No tienes que agradecerme nada, Bruno. Yo ya terminé. Que disfrutes tu comida.
Tomé mi charola y me puse de pie. Renata entendió de inmediato.
—Nieves, acompáñame por un paquete. También quiero comprar un frappé.
—Vamos.
Nos alejamos antes de que pudiera detenernos.
Bruno apretó la mandíbula. Dejó la comida sin llevar la charola al área de devolución y salió furioso.
Desde la otra mesa, Iván celebró.
—¡Sabía que no le haría caso! Lo evitó como si tuviera una enfermedad. Pero entonces, ¿qué clase de hombre le gusta?
—No sé —respondió Gael—. ¿Ya terminaste?
Guardó el teléfono en el bolsillo.
***
El sábado me levanté temprano.
Las otras dos estudiantes del departamento seguían dormidas en la habitación contigua, así que me moví con cuidado. Había lavado mi cabello la noche anterior y solo necesitaba asearme y vestirme.
Renata no había regresado. Desde las ocho de la noche dejó de contestar mensajes y, tratándose de alguien que normalmente se dormía de madrugada, no hacía falta imaginar demasiado.
No quise interrumpir su felicidad.
Super recomendable.
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solo una observación no lo tomes a mal en este capítulo y en el interior repetiste párrafos. Deberías checar porque se confunde la lectura ☺️☺️☺️