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Mi Esposo, Mi Amor Secreto

Mi Esposo, Mi Amor Secreto

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / CEO / Completas
Popularitas:33.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Elena Paz

Valentina Lozano siempre fue "la hija adoptiva." La que no tiene apellido. La que no pertenece.
Durante más de diez años, amó en silencio a Diego Castillo, el heredero del grupo inmobiliario más poderoso de Ciudad de México. Le dio su juventud, su lealtad y su corazón entero. A cambio, él ni siquiera la veía.
"Solo es la adoptada. No es de nuestra clase."
La noche en que escuchó esas palabras, Valentina se emborrachó y despertó en la suite de un hombre al que apenas conocía: Sebastián Montero, el CEO más joven y cotizado del país.
—Fuiste tú quien se aprovechó de mí —dijo él, señalando la marca de mordida en su cuello.
Para evitar un escándalo que podría hundir su empresa, Sebastián le propuso lo impensable:
Lo que Valentina no sabía era que Sebastián llevaba diez años enamorado de ella. Diez años viéndola desde lejos. Diez años esperando su oportunidad.
Mientras Valentina descubre que su esposo por contrato esconde el amor más profundo que ha conocido, Diego Castillo se da cuenta demasiado tarde de lo que perdió. Y ahora hará lo que sea por recuperarla.
Matrimonio por contrato. Diez años de amor secreto. Un ex que suplica de rodillas. Solo uno de ellos merece su corazón. Y ella ya eligió.

NovelToon tiene autorización de Elena Paz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11

Seis mil millones... él sí la ama

—¿Desde cuándo sonrío así?

La respuesta no llegó esa noche.

Llegó tres días después, en forma de una caja de terciopelo negro sobre la mesa del desayunador de Villa Montero.

Yo acababa de bajar con el cabello todavía húmedo y una libreta bajo el brazo. Había intentado pintar por primera vez desde la boda civil, pero solo conseguí manchar de naranja una esquina del papel. No era fracaso. Era comienzo. Al menos eso me repetí mientras seguía el olor a café.

Sebastián estaba de pie junto a la ventana, hablando por teléfono con alguien de MBT. Al verme, terminó la llamada en dos frases y guardó el celular.

—Buenos días.

—Buenos días.

Mi mirada volvió a la caja.

—¿Eso es para mí?

—Sí.

—Dime que no es otro documento legal.

—No cabe en una caja tan pequeña.

Me acerqué con cautela.

Don Tomás, que fingía revisar las tazas cerca de la barra, se retiró con una discreción demasiado teatral.

—¿Debería preocuparme?

—No.

—Eso dijiste antes de proponer matrimonio.

Sebastián bajó la mirada un segundo, como si aceptara el golpe.

—Tienes razón. Puedes preocuparte un poco.

Abrí la caja.

El anillo parecía una rosa atrapada en luz.

No era solo un diamante. La piedra central, tallada en forma de flor, se levantaba sobre una montura delicada que sugería una corona sin volverse pesada. Pequeños diamantes rodeaban los pétalos, y debajo, casi escondida, una filigrana de oro blanco dibujaba espinas diminutas.

Hermoso.

Imposible.

Carísimo de una forma ofensiva.

—Sebastián.

—Se llama "La Corona".

No pude tocarlo.

—No.

—¿No te gusta?

—No voy a responder una pregunta tan absurda. Claro que me gusta. Parece una pieza de museo.

—Lo es, casi.

—Entonces menos.

Él se acercó, pero no tomó mi mano todavía.

—Es un anillo de boda.

Levanté la mano donde llevaba el anillo de esmeralda de Doña Catalina.

—Ya tengo uno.

—Ese te dio un lugar en mi familia. Este es mío.

La frase me dejó sin una defensa rápida.

Sebastián abrió la caja un poco más, como si quisiera que viera el interior y no solo el brillo.

—No tienes que usarlo todos los días. No tienes que usarlo si no quieres. Pero quería dártelo.

—¿Por la foto? ¿Por la imagen pública?

Su mirada se sostuvo en la mía.

—No.

Esa palabra suya empezaba a ser un problema.

En otra parte de la ciudad, Diego Castillo escuchó el nombre del anillo antes de que Valentina se atreviera a tocarlo.

Había ido a "Primavera" para encontrarse con Andrés después de otra junta desastrosa en Grupo Castillo. Roberto lo había humillado frente al consejo por el asunto de Rodrigo León y por "dejar que una asistente se volviera tema de Montero". Diego llegó tarde, con la pluma de obsidiana reparada con cinta negra en el bolsillo interior del saco.

No sabía por qué la llevaba.

La llevaba.

Andrés estaba en una mesa con Emilio Navarro, quien hablaba demasiado alto desde la tercera cerveza.

—Te digo que no es cualquier anillo —decía Emilio—. Ricardo conoce a un coleccionista que pujó por esa pieza hace años. "La Corona". Diamante en forma de rosa, montura antigua, procedencia europea. Una locura.

Diego se detuvo detrás de una columna.

Andrés lo vio, pero Emilio no.

—¿Cuánto? —preguntó Andrés.

Emilio soltó una risa.

—¿Cuánto? Hermano, no es un anillo, es una amenaza patrimonial. Seis mil millones... no sé si en pesos, en dólares o en exageraciones de joyero, pero una barbaridad. Ese tipo no compró una joya. Compró una declaración.

—Emilio...

—No, neta. Sebastián Montero podrá tener cara de refrigerador caro, pero nadie gasta eso por una esposa de papel. Él sí la ama.

Diego sintió que el piso se movía un poco.

Andrés se puso de pie.

—Diego.

Emilio volteó y cerró la boca.

El silencio fue peor que las palabras.

—¿Qué anillo? —preguntó Diego.

Andrés suspiró.

—No empieces.

—¿Qué anillo?

Emilio, por primera vez en su vida, pareció arrepentido de hablar.

—El de Valentina.

Valentina.

No "Vale".

No "tu Vale".

Valentina, esposa de otro hombre, con un anillo llamado "La Corona".

Diego recordó, con una precisión cruel, el collar de conejito.

Lo había comprado de prisa en una joyería de centro comercial porque Valentina cumplía años y Andrés le recordó la fecha en el estacionamiento. Ella lo recibió con las dos manos, como si le hubiera entregado una estrella. Lo usó durante meses. En reuniones, en la oficina, incluso cuando no combinaba con su ropa.

Él se burló una vez.

"Te gusta demasiado una cosa tan simple."

Ella sonrió y dijo:

"Porque me lo diste tú."

En ese momento le pareció tierno. Ahora le pareció insoportable.

Diego sacó el celular. Buscó el perfil de Sebastián, luego el de Lucía, luego los comentarios donde ya circulaban fotos borrosas de una caja negra saliendo de una joyería privada en Polanco.

No había foto clara del anillo.

Eso lo desesperó más.

—Es show —dijo.

Emilio lo miró con una mezcla de lástima y fastidio.

—Diego, tú le regalaste un collar de conejito que ella guardó como si fuera una reliquia. Él le está dando una corona.

El golpe fue limpio.

Andrés murmuró:

—Ya basta.

Pero Diego ya no escuchaba.

La mano se le fue al bolsillo interior del saco, donde la pluma de obsidiana, pegada con cinta negra, le raspó los dedos. Había intentado repararla esa mañana sin saber para qué. Tal vez porque era más fácil unir una pluma rota que aceptar que Valentina había dejado de recoger los pedazos de él.

—Ella no necesita una corona —dijo, pero su voz ya no sonó segura.

Emilio bajó la vista.

—Tal vez no. Pero alguien quiso darle una.

En Villa Montero, yo seguía mirando el anillo como si pudiera morderme.

—No puedo aceptar algo así —dije.

—Puedes.

—No debería.

—También puedes.

—Sebastián.

—Valentina.

Volvimos a ese juego absurdo de nombres, solo que esta vez su voz no tenía humor. Tenía una paciencia que me hacía daño.

—¿Por qué? —pregunté.

Él tomó el anillo de la caja.

La luz de la mañana atravesó la piedra y dejó un destello sobre la mesa.

—Porque cuando te vi con el anillo de mi abuela, pensé que por primera vez una casa te había abierto la puerta. Y quise darte algo que no dependiera de la casa, ni de mi abuelo, ni de la urgencia de nuestro matrimonio.

—¿Entonces de qué depende?

Sebastián sostuvo mi mano.

—De mí.

El pulso me golpeó en la garganta.

Quise bromear. Decir que era demasiado cursi. Que parecía una línea ensayada. Que nadie hablaba así en un desayunador con café enfriándose.

No pude.

Sebastián deslizó "La Corona" en mi dedo.

El diamante rosa-corona encajó junto a la esmeralda de Doña Catalina sin pelear con ella. Una familia. Una promesa. Dos pesos distintos sobre la misma mano.

Me temblaron los dedos.

Sebastián los cubrió con los suyos.

—¿Está muy pesado?

Yo negué.

No era el anillo.

Era la forma en que me miraba, como si no acabara de ponerme una joya imposible, sino algo que llevaba años guardando para mí, esperando este exacto segundo.

Y aun así, mi mano no dejaba de temblar bajo la luz quieta de la mañana.

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Mirna Lobo
Ésta historia fué diferente a todas las que he leído, tienes un talento y una imaginación asombrosa, fué fácil de leer , muy bien redactada , felicidades escritora me fascinó, que sigan los éxitos 😊
Mirna Lobo
Renata la quería a su manera pero la quería /Proud/
Mirna Lobo
muy bonito 💞 la ceremonia genial ☺️🤩🤩🤩
Mirna Lobo
Lucia y Gabriel son el toque dramático y de humor que les hace falta 🤣🤣🤣🤣
Mirna Lobo
esa familia es genial 😊 toda novia quisiera una así, que te quieran y te apoyen 😊
Mirna Lobo
pienso que esa pintura puede ser un homenaje a él por todos los cuadros que él mandó hacer en el transcurso de esos 10 años demostrando que ella no era invisible para él y que prefería verla feliz aunque no fuera con él, es hora de rendirle un homenaje con su pintura 😊
Mirna Lobo
pues si, llegaste tarde y cuando eso pasa te pierdes todo lo que pasó al principio y por eso no sabes nada, y sabes por qué? porque te creíste superior y menospreciaste lo que era importante, ahora asume las consecuencias 🤨
Mirna Lobo
que tipo tan patético /Right Bah!/ahora sí viene con el rabo entre las piernas 🤨
Mirna Lobo
veremos que pasa? viene el inútil a joder 🤨
Mirna Lobo
veremos que pasa? viene el inútil a joder 🤨
Mirna Lobo
me parece injusto escritora, sin detalles 🤨 esperé mucho y quedé como novia de pueblo vestida y alborotada 😉🤣🤣🤣
Mirna Lobo
aprecia ese amor 💞😍 déjate amar, y si el Diego aparece mándalo al carajo por engreído y estúpido, sé feliz con él hombre que sí vale la pena 😍😍😍
Mirna Lobo
yo después de todo esto, lo llamo para que vaya y tenga la luna de miel con el hombre que siempre la amó y que no tuvieron después que se casaron!!!! no lo pensaría mucho 😊😸
Mirna Lobo
que bonito 😍😘😘
Mirna Lobo
ese hombre se merece muchos besos 😘 y más 😍
Mirna Lobo
me gusta, peeero los veo lentos 🤨 quiero ver más romance 😊
Mirna Lobo
ponte osada Valentina 😊 para que él dé rienda suelta a sus emociones 😍😍😍
Mirna Lobo
me quedé 😐 esperaba más 😸
Mirna Lobo
eso pensé!! hay que ir al grano 😊
Mirna Lobo
me encanta Sebastián 😊 y sólo espero el momento en que se den su primer beso 😍😍😍
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