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El magnate y la mariposa

El magnate y la mariposa

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:19.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Elena Paz

Valentina Herrera tiene veinticinco años, un departamento diminuto en Narvarte y un trabajo que podría perder en cualquier momento. No pide mucho: pagar la renta, sobrevivir el Metro y que su jefa no la despida antes de fin de mes.

Una noche, su mejor amiga la arrastra a un bar en Polanco. Música cara, gente que huele a dinero, copas que cuestan lo que ella gana en un día. Valentina no pertenece ahí. Lo sabe. Todos lo saben.

Pero entonces aparece él.

Santiago Montero. Heredero de Grupo Montero. El tipo de hombre que no debería mirarla dos veces... y que no deja de buscarla después de esa noche.

Lo que empieza como un error de una copa de más se convierte en algo que Valentina no puede controlar: cenas en restaurantes donde no entiende el menú, un closet lleno de ropa que jamás podría pagar, y un hombre que la mira como si fuera lo único real en su mundo de cristal.

Pero la familia Montero no acepta a cualquiera. Don Fernando, el patriarca, tiene otros planes para su hijo. Planes que incluyen apellidos correctos, fortunas compatibles y una mujer que no viaje en Metro.

Y Santiago... Santiago tiene un secreto. Uno que va a destrozarla.

"Nunca más. Si me vuelves a mentir, desaparezco de tu vida para siempre."

¿Puede el amor sobrevivir a la mentira más cruel cuando esa mentira nació del amor más profundo?

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NovelToon tiene autorización de Elena Paz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9: Ella es mi novia

Valentina dijo que no al Country Club.

Lo dijo el sábado por la noche, por mensaje, con una firmeza que le duró hasta que Santiago respondió:

"Está bien. No quiero llevarte a un lugar donde no quieras estar."

No insistió. No lanzó otra frase bonita. No le mandó flores ni hizo drama. Eso la dejó mirando el celular con una molestia absurda.

Al domingo por la mañana, Isabella llamó y terminó de empujarla.

—Val, si ese hombre quiere esconderte, malo. Si quiere llevarte, también te asustas. ¿Exactamente qué opción le estás dejando?

Valentina estaba sentada en la cama, con tres cambios de ropa alrededor.

—La opción de tener sentido común.

—El sentido común no besa bien, amiga.

—Isa.

—Además, no vas por ellos. Vas por ti. Si te miran feo, míralos de vuelta. No eres menos por no haber nacido en una mesa de golf.

Valentina bajó la vista a un vestido azul marino que había comprado en Liverpool con meses sin intereses. Era bonito. En Narvarte, para una cena o una fiesta familiar, habría sido más que suficiente. En un Country Club de élite, no estaba segura.

—No tengo la ropa correcta.

—La ropa correcta es la que te permita caminar sin pedir perdón.

Valentina respiró hondo.

Una hora después, le escribió a Santiago:

"Voy. Pero si alguien me pregunta de qué familia soy, me voy."

Él respondió:

"Si alguien te pregunta eso, nos vamos los dos."

Eso fue lo que la hizo ir.

El Country Club estaba detrás de otro portón, otro guardia, otra lista de nombres que parecía decidir quién existía y quién no. A diferencia de la casa de Lomas, el lugar no fingía privacidad: exhibía pertenencia. Jardines perfectos, hombres con polos caros, mujeres con gafas de sol enormes, niños rubios o castaños corriendo con niñeras detrás. El aire olía a pasto recién cortado, perfume discreto y dinero viejo.

Santiago la recibió en la entrada, no dentro.

—Estás preciosa —dijo.

Valentina bajó la mirada a su vestido.

—No empieces.

—No estaba empezando. Estaba informando.

Ella quiso contestar algo, pero él le ofreció el brazo. No la tomó de la mano sin permiso. Le ofreció el brazo, como si la invitara a entrar con dignidad, no como si tuviera que arrastrarla.

Valentina lo aceptó.

La terraza principal estaba llena de gente. Patricio los vio primero y levantó un vaso.

—¡Santiago! Ya pensábamos que te habías fugado.

Alejandro, sentado junto a él, sonrió al ver a Valentina.

—Así que tú eres la razón.

Santiago no soltó el brazo de Valentina.

—Valentina Herrera. Patricio. Alejandro.

—Mucho gusto —dijo ella.

—El gusto es nuestro —respondió Patricio, con una cortesía fácil—. Santiago no presenta a nadie desde... bueno, nunca.

—Pato —advirtió Santiago.

—¿Qué? Estoy siendo encantador.

Alejandro le acercó una silla a Valentina.

—Siéntate antes de que este idiota diga algo peor.

Valentina agradeció y se sentó. Al principio, todo fue soportable. Patricio y Alejandro eran superficiales, sí, pero no crueles. Hicieron bromas sobre Santiago, sobre su obsesión con llegar temprano a todo y sobre una vez que perdió un partido de pádel y no habló en veinte minutos.

Valentina se rió más de lo que esperaba.

Entonces Santiago recibió una llamada breve de trabajo y se apartó unos metros, aún a la vista. Fue cuestión de segundos. Como si algunas personas solo esperaran que él dejara de oír.

Dos mujeres en una mesa cercana bajaron la voz, no lo suficiente.

—¿Quién es?

—No sé. La trajo Santiago.

—¿De qué familia?

—Ni idea. Pero ese vestido no es de aquí.

La frase no fue un grito. No tenía que serlo. Entró suave, educada, con filo suficiente para cortar.

Valentina sostuvo el vaso de agua.

Patricio dejó de reír. Alejandro miró hacia las mujeres con incomodidad. Ninguno dijo nada. Esa cobardía pequeña, social, correcta, dolió más de lo que Valentina quiso admitir.

—A lo mejor es de trabajo —dijo otra voz—. Ya sabes, Santiago siempre ha sido... caritativo con sus causas.

Valentina sintió que el calor le subía al cuello. Se obligó a dejar el vaso sobre la mesa antes de romperlo. Podía levantarse. Podía irse. Había cumplido. No tenía por qué quedarse sentada mientras desconocidas le ponían precio a su vestido.

Se puso de pie.

—Valentina —dijo Alejandro en voz baja.

—Voy al baño.

No era cierto. Solo necesitaba respirar.

Dio dos pasos.

Santiago apareció a su lado.

—¿Todo bien?

Ella vio en su cara que ya sabía que no.

—Sí.

—Valentina.

—No hagas una escena.

Fue lo peor que pudo decirle.

Santiago levantó la mirada hacia la mesa de las mujeres. No habló de inmediato. Solo pasó una mano por la cintura de Valentina, despacio, firme, y la atrajo a su lado. No como propiedad. Como respuesta.

El murmullo de la terraza bajó medio tono.

Valentina se quedó rígida.

—Santiago —susurró.

Él inclinó la cabeza y le besó la frente.

Fue un gesto simple, casi tierno. Precisamente por eso tuvo más fuerza que cualquier grito. En un lugar donde todos entendían códigos, ese beso decía más que una discusión completa.

Luego Santiago miró a Patricio, a Alejandro, a las mujeres de la mesa cercana y a cualquiera que estuviera fingiendo revisar su celular.

—Ella es mi novia —dijo.

El silencio que siguió fue perfecto.

Valentina sintió que el aire se le atoraba en el pecho. La palabra "novia" quedó entre ellos, nueva, pública, imposible de esconder en un mensaje o en un pasillo de Narvarte.

Una de las mujeres intentó sonreír.

—Santiago, nadie dijo...

—Escuché suficiente —la interrumpió él, sin subir la voz—. Y si alguien tiene curiosidad por Valentina, puede preguntarme a mí. Con respeto.

Patricio dejó su vaso sobre la mesa.

—Bueno, pues yo tengo una pregunta.

Santiago lo miró con frialdad.

Patricio levantó ambas manos.

—¿Valentina juega pádel? Porque necesitamos a alguien que por fin derrote a este insoportable.

La tensión se quebró apenas. Alejandro soltó una risa agradecida. Valentina miró a Patricio y entendió que era su forma torpe de reparar el silencio anterior.

—No juego —dijo ella, recuperando la voz—, pero puedo aprender si eso lo humilla.

—Me cae bien —declaró Alejandro.

Santiago bajó la vista hacia ella. La dureza se le aflojó en los ojos.

—¿Quieres irte?

Valentina miró la terraza. Varias personas desviaron la vista. Otras le sonrieron de pronto con una amabilidad sospechosa. El vestido seguía siendo el mismo. Ella también.

Pero ya no estaba sola.

—No —dijo.

La respuesta sorprendió a Santiago.

—¿Segura?

—Sí. Quiero agua mineral. Con limón.

Él sonrió apenas.

—Ahora vuelvo.

Cuando se apartó hacia la barra, Patricio se inclinó hacia ella.

—Oye, lo de antes...

Valentina lo miró.

—¿El silencio?

Patricio hizo una mueca.

—Sí. Eso.

—No lo vuelvas a hacer.

Alejandro soltó un silbido bajo.

—Definitivamente me cae bien.

Patricio asintió, más serio.

—No lo vuelvo a hacer.

Valentina aceptó la disculpa con un gesto, no con una sonrisa. No les debía más.

El resto de la tarde fue extraño, pero no insoportable. Santiago se mantuvo cerca sin encerrarla. Cuando alguien se acercaba a saludar, la presentaba por su nombre completo, no como una explicación. "Valentina Herrera." Nada más. Como si eso bastara.

Y cada vez que lo hacía, ella respiraba un poco mejor.

Al caer la tarde, salieron hacia el estacionamiento. Valentina llevaba los pies cansados y la cabeza llena de voces ajenas, pero caminaba derecha.

—Lo siento —dijo Santiago junto al coche.

—No fue tu culpa.

—Es mi mundo.

Valentina lo miró.

—Entonces enséñale modales.

Santiago soltó una risa baja y la atrajo de la mano, solo un poco.

—Con gusto.

Ella no se apartó. Le sostuvo la mirada y, por primera vez desde que lo conocía, no quiso salir corriendo de su mundo.

Esa noche, cuando llegó a Narvarte, recibió un mensaje de Isabella.

"¿Es cierto que Santiago Montero te presentó como su novia en el club?"

Valentina miró la pantalla, luego la pulsera de mariposa en su muñeca.

Antes de responder, el teléfono vibró otra vez.

"Val, respóndeme. Porque Emilio dice que medio Polanco ya está hablando de ti."

1
Zaira
Bella me encanto.
Aida Rodriguez
q feo fin
MANATE
💯🤗
AYA
😒😒😒 que boba🙄
Elena Yobany Santacruz Alejandria
dios q hombre terco..pero mas ella no afloja solo se complica.
Rosa Rodelo
Foto
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
Elena Yobany Santacruz Alejandria
q paciencia tiene nuestro protagonista 🥰🥰
milagros perales
Me encantó
Yanira Aguilar
hermosa novela
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