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Enamorada De Mi Suegro

Enamorada De Mi Suegro

Status: Terminada
Genre:Casada Con Mi Ex's Familiar / Padre soltero / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

Ayzel descubre que su novio le es infiel después de tres años de relación. Ella quiere destruirlo y para eso utilizará a su suegro, un CEO muy famoso y millonario.

Lo que Ayzel no sabe es que su suegro, desde hace mucho la desea y no le importaría que ella lo use mientras se quede a su lado.

¿Podrán Ayzel llegar a enamorarse perdidamente de su suegro o solo seguirá con el plan original?



Espero que les guste. ¡Síganme para más!

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Capítulo 18: El jaque final

El coche se deslizaba por las carreteras oscuras de las afueras de Berlín. Helena Voss conducía en silencio, sus ojos fijos en la carretera, mientras Ayzel y Alexander iban en el asiento trasero, intercambiando miradas nerviosas. El dispositivo de rastreo que Alexander llevaba oculto bajo la ropa era su única conexión con Richter y su equipo. Pero las paredes del castillo eran gruesas, y la señal podría perderse.

—¿Adónde nos lleva realmente? —preguntó Alexander, rompiendo el silencio.

—Ya lo verá —respondió Helena, sin apartar la mirada de la carretera—. La reina quiere hablar con ustedes en privado. En un lugar donde nadie pueda interrumpir.

—¿Y si nos negamos?

—No pueden. —Helena sonrió, una sonrisa fría—. Ya han llegado demasiado lejos para echarse atrás.

El coche atravesó una verja de hierro forjado y se adentró en un camino rodeado de árboles centenarios. Finalmente, se detuvo frente a una construcción imponente: el castillo que Ayzel había visitado días antes, pero que ahora se alzaba ante ellos como una fortaleza inexpugnable.

—Bajen —ordenó Helena.

Obedecieron. El viento soplaba fuerte, y las hojas secas bailaban a su alrededor. Helena los condujo a través del vestíbulo, por un pasillo decorado con tapices antiguos, hasta una puerta de roble macizo.

—La reina los espera dentro.

Helena abrió la puerta y los hizo pasar. La habitación era amplia, iluminada por una araña de cristal que proyectaba destellos de luz sobre las paredes de piedra. En el centro, sentada en un trono de madera tallada, estaba Elena Voss.

Pero no estaba sola.

A su lado, de pie, con una expresión de triunfo en el rostro, había una figura que Ayzel reconoció al instante.

—Laura —susurró, sintiendo que la sangre se helaba en sus venas.

Laura sonrió, mostrando los dientes como un lobo.

—Sorpresa, ¿verdad? —dijo, dando un paso adelante—. Creíais que estaba en la cárcel. Pero la reina tiene muchos recursos.

—¿Cómo has salido? —preguntó Alexander, con voz tensa.

—Unos amigos bien situados —respondió Laura—. Y una jueza que debe favores. Pero eso no es importante. Lo importante es que estáis aquí. Ahora.

Elena se levantó de su trono y caminó hacia ellos, sus pasos resonando en el suelo de piedra.

—Han sido muy inteligentes —dijo, dirigiéndose a Ayzel—. Casi creo su pequeña farsa. Pero no lo suficiente.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Ayzel, manteniendo la calma a duras penas.

—Que sabía que Alexander no permitiría que robara sus documentos sin tomar precauciones. —Elena sonrió—. Y sabía que usted, señorita Hudson, fingiría traicionarlo para ganarse mi confianza. Pero yo llevo treinta años esperando este momento. No iba a dejar que un par de aficionados arruinaran mi plan.

—¿Entonces todo esto era una trampa? —preguntó Alexander.

—Exacto. —Elena se detuvo frente a él—. Los he traído aquí para que presencien el final. El final de la dinastía Woodgreen.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Ayzel, con voz temblorosa.

—Lo que debería haber hecho hace treinta años. —Elena sacó una pistola de entre los pliegues de su vestido—. Alexander va a pagar por lo que le hizo a mi madre. Y usted, señorita Hudson, va a presenciarlo. Y luego, cuando todo haya terminado, decidiré si la dejo vivir o no.

La situación era desesperada. Alexander miró a su alrededor, buscando una salida, pero Laura bloqueaba la puerta y Elena tenía la pistola. No había escapatoria.

—¿Por qué todo este odio? —preguntó Alexander, tratando de ganar tiempo—. Lo que pasó con Victoria fue hace treinta años. Yo era joven, cometí errores...

—¡Errores! —Elena soltó una risa amarga—. La arruinaste. La humillaste. La obligaste a huir de Berlín con una hija pequeña y sin un céntimo. Mi madre murió de cáncer, sí, pero murió con el corazón roto, gracias a ti.

—Yo no sabía que tenía una hija.

—Eso no la excusa. —La voz de Elena se quebró por un instante, pero se recuperó—. Crecí escuchando historias sobre ti. Sobre el hombre que destruyó a mi madre. Y juré que te haría pagar.

—¿Y matarme te devolverá a tu madre?

—No. Pero me dará paz.

Elena levantó la pistola y apuntó al pecho de Alexander. Ayzel sintió que el tiempo se ralentizaba. Vio el dedo de Elena apretando el gatillo, vio el rostro de Alexander, sereno, aceptando su destino.

Y entonces, ocurrió algo inesperado.

La puerta se abrió de golpe.

—¡Alto! ¡Policía!

Richter irrumpió en la habitación, seguido de media docena de agentes armados. Elena giró, sorprendida, y en ese instante de distracción, Alexander se lanzó hacia un lado, derribando una lámpara y sumiendo la habitación en la penumbra.

—¡No os mováis! —gritó Richter—. ¡Suelta el arma!

Pero Elena no obedeció. En lugar de eso, disparó.

El fogonazo iluminó la habitación. Ayzel sintió un impacto en el hombro, un dolor cegador, y cayó al suelo. Oyó gritos, disparos, y luego, el silencio.

Cuando abrió los ojos, vio el rostro de Alexander inclinado sobre ella, con lágrimas en los ojos.

—Ayzel, Ayzel, quédate conmigo. —Le presionaba el hombro, tratando de detener la sangre—. Todo va a salir bien.

—¿Elena? —susurró ella, con voz apenas audible.

—Está muerta. Laura también. Richter llegó justo a tiempo. —Alexander la besó en la frente—. Todo ha terminado.

Ayzel sonrió, débilmente, y luego cerró los ojos.

Despertó en un hospital, tres días después. Alexander estaba a su lado, sosteniendo su mano, con el rostro marcado por la falta de sueño.

—Has vuelto —dijo él, con voz temblorosa.

—Parece que sí. —Ella intentó sonreír, pero el dolor en el hombro se lo impidió—. ¿Qué pasó?

—La bala atravesó el hombro. Perdiste mucha sangre, pero los médicos dicen que te recuperarás. —Alexander apretó su mano—. Richter detuvo a Elena y a Laura. Elena está muerta. Intentó dispararle a Richter y los agentes la abatieron. Laura está en prisión, esta vez de verdad.

—¿Y Helena Voss?

—Desapareció. Pero sin Elena, no es una amenaza. —Alexander suspiró—. Todo ha terminado, Ayzel. La reina ha caído.

Ella asintió, sintiendo una paz que no había experimentado en meses.

—¿Y nosotros?

—Nosotros tenemos toda una vida por delante. —Él sonrió—. Si quieres quedarte.

—Sí —respondió ella, sin dudar—. Quiero quedarme.

Se besaron, dulcemente, mientras la luz del atardecer entraba por la ventana del hospital.

El pasado, finalmente, había sido enterrado.

Y el futuro, brillante y prometedor, los esperaba.

...****************...

Seis meses después, en una soleada mañana de primavera, Ayzel y Alexander caminaban tomados de la mano por el Tiergarten. El cielo estaba despejado, los árboles florecían, y la vida parecía haber recuperado su curso normal.

—¿Sabes? —dijo Ayzel, deteniéndose para observar un cisne en el lago—. A veces pienso en todo lo que pasó. Y me cuesta creer que haya terminado.

—Ha terminado —dijo Alexander, abrazándola por la cintura—. Elena murió. Laura está en prisión. Y Helena Voss nunca volvió a aparecer. Todo ha terminado.

—Pero las cicatrices quedan. —Ella se tocó el hombro, donde la bala la había alcanzado—. Físicas y emocionales.

—Las cicatrices nos recuerdan que sobrevivimos. —Él la besó en la frente—. Y que somos más fuertes gracias a ellas.

Ella sonrió, apoyando la cabeza en su hombro.

—Te quiero, Alexander.

—Yo también te quiero, Ayzel. Y prometo que nunca más habrá secretos entre nosotros.

—Lo sé. —Ella alzó la vista hacia él—. ¿Crees que algún día podremos olvidar todo esto?

—No. Pero podemos aprender a vivir con ello. Juntos.

Se quedaron en silencio, observando el lago, sintiendo que el tiempo curaba lentamente las heridas.

El pasado había sido un campo de batalla.

Pero el futuro, por fin, era suyo.

...****************...

1
Jipsianay Garcia
gracias autora
Aura Prieto MPH
😈
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