Han pasado muchos años desde que las almas gemelas salvaron Arturias y devolvieron la paz al reino. El rey Carlos y la reina Miranda disfrutan de ver a sus hijos, Edward, Laura, Patrik y Fernanda, convertidos en grandes líderes y formando familias unidas. Mientras tanto, sus hijos han crecido y se han preparado para seguir el legado de sus padres.
Pero la tranquilidad llega a su fin cuando una poderosa amenaza resurge para intentar destruir Arturias. Ante el peligro, toda la familia real volverá a unirse en una misma batalla. Padres e hijos lucharán hombro a hombro, demostrando que la fuerza de su unión es mayor que cualquier enemigo.
Los nuevos herederos no solo deberán enfrentarse a un destino incierto, sino también aprender a dominar el extraordinario don que distingue a su linaje: la capacidad de comunicarse y luchar junto a los animales. Con ellos como sus más fieles aliados, descubrirán que el verdadero poder nace de la confianza, el valor y el amor por la familia.
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Las huellas del bosque
El Bosque de Pachamama permanecía en un silencio inquietante.
Los tres grupos Élites avanzaban lentamente entre los enormes árboles. Nadie hablaba. Solo se escuchaba el sonido de las hojas movidas por el viento y el paso de los caballos sobre la tierra húmeda.
Fernanda caminaba al frente junto a Carlos, Manuel, Samuel y cuatro guardabosques del Norte.
El viejo lobo que había aparecido minutos antes seguía caminando delante de ellos.
De vez en cuando se detenía, observaba el bosque y volvía a avanzar.
—Nos está guiando —dijo Carlos en voz baja.
Fernanda asintió.
—Quiere mostrarnos algo.
A casi un kilómetro de allí, Edward dirigía otra patrulla junto a Dante, Gael y Liam.
Revisaban los antiguos puestos de vigilancia del bosque.
Uno de los guardias levantó la mano.
—Comandante... mire esto.
Sobre el tronco de un árbol aparecía el mismo símbolo que habían encontrado en el Reino del Sur.
Edward pasó lentamente la mano sobre la marca.
—Otra vez...
Dante observó los alrededores.
—Quieren que sepamos que estuvieron aquí.
Mientras tanto, Patrik, Lorena, Alejandro y Rocafox recorrían el lado oriental del bosque.
Los guardabosques saludaban con respeto a Rocafox, quien conocía cada sendero de Pachamama desde su juventud.
De pronto, Lorena descendió de su caballo.
Frente a ella había varias trampas ocultas entre la vegetación.
Dentro de una de ellas había un zorro herido.
—Pobrecito... —susurró.
Con mucho cuidado lo liberó.
Rocafox observó las trampas.
—No fueron hechas para cazar por alimento.
Patrik frunció el ceño.
—Las colocaron para capturar animales vivos.
En ese mismo instante, una paloma mensajera sobrevoló el bosque.
Descendió hasta donde se encontraba Edward.
El mensaje llevaba el sello del rey Carlos.
Edward lo leyó rápidamente.
—"No arriesguen un enfrentamiento. Su prioridad es descubrir qué buscan y proteger el Árbol Madre."
Edward guardó el pergamino.
—Seguiremos investigando.
Al mismo tiempo, el viejo lobo condujo a Fernanda hasta un pequeño claro.
Allí el grupo encontró restos de una antigua fogata.
Había huellas recientes de botas y varias flechas rotas.
Manuel se arrodilló para examinarlas.
—Se marcharon hace poco.
Fernanda levantó la vista hacia los árboles.
Los pájaros permanecían completamente callados.
Entonces habló casi en un susurro.
—No se fueron...
Respiró profundamente mientras observaba la espesura.
—Siguen aquí... y nos están observando.
Las manos de todos se dirigieron lentamente hacia sus espadas, arcos y dagas.
El bosque volvió a quedar en absoluto silencio.
Patrik levantó la mano, indicando a todos que permanecieran inmóviles. Alejandro tomó su arco y apuntó hacia unos arbustos que se movían lentamente. Carlos y Manuel avanzaron unos pasos para cubrir a Fernanda mientras ella observaba el comportamiento del lobo. De repente, dos guardabosques salieron de entre los árboles.
—¡Alto! Somos patrullas del Norte.
Rocafox respiró aliviado.
—¿Encontraron algo?
Uno de ellos asintió.
—Hallamos un campamento abandonado a menos de quinientos metros. Hay restos de comida reciente, flechas, varias dagas y mapas del bosque. También descubrimos que los atacantes vigilan los senderos principales, pero utilizan túneles antiguos para desplazarse sin ser vistos.
Gracias por leer.
Continuará...