La vida de Elena terminó de forma repentina y prematura mientras leía su novela favorita, una historia llena de pasión, intrigas y paisajes exóticos ambientada en el reino desértico de Al-Jazair. Pero la muerte no fue el final: al despertar, descubre con horror e incredulidad que ha renacido dentro de esa misma historia… encarnando al personaje más desafortunado y condenado de todos: la esposa política del temido príncipe Zayn Al-Khalid.
Conocido en todo el mundo como "El Villano del Desierto", Zayn es un hombre de belleza imponente y naturaleza despiadada. Rico, poderoso y peligroso, gobierna con mano de hierro y vive marcado por la oscuridad y la soledad. En la trama original, la esposa que Elena ahora habita fue una mujer arrogante, orgullosa y llena de rencor, que despreció a su esposo y a sus costumbres, y que cometió el error fatal de interponerse en el camino de la verdadera protagonista: la mujer destinada a llegar al palacio para cambiar el corazón del villano.
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Capitulo 15: La primera audiencia.
Pasaron tres días desde que terminé de estudiar todas las normas, costumbres y tradiciones de Al-Jazair. Tres días en los que no salí de mis aposentos, dedicada exclusivamente a practicar cada gesto, cada palabra y cada movimiento que debía usar. Quería que todo fuera natural, que mi nueva forma de ser no pareciera un disfraz, sino algo que nacía de mí misma. Sabía que el cambio era grande y que todos estaban atentos, esperando ver si mi nueva actitud duraba o si solo había sido un capricho pasajero. Y yo tenía la firme determinación de demostrarles que esto era definitivo.
Esa mañana, mientras Layla me peinaba con mucho cuidado, trenzando mi cabello castaño dorado y sujetándolo con las peinetas de nácar que tanto me gustaban, escuchamos unos golpes suaves en la puerta. Al dar permiso, entró un sirviente de alto rango, vestido con elegantes túnicas de color azul oscuro y una cadena de oro al cuello, símbolo de su cargo como jefe de protocolo. Traía en sus manos una bandeja de plata con varios sobres de papel grueso, sellados con lacre rojo y negro.
—Saludos a Su Alteza Real, la Princesa Elena —dijo con voz grave y respetuosa, inclinándose profundamente ante mí—. Traigo invitaciones y comunicaciones oficiales de la corte, enviadas por las familias nobles y los consejeros del reino.
Layla tomó la bandeja y se la acercó a mí. El hombre permaneció allí, con la cabeza baja, esperando. Yo, recordando todo lo que había aprendido, me senté con la espalda recta, las manos juntas sobre mi regazo, mirada suave y baja, y hablé con tono mesurado y amable.
—Gracias por traerlas. Agradezco mucho vuestra diligencia. Podéis iros en paz.
El sirviente alzó la cabeza un instante, sorprendido. Sin duda, esperaba frío, indiferencia o incluso malas palabras, como era costumbre antes. Al ver mi sonrisa tranquila y mi trato respetuoso, hizo una reverencia aún más profunda y salió en silencio, pero no sin antes lanzarme una mirada de curiosidad y aprobación.
Cuando quedamos solas, tomé el primer sobre y lo abrí. Era una invitación de la esposa del Gran Visir, la mujer más importante de la corte después de mí, para una reunión de damas que se celebraría esa misma tarde. La siguiente venía de la hermana del príncipe Zayn, una mujer respetada y temida por igual, que me invitaba a tomar el té al día siguiente. Había más: de esposas de generales, de parientes lejanos, de damas de la nobleza local. Todas eran oportunidades, pero también eran pruebas.
—Ya ha llegado el momento, Layla —dije mientras leía las palabras grabadas en elegante caligrafía—. Todos me llaman. Todos quieren verme, observarme, juzgarme y ver qué clase de mujer soy ahora. Saben que he cambiado, han oído rumores… y quieren comprobarlo con sus propios ojos.
Layla asintió, mientras me ayudaba a elegir el vestido adecuado para esa tarde. —Es cierto, mi señora. Antes, o rechazabais todas las invitaciones con excusas orgullosas, o ibais y os quejabais de todo, mirando a las demás por encima del hombro. Hoy, si aceptáis y os comportáis como habéis aprendido… será la confirmación de que sois diferente. Pero tened cuidado: todos os juzgarán, cada palabra, cada gesto, cada mirada. Buscarán cualquier fallo para decir que seguís siendo la misma.
—Lo sé —respondí con firmeza—. Y precisamente por eso, no habrá ni un solo fallo. Hoy iré a casa de la esposa del Gran Visir. Es la primera audiencia oficial. Y allí, ante todos ellos, demostraré que la princesa orgullosa y arrogante ya no existe. Que ahora hay una mujer digna, educada y que entiende perfectamente su lugar.
Me vestí con un traje de seda de color blanco marfil, adornado solo con bordados de hilos dorados muy finos, sencillo, pero de una elegancia absoluta. Cubrí mi cabello con un velo ligero del mismo color, tal como marcaba la tradición, dejando ver solo mi rostro y mis ojos. Me puse las joyas justas: unos pendientes de perlas y un collar pequeño, nada llamativo, nada que gritara riqueza o vanidad. Quería que vieran mi porte, mi actitud, mi educación… no mis lujos.
Al verme lista, Layla suspiró con admiración. —Parecéis una reina, mi señora. No solo por la belleza, que es inmensa, sino por la calma y la dignidad que irradiáis. Nadie podrá encontrar nada malo que decir hoy.
—Entonces, vamos —dije, enderezándome—. Es hora de enfrentar a la corte.
El carruaje me llevó hasta la gran residencia del Gran Visir, ubicada en la parte más alta de la ciudad, con vistas al palacio real y al desierto infinito. Al bajar, sentí las miradas de todos los sirvientes que estaban en la entrada. Caminé con paso lento, elegante, la cabeza alta pero la mirada serena, saludando con un leve movimiento a quienes se inclinaban ante mí.
Al entrar en los grandes salones, decorados con tapices, fuentes de agua y flores exóticas, el murmullo de voces se apagó de golpe. Unas treinta mujeres de la alta nobleza estaban allí, vestidas con sus mejores galas, todas importantes, todas con poder e influencia, todas con ojos atentos y lenguas afiladas. Y todas me miraron al mismo tiempo.
En el pasado, Elena habría caminado entre ellas con la nariz levantada, sin saludar, buscando el lugar más importante y quejándose de que la recibían mal. Yo hice todo lo contrario. Me detuve en el centro de la sala, incliné levemente la cabeza en un saludo general, con una sonrisa amable y tranquila, y hablé con voz clara, suave y educada, para que todas me escucharan.
—Es un honor y una alegría inmensa estar hoy aquí con todas vosotras. Agradezco de corazón que me hayáis invitado y me recibáis con tanta generosidad. Espero que podamos compartir un rato agradable y que, poco a poco, pueda conocer mejor a las mujeres que hacen grande este reino.
Vi el efecto inmediato. Muchas abrieron los ojos con sorpresa, se miraron entre sí, incrédulas. No esperaban esas palabras, ni ese tono. La dueña de la casa, la esposa del Visir, una mujer mayor, de rostro serio y mirada aguda, se acercó a mí. Ella era, sin duda, la que más influencia tenía y la que más había criticado a la Elena original.
m8jiiita bien decía mi abuela "Piensa mal y acertarás "
no sé aquí yo imaginando cosas🤔🫣😬
-la chica que REENCARNÓ se llama ELENA
y reencarna en el cuerpo de la esposa política del príncipe que se llama igual... "LADY ELENA"🤔🤔🙄
como así? AUTORA le nombraste igual para que no nos volvamos un masaclote?
o cómo fué la cosa ??