Un divorcio es solo el principio
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Juicio 1
La semana de espera se sintió como la calma antes de un huracán categoría cinco. Elena no perdió el tiempo; mientras Alberto se hundía en su propia miseria, ella reactivó sus contactos corporativos y blindó cada uno de sus activos personales. El día del juicio, la corte parecía más una pasarela de poder que un juzgado de familia.
Elena llegó acompañada de Dante, quien caminaba a su lado con la seguridad de un general antes de la batalla definitiva. Ella lucía un traje gris grafito, minimalista pero letal, y unas gafas oscuras que no se quitó hasta entrar a la sala.
El Escenario del Juicio
Alberto estaba allí, sentado en la mesa de la defensa, con un abogado que parecía más preocupado por su propio honorario que por el caso. Alberto tenía ojeras profundas y el tic nervioso en el ojo derecho se le había acentuado.
La Teoría del Caso de Dante: Dante no se centró solo en la infidelidad (que legalmente suele ser un deber moral y no siempre un acto ilícito indemnizable). Su ataque principal fue la infidelidad financiera. Presentó pruebas del desvío de fondos de la sociedad conyugal para comprar activos a nombre de la socia y pagar deudas de juego, lo cual constituye un fraude a la ley.
El "Velo Corporativo": Dante solicitó levantar el velo corporativo de la firma de Alberto, argumentando que la empresa se usó como fachada para ocultar bienes gananciales que debían repartirse por mitad.
La Postura de Elena: Durante su declaración, Elena mantuvo una frialdad quirúrgica. Cuando el abogado de Alberto intentó pintarla como una esposa "descuidada" que empujó a su marido a los brazos de otra, ella simplemente sacó una carpeta con los registros de las transferencias bancarias que ella misma había hecho para salvar el negocio de Alberto años atrás.
—Sr. Juez —dijo Elena, mirando fijamente al magistrado—, mi error no fue "descuidar" a mi marido. Mi error fue financiar su incompetencia y creer que un hombre sin honor podía administrar una fortuna que nunca supo ganar.
La Intervención de Viktor
Aunque no tenía un papel legal, Viktor Volkov estaba sentado en la última fila de la audiencia, como un espectador silencioso y letal. Su presencia incomodaba a Alberto más que las pruebas mismas. Viktor no apartaba la vista de Elena, y cada vez que Dante lograba un punto a favor, el ruso asentía levemente, como un coleccionista apreciando una obra maestra en ejecución.
Al final de la primera sesión, el juez dictó medidas cautelares: congelamiento total de las cuentas de la empresa de Alberto y una auditoría forense inmediata.
Alberto salió del juzgado tratando de evitar a la prensa, pero tropezó con un escalón, casi cayendo frente a los micrófonos. Elena, en cambio, salió del brazo de Dante, deteniéndose solo un segundo frente a Viktor, quien la esperaba junto a su limusina negra.
—Mañana terminamos de enterrarlo, Elena —susurró Dante al oído de ella.
—No, Dante —respondió ella con una sonrisa gélida—. Mañana empezamos a construir mi nuevo edificio sobre sus cenizas.