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UNA VUELTA PROHIBIDA

UNA VUELTA PROHIBIDA

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:559
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

En el mundo de la Fórmula 1 no existen los amigos, solo rivales. Gael Rainer es la promesa de Mercedes: frío, calculador, imparable. Mara Varela es el orgullo de Ferrari: brillante, valiente y dueña de cada secreto de su equipo.

Se encontraron en una noche donde no existían los colores ni las reglas. Una noche de pasión que lo cambió todo. Pero cuando amaneció y se reveló la verdad, comprendieron que su amor es una traición para todos: para sus equipos, para sus familias, para el mundo entero.

Entre la velocidad de la pista y el silencio de los escondites, deberán elegir: ¿obedecer las leyes que los separan o arriesgarlo todo por una vuelta que nunca debió existir?

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 17 EL ESPECTÁCULO

Me incliné hacia él con los labios entreabiertos, casi rozando los suyos… y me detuve. Gael me miró con esa chispa de picardía que tan pocas veces dejaba ver, una media sonrisa que le alargaba las comisuras, y no dijo nada, solo esperó. Di un paso atrás, le tomé de la mano y lo guié hasta el sillón, empujándole suavemente los hombros para que se sentara. Se quedó allí, inmóvil, con los brazos apoyados en las rodillas y la mirada fija en mí, como si supiera que estaba a punto de perder el control.

Empecé despacio: desabroché el primer botón de su camisa, deslicé la tela hacia un lado y pasé la yema de los dedos por su pecho descubierto, sintiendo cómo la piel se le erizaba al contacto. Seguí botón por botón, rozando cada centímetro que iba quedando al descubierto, y cuando terminé, saqué la correa fina de cuero que llevaba y la pasé suavemente sobre sus hombros, bajando despacio por su espalda, luego subiendo por su pecho, trazando líneas que le hacían contener el aliento. Él soltaba risas bajas, ahogadas, una mezcla de diversión y deseo que se le notaba en cómo se le apretaban las mandíbulas.

—Ahora —susurré—, te toca mirar.

La música llenó la habitación con un ritmo envolvente, profundo. Me moví al compás, despacio al principio, luego con más fuerza: giré la cadera, me incliné hacia él sin llegar a tocarlo, me acerqué hasta que mi aliento le rozó la cara y me alejé de nuevo, dejando que la luz de la lámpara dibujara mis curvas bajo el encaje negro. Bajé las manos por mi cintura, por mis piernas, moviéndome con seguridad, con esa pasión que nace de saber exactamente lo que quieres. Cada paso, cada giro, cada roce de mi cuerpo contra el aire estaba pensado para él, solo para él, y lo veía seguirme con la mirada, sin pestañear, con los ojos oscuros y brillantes, la respiración entrecortada.

Cuando terminé, me acerqué de nuevo y me senté sobre sus piernas, apoyando las manos en sus hombros. Me moví despacio sobre él, trazando círculos lentos con mis caderas, sintiendo cómo su miembro se endurecía bajo mí, cómo se tensaba cada vez más con cada movimiento mío. Me levanté un instante y pasé mi trasero lentamente sobre él, de arriba abajo, y escuché cómo soltaba un gemido sordo cuando lo presioné justo donde más lo deseaba. No esperé más; me acomodé y lo tomé despacio, introduciéndome en él y empezando a subir y bajar con ritmo firme, profundo, hasta que sentí que ambos llegábamos al límite juntos.

Sin darle tiempo a recuperar el aliento, me bajé de sus piernas y me arrodillé frente a él. Lo tomé con mis manos y luego con mi boca, con lentitud y entrega, y sentí cómo se estremecía bajo mis labios, cómo le temblaban levemente los pies apoyados en el suelo, perdido por completo en lo que le estaba haciendo. Cuando noté que estaba a punto de llegar, me levanté, le tomé de las manos y lo guié hasta la cama. Me recosté y abrí las piernas.

Gael se detuvo un instante al borde de la cama, me recorrió con la mirada y sonrió.

—Me encanta este conjunto —dijo con voz ronca, acercándose y tocando suavemente la tela negra que me cubría, sintiendo su textura fina—. Pero ya es hora de que deje de estar ahí.

Lo hizo despacio, quitándome cada prenda con manos ansiosas pero cuidadosas, y en cuanto quedó al descubierto, se inclinó y besó mis pezones, primero suavemente y luego con más fuerza, mordiéndolos levemente haciéndome arquear el cuerpo. Me besó la boca con pasión, mordiendo mi labio inferior hasta dejar una marca leve, y pasó sus dedos por mi espalda dejando un rasguño suave que me erizó la piel. Luego se colocó entre mis piernas, me miró a los ojos y me penetró despacio, besándome al mismo tiempo, bajando luego hasta mi zona íntima y lamiéndome con una dedicación que me hacía temblar entera. Cuando volvió a entrar en mí, lo hizo lento y suave al principio, luego con más fuerza, sin pausas, marcando cada movimiento con su cuerpo contra el mío. Me tomó del cabello, me acercó a su oído y dijo con voz entrecortada:

—Di mi nombre, muñeca. Dilo.

—Gael —susurré—. Gael, dame más.

—Pídelo —ordenó él, acelerando el ritmo.

—Dame más, Gael… más…

Llegamos juntos, y al instante me dio la vuelta, me tomó por la cintura y volvió a introducirme despacio, con una lentitud que me hacía perder la razón, profundo y suave hasta que volvimos a llegar al límite. Salió de mí con la misma calma y me besó la boca, el cuello, los pezones, recorriendo mi cuerpo entero con sus labios como si quisiera grabarse cada rincón en la memoria.

Me levantó en brazos y me llevó hasta el baño. Me sentó sobre el lavabo, me sostuvo con una mano en la cintura y volvió a unirse a mí mientras el agua empezaba a llenar la tina, haciéndome llegar de nuevo con solo el roce de su cuerpo. Nos metimos al agua tibia, nos lavamos despacio, disfrutando del contacto, y luego salimos, secándonos el uno al otro. Terminamos de nuevo en el sillón, abrazados, con el corazón todavía latiéndonos fuerte.

—Me gustó mucho tu espectáculo —dijo él en voz baja, acariciando mi espalda—. Hazmelo más seguido.

—Lo haré —respondí sonriendo, jugando con sus dedos sobre su pecho—. Te lo prometo.

Gael me apartó un poco para mirarme a la cara.

—Y me encanta tu nuevo corte —dijo pasando la mano por mi cabello—. Te queda increíble.

—Lo sé —admití con una media sonrisa—. Me siento diferente.

—Mañana llega todo el equipo —comentó él con un tono más serio—. Así que esta es nuestra última noche así. ¿Te parece si nos vemos el domingo?

Me quedé pensando un instante.

—El domingo… si ganamos, todos van a querer salir a celebrar. Y el lunes no puedo, tengo que irme a Italia al cumpleaños de una amiga. Mañana tampoco puedo, Gael. No quiero dos días seguidos sin descanso, tengo mucho trabajo. Y el sábado… —me detuve un poco— me va a bajar la regla. No voy a poder.

Él soltó una risa suave, sin burla, solo con esa calma que lo caracteriza.

—Estás más ocupada que yo, y eso es decir mucho. De todas formas, mi equipo llega hoy en realidad. Así que tuvimos suerte, Mara.

Me reí, acomodándome contra su pecho.

—¿Te quedas aquí o te vas a la cama conmigo? Yo quiero dormir tranquila.

—Ahí te alcanzo —dijo apretándome contra él.

Me levanté desnuda, caminé despacio hasta la cama y me acosté. No tardó mucho en llegar, se metió a mi lado y me rodeó con sus brazos, pegando su cuerpo al mío, y nos quedamos dormidos así, abrazados, sabiendo que el tiempo se nos escapaba entre las manos.

 

A la mañana siguiente me desperté temprano. Me vestí con pantalón cómodo, tenis y una playera blanca sencilla, recogí mi cabello y me acerqué a la cama donde él todavía descansaba. Se despertó al sentir mi movimiento y me miró con los ojos entrecerrados. Me incliné y le di un beso suave en los labios.

—Ya me voy a trabajar —le dije en voz baja—. Cuando te vayas, lleva la ropa de ayer y tírala. Nos vemos.

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Ana Gonzalez
más capitulos excelente novela ❤️
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