Una simple coincidencia fue suficiente para cambiar el destino de dos mundos.
Zea nunca debió cruzarse en el camino del Rey Alfa.
Él es el gobernante más poderoso de todos los clanes. Un hombre cuya sola presencia inspira obediencia. Frío. Implacable. Incapaz de amar. Su vida siempre ha estado regida por una única ley: el deber está por encima de cualquier sentimiento.
Hasta que la conoce.
Desde el primer instante, algo en Zea despierta un instinto que creía muerto. Por primera vez, el Rey Alfa desea algo para sí mismo... y está dispuesto a desafiar al destino para conseguirlo.
Pero Zea también es un misterio.
Su familia ha vivido escondiendo una verdad tan antigua como peligrosa. Un secreto que ha pasado de generación en generación con una única regla: jamás acercarse a un alfa... y bajo ninguna circunstancia, a un Rey.
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Capítulo 17 El Equipo de Contención
El comedor de la mansión real era una estancia amplia y luminosa, con grandes ventanales que daban al jardín oriental y una mesa de roble macizo que podía albergar a veinte comensales. Pero esa mañana, solo tres personas ocupaban sus asientos: Bruno, Lyra y Damián. El desayuno, un banquete de frutas frescas, panes recién horneados y café humeante, permanecía casi intacto sobre la mesa. Nadie tenía apetito.
Lyra miraba a su hermano con una intensidad que habría hecho retroceder a cualquier otro lobo. Sus dedos tamborileaban sobre la mesa, marcando el ritmo de su impaciencia. Había estado dando vueltas alrededor del asunto desde que Azú le contó lo ocurrido en la universidad, y ya era hora de obtener respuestas.
—Bien, dime —dijo Lyra, inclinándose hacia adelante, sus ojos clavados en Bruno—, esa linda omega es tu destinada. Y ahora ella está en peligro. Pero tú no tienes miedo a nada, y la vas a declarar tu Luna Reina.
Bruno levantó la mirada de su taza de café y sostuvo la mirada de su hermana. No hubo dudas en sus ojos, ni vacilación. Simplemente asintió, una vez, con la firmeza de quien ha tomado una decisión y no piensa retroceder.
Esa fue su única respuesta.
Lyra parpadeó, esperando algo más. Una explicación, un plan, una estrategia. Pero Bruno solo volvió a bajar la mirada hacia su café, como si el asunto estuviera zanjado.
—¿Eso es todo? —preguntó Lyra, su voz elevándose un tono—. ¿Solo asientes y ya? ¿No vas a decir nada más?
Bruno se encogió de hombros. "¿Qué quieres que diga? Es mi destinada. La protegeré. La haré mi Luna. Punto."
Lyra sintió que una vena le palpitaba en la frente. Miró a su alrededor, buscando mentalmente algo, cualquier cosa, con lo que pudiera golpear a su testarudo hermano. Un ladrillo, una pala, un jarrón... cualquier objeto contundente que pudiera sacarle más de dos palabras seguidas.
Damián, que estaba sentado a un lado con una expresión de pura emoción, tuvo que morderse el labio para no soltar una carcajada. La escena era demasiado cómica: Lyra, la hermana mayor, siempre práctica y controlada, a punto de estallar; Bruno, el Rey Alfa, impasible y parco como una estatua; y él, en medio, disfrutando del espectáculo.
Lyra lo fulminó con una mirada que prometía una muerte lenta y dolorosa, y Damián se apresuró a adoptar una expresión seria, aunque sus ojos aún brillaban con picardía.
—Bruno —dijo Lyra, tomando aire y esforzándose por mantener la calma—, hermano, escúchame. Somos tu equipo de contención, tu equipo táctico, tus celestinos. Pero no servimos de nada si no nos dices cómo afrontar esto.
Se levantó de su silla y comenzó a pasearse por el comedor, gesticulando con las manos mientras hablaba.
—Además, sé por Azú que los padres de esa niña están totalmente negados a que ella se una a un Alfa. Menos a uno que, para colmo, es un Rey. ¿Entiendes lo que eso significa? No solo tienes que enfrentarte a los rumores y a los enemigos políticos, sino que además tienes que convencer a los suegros más reacios de toda la historia de los hombres lobo.
Bruno levantó una ceja, pero no dijo nada.
Lyra se detuvo frente a él, apoyando ambas manos sobre la mesa. "Ahora, debemos saber cómo abordar eso. Porque si queremos poner a esa linda omega a salvo, tenemos que tener... ya sabes, un maldito plan."
El grito final resonó en el comedor, y Damián, que ya no podía contenerse, soltó una risita ahogada que se transformó en un carraspeo cuando Lyra lo miró con furia.
—Lo siento —dijo Damián, levantando las manos en un gesto de paz—. Es que... es que es demasiado. Nuestra hermana, la siempre serena Lyra, gritando por un plan. Y nuestro hermano, el Rey de hierro, sentado como si nada. Es como una obra de teatro.
—Cállate, Damián —gruñó Lyra—. Esto es serio.
—Lo sé, lo sé —respondió Damián, aún sonriendo—. Pero, hermano, Lyra tiene razón. Necesitamos un plan. Y no solo para proteger a Zea, sino también para ganarte a sus padres. Porque si ellos no te aceptan, Zea nunca será tu Luna. Y tú lo sabes.
Bruno suspiró profundamente y dejó la taza sobre la mesa. Era cierto. Su hermana y su hermano tenían razón, aunque la forma en que lo decían le dolió en el orgullo. Pero él no era bueno con los planes, no era bueno con las palabras. Siempre había sido un hombre de acción, no de estrategia.
—Está bien —dijo finalmente, su voz grave y pausada—. Hablemos de un plan.
Lyra exhaló un suspiro de alivio y se sentó de nuevo, cruzando las piernas y adoptando su postura de negociación. "Bien. Primero, necesitamos saber más sobre los padres de Zea. Hay algo extraño en ellos, algo que no encaja. Azú me dijo que Jairo y Sabina llegaron aquí con asilo político, que venían de un reino lejano y que mi padre los protegió. Eso no es normal para una simple pareja de omegas."
Damián frunció el ceño. "¿Asilo político? ¿Para dos omegas? Eso es extraño. Los omegas no suelen ser perseguidos políticos. Por lo general, son los alfas y betas los que tienen problemas con el poder."
—Exactamente —dijo Lyra—. Por eso creo que hay algo más. Algo que no sabemos. Y si vamos a acercarnos a ellos, necesitamos entender su pasado. Porque ese pasado es lo que los hace temer a los alfas, y especialmente a los Reyes.
Bruno asintió lentamente. "Entonces investigaremos. Pero con cuidado. No quiero que se sientan acorralados o amenazados. Son los padres de Zea, y los respeto."
Lyra sonrió, sorprendida por la sensibilidad de su hermano. "Bien. Eso es un buen comienzo. Ahora, el siguiente paso: acercarnos a ellos. Pero no tú directamente. Eso los asustaría. Necesitamos a alguien que pueda hablar con ellos sin que se sientan intimidados."
—¿Azú? —sugirió Damián.
—No —respondió Lyra, negando con la cabeza—. Azú ya es demasiado cercana a Zea. Los padres la ven como parte del problema, no como parte de la solución. Necesitamos a alguien neutral. Alguien que pueda ganarse su confianza.
Damián sonrió con picardía. "¿Como yo?"
Lyra lo miró con escepticismo. "Tú eres todo menos neutral. Eres el hermano menor del Rey Alfa. Ellos te verán como una extensión de Bruno."
—Pero soy encantador —protestó Damián—. Y además, soy un beta. Los omegas confían más en los betas que en los alfas. Podría acercarme a ellos, hacerles preguntas sutiles, ganarme su confianza…
Lyra lo interrumpió con un gesto de la mano. "Lo pensaré. Pero primero, necesitamos más información. Voy a hablar con el abuelo. Él debe saber algo sobre los Durlin, algo que papá no nos contó en su momento."
Bruno asintió. "Hazlo. Y mientras tanto, yo seguiré protegiendo a Zea. Mi lobo veló por ella anoche, y seguirá haciéndolo todas las noches que sea necesario."
Lyra y Damián intercambiaron una mirada de sorpresa. Sabían que Bruno estaba comprometido, pero no imaginaban que su lobo ya hubiera estado vigilando a Zea.
—¿Urock estuvo en su casa? —preguntó Damián, su voz llena de asombro.
—Sí —respondió Bruno, sin inmutarse—. Y seguirá yendo. Todas las noches. Hasta que esté seguro de que no corre peligro.
Lyra negó con la cabeza, una sonrisa de orgullo asomando en sus labios. "Hermano, nunca pensé que diría esto, pero estoy orgullosa de ti. Por primera vez en tu vida, estás actuando como un hombre enamorado."
Bruno se levantó, ajustando su chaqueta. "No estoy enamorado. Estoy cumpliendo con mi deber como Alfa."
—Claro —dijo Damián, riéndose—. Y yo soy un gato. Anda, hermano, no nos engañes. Estás perdidamente enamorado de esa omega, y todos lo sabemos.
Bruno no respondió, pero una pequeña sonrisa se asomó en sus labios mientras salía del comedor. Sus pasos resonaron en el pasillo, y Lyra y Damián se quedaron en silencio, mirándose el uno al otro.
—Vamos a necesitar más que un plan —dijo Lyra, susurrando—. Vamos a necesitar un milagro.
—O tal vez —respondió Damián, con una sonrisa pícara—, solo necesitamos un poco de paciencia y mucho amor. Y si hay algo que Bruno tiene, aunque no lo sepa, es amor por esa chica.
Lyra asintió, y por primera vez en días, sintió que tal vez, solo tal vez, todo saldría bien.