Un amor roto por mentiras renace entre el deseo y el rencor. Aura regresa con un secreto que lo cambia todo: un hijo. Mauricio nunca dejó de amarla, pero el engaño los separó. Entre pasiones, verdades ocultas y una rival obsesiva, el destino los enfrentará nuevamente.
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Capítulo 23: Demasiado cerca
La música continuaba.
El silencio entre ellos duró unos segundos.
Mauricio fue el primero en romperlo.
—¿Por qué tienes que estar tan cerca de ese tipo… si es solo tu jefe?
Aura no levantó la mirada.
—No te importa mi vida privada.
La respuesta fue firme.
Fría.
Pero sus manos…
seguían sobre él.
Mauricio apretó ligeramente su cintura.
—Sigues igual que antes…
Se inclinó un poco más hacia ella.
—Eres una provocadora.
El aire entre ellos se volvió más denso.
—Quisiera tenerte en mi cama… debajo de mí en este momento.
El golpe fue directo.
Aura se tensó.
—En tus sueños.
Sus ojos brillaban.
De rabia.
Mauricio sonrió apenas.
—No te quiero ver cerca de ningún hombre.
Aura frunció el ceño.
Intentó apartarse.
—Suéltame...tu y yo no somos nada.
Pero él...
La sostuvo.
Más firme.
—No tienes derecho a decirme qué hacer —añadió ella, intentando separarse.
Aura intentó soltarse nuevamente.
Pero la mano de Mauricio en su espalda no cedía.
—Déjame, Mauricio —advirtió, en voz baja.
—Termina el baile.
Y lo hizo.
Pero cada segundo…
se volvió una tortura.
Hasta que finalmente…
la música terminó.
Aura se apartó de inmediato.
Y caminó.
Rápido.
Como si quedarse un segundo más…
......................
Mauricio se quedó en su lugar.
Observándola...
Con la respiración pesada.
Porque tenerla tan cerca…
solo había empeorado todo.
Y ahora…
dejarla ir…
no era tan fácil como antes.
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Aura caminaba rápido.
Distancia.
—Aura…
La voz la detuvo.
Ella giró.
Y lo vio.
—Gabo…
Él se acercó sin dudar.
Y la abrazó.
Con cariño.
Como antes.
—Mírate… —dijo él al separarse—. Sigues igual.
—Tú también —respondió ella, con una leve sonrisa.
...
—Tíos… —añadió Gabriel, girándose.
Aura levantó la mirada.
Y ahí estaban.
Elena fue la primera en acercarse.
—Aura, querida… qué bueno volver a verte.
Y la abrazó.
Aura correspondió.
—Buenas noches, Aura.—dijo Héctor.
—Buenas noches, señor… —respondió ella con respeto—. Qué bueno que los veo.
Pausa.
Respiró hondo.
—Necesito hablar con los tres… pero no aquí.
Elena y Héctor intercambiaron una mirada.
—Parece que es importante… —dijo Elena.
—Sí —afirmó Aura, sin rodeos—. Lo es. Y por eso debo hacerlo.
Héctor asintió.
—Ve mañana a casa. Te estaremos esperando.
Aura sostuvo su mirada.
—Gracias.
Gabriel rompió la tensión con su tono habitual.
—Yo me regreso a la hacienda en un par de días… —dijo, cruzándose de brazos—. Tengo que convencer a Camila. ¿Algún consejo?
Aura lo miró con una leve sonrisa.
—Sigue insistiendo… está a punto de caer. Solo le teme a la distancia.
Gabriel alzó una ceja.
—Gracias por el dato…
Y entonces…
sonrió con picardía.
—Cuñadita.
El golpe fue directo.
Aura no respondió de inmediato.
Solo sostuvo la mirada.
Con una mezcla de emociones que aún no sabía nombrar.
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El ambiente del evento seguía su curso.
Jarras y botellas de cerveza que iban y venían.
Pero en un rincón más apartado…
tres hombres se reunían.
Ricardo fue el primero en hablar.
—¿Qué fue eso en la pista?
Mauricio, con un vaso en la mano, ni siquiera se inmutó.
—Solo bailaba… ¿qué les sorprende?
Gabriel soltó una risa breve.
Negando con la cabeza.
—No, no… —dijo—. No estabas bailando.
Pausa.
—Hiciste una escena.
Mauricio lo miró.
Frío.
—Además —continuó Gabriel—, Aura ya no es tu esposa…
Silencio.
—Me perdí de algo...
Ricardo señaló ligeramente a Mauricio con el vaso.
—Tu primito aquí… nunca firmó los papeles.
El impacto fue inmediato.
Gabriel abrió los ojos.
—¿Qué?
Volvió a mirar a Mauricio.
—O sea que…
Pausa.
—¿Aún están casados?
Mauricio dio un trago.
Su silencio…
decía todo.
Gabriel soltó el aire.
—Mierda…
Se pasó una mano por el cabello.
—Entonces esto es peor de lo que pensé.
Ricardo cruzó los brazos.
Gabriel lo miró con seriedad.
—Deberías hablar con ella.
Mauricio soltó una risa seca.
—¿Para qué?
—Porque ese tipo… —Gabriel hizo un leve gesto hacia donde estaba Adrián— …no la quiere solo como empleada.
Pausa.
—La quiere para él.
La mandíbula de Mauricio se tensó.
Ricardo añadió: —Y tú estás aquí, comportándote como si no te importara… cuando es evidente que sí.
Mauricio apretó la botella con fuerza.
—No me importa.
Gabriel lo miró fijamente.
—No lo parece.
Pero Mauricio no respondió.
Porque en el fondo…
ya sabía…
que estaba perdiendo algo que nunca dejó de ser suyo.
Y esta vez…
podría ser para siempre.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
El evento llegó a su fin.
Las luces comenzaron a apagarse poco a poco.
Las risas se desvanecieron.
Los últimos invitados se marcharon.
Aura salió.
El aire de la noche la golpeó suavemente.
Se abrazó a sí misma.
Esperando.
Un taxi.
Pero no pasaba ninguno.
Las calles estaban vacías.
La hora…
no ayudaba.
Miró su teléfono.
Dudó en llamar a Camila.
A Daniela.
Pero negó.
—No…
El desvío era largo.
No quería molestar.
Suspiró.
Y esperó.
Entonces…
un auto se detuvo frente a ella.
El vidrio bajó lentamente.
—Sube. Te llevo.
Aura lo miró.
—No… estoy esperando un taxi.
Mauricio arqueó una ceja.
—Estás viendo la hora. No hay taxis.
Pausa.
—O te llevo… o te vas caminando. Tú decides.
Se inclinó apenas.
—¿O acaso me tienes miedo?
El golpe fue directo.
Aura sostuvo su mirada.
Abrió la puerta.
Y subió.
El silencio se instaló de inmediato.
Ninguno habló.
El sonido del motor.
La carretera.
Y todo lo no dicho…
llenaban el espacio.
Aura miraba por la ventana.
Pero no veía nada.
Mauricio apretaba el volante.
Más de lo necesario.
Hasta que llegaron.
El auto se detuvo frente a la casa.
Aura tomó aire.
Abrió la puerta.
—Gracias —dijo, sin mirarlo.
Y entonces…
su mano fue atrapada.
El movimiento fue rápido.
Decidido.
Mauricio la jaló hacia él.
Y la besó.
Aura se quedó inmóvil un segundo.
Y luego…
respondió.
El beso cambió.
Se volvió más profundo.
Más desesperado.
Mauricio la atrajo con más fuerza, y en un impulso que ninguno controló, Aura terminó sobre él, su cuerpo encajando contra el suyo en el asiento del piloto.
El espacio se volvió demasiado pequeño.
Demasiado íntimo.
Sus labios no se separaban.
Se buscaban con urgencia.
Con necesidad.
La respiración de ambos se volvió irregular.
Las manos de Mauricio recorrieron su espalda, aferrándola, sintiendo cada curva como si necesitara confirmarla… como si temiera que desapareciera.
Aura se sostuvo de él, sus dedos apretando la tela de su camisa, acercándolo más, sin darse cuenta de cuánto lo estaba deseando en ese instante.
El beso se volvió más intenso.
Más posesivo.
Hasta que—
BEEP
El sonido del claxon explotó en el silencio.
El cuerpo de Aura se tensó de golpe.
Su espalda había presionado el volante.
Se separó bruscamente.
Respirando agitada.
Con los labios entreabiertos.
Lo miró.
Y por un segundo…
pareció no reconocer lo que acababa de hacer.
Entonces reaccionó.
Se bajó de su regazo.
Se apartó.
Abrió la puerta del auto.
Y salió.
Casi corriendo.
Sin mirar atrás.
Entró a la casa.
Cerró la puerta con rapidez.
El pecho subiendo y bajando con fuerza.
Y cerró los ojos.
Porque lo que acababa de pasar…
no debía haber pasado.
Y ahora…
ya no había forma de ignorarlo.
perp cuando veas la realidad haber si vas a llorar y rogar para pedir perdón hombre...
ya deja de comportarte como niño y aprende a ser hombre ..e investiga qué fue lo que paso en realidad porque esa silvana e una culebra ponsoñosa ...