un hombre marcado por la tragedia, perdió a sus dos primeras mujeres y su hijo, el estaba creado qye era de mala suerte para las mujeres. Hasta que conoce a su nueva secretaria.
¿Se dara una nueva oportunidad?
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PASTILLAS
Mariano después de almorzar se concentró en su celular, estaba haciendo un pedido, después de confirmar salió y se acercó a Silvia un poco más tranquilo y le dijo.
MARIANO: Te pedí la pastilla anticonceptiva y una para los dolores.
SILVIA: Gracias.
El se fue y ella se quedó mirándolo, todavía no podía creer que ese hombre frío, mal geniado había estado con su cara entre sus piernas, pero sabía que no podía hacerse ilusiones con el, solo disfrutar del momento cuando se diera la oportunidad, si era que el quería repetir.
Cuando Mariano llegó ya estaban todos, faltaba Silvia pero el no le dijo que asistiera, sabía que ella estaba en poco adolorida en su parte íntima, no quería incomodarle, le envió un mensaje a su hermano que estaba al otro lado de la mesa para que le dijera a su secretaria que asistiera para que tomara nota de todo.
Mario sonrió y le respondió con ok, cuando la secretaria de Mario ingreso y se sentó en la mesa todos quedaron sorprendidos, la secretaria de Mario era una señora de 45 años, tenía veinte años trabajando en la empresa desde que el padre de ellos fundó la empresa, pero desde que era secretaria de Mario nunca había estado, siempre era la secretaria de Mariano, uno de los presentes no quería quedarse con la duda, más porque vio a Silvia en su puesto cuando llegó, miró a Mariano y preguntó.
— Jefe, ¿y su secretaria?
Mariano que estaba de buen humor miró al hombre que preguntó, se acordó por un segundo de lo sucedido en la oficina y después respondió con tranquilidad.
MARIANO: Está indispuesta, bueno, vamos a empezar.
Todos quedaron sorprendidos porque Mariano no había querido matar a nadie con la mirada, no dio una mala contesta, pero no estaban allí para analizar a su jefe.
La recepcionista que mantenia encuentros con Mario subió a entregar un pedido que había llegado a nombre de Silvia, cuando ella se fue Silvia saco las pastillas y se tomó la anticonceptiva, a los pocos minutos se tomó la otra para los dolores.
Una reunión tras otra tenía agotado a Mariano, quería ir a su casa y acostarse, desde que tuvo sex* con Silvia todo en el había cambiado, nunca había anhelado tanto su cama con en ese momento; algo parecido sucexia con Silvia, ella queria llegar rápido a su casa para bañarse bien y cambiarse de ropa, mas por su panti que la tenia humeda por los fluidos que salian de su parte íntima. Finalmente la reunión y la jornada de trabajo habían terminado, Mariano pasó y le dijo Silvia.
MARIANO: Ya te puedes ir.
La miró con cariño y se fue a su oficina por sus pertenecias para ir a su casa, Silvia lo vio ir y se levantó recogiendo apresurada sus cosas para salir, caminó al ascensor muy incómoda, se le dificultaba un poco, pero hacía lo posible para caminar normal.
En la entrada la espera uno de sus primos, que al verla como caminaba le preguntó que le sucedía, ella le dijo que tenía cólico pero ya se había tomado una pastilla. Al llegar a su casa saludo y se fue a su habitación para darse un buen bañó.
Silvia después de estar lista ella salió y llegó a la cocina donde estaba la madre sirviendo la comida, la abrazó y cerca a su oído le dijo en voz baja.
SILVIA: Me entregue a mi jefe.
En ese instante, la madre sintió cómo la sangre se le helaba. Su cuerpo se quedó rígido, y por un momento el tiempo pareció detenerse. Silvia se dio cuenta que había sido muy directa y sintió a su madre tensa, se separó de ella y ambas quedaron mirándose fijamente, Silvia le acarició el rostro y dijo.
SILVIA: Mami, ya habíamos hablado de eso.
MADRE: Si.. pero no pensé que fuera tan pronto hija.
SILVIA: Las cosas se dieron, ambos queríamos y sucedió.
La madre la tomó de los hombros con suavidad y mirándola a los ojos le dijo.
MADRE: ¿Se cuidaron? sabes que eso es algo pasajero de oficina, no vayas a quedar embarazada y después el diga que lo hiciste a propósito y cargas tu con la culpa.
SILVIA: Si mami, el me compró pastilla, y entiendo tu preocupación.
La madre la atrajo hacia sus brazos y la envolvió en un abrazo largo y silencioso. Aún le costaba asimilarlo. Mientras la sostenía entre sus brazos, entendió que Silvia había dado un paso importante en su vida. Ya no era solo su niña; estaba creciendo, tomando decisiones propias, convirtiéndose en una mujer. Su hija ya no era la niña que protegía de todo, pero para ella iba a seguir siendo su niña aunque se casara y tuviera hijos, siempre iba a ser la luz de sus ojos.
La madre cerró los ojos por un instante, mezclando orgullo, preocupación y un leve temor por lo que vendría, su hija nunca había tenido novio, su jefe era el primero en su vida, el primero en todo el sentido de la palabra; su preocupación era la inexperiencia de Silvia, que ella confundiera las cosas con su jefe y saliera lastimada, aunque su hija le había dicho que quería vivir la experiencia y sabía como eran las cosas, pero aún así temía, en el corazón no se manda, el actúa por su cuenta.
La abrazó un poco más fuerte, como si en ese gesto quisiera protegerla de todo lo que aún no podía ver. La madre le sonrió un poco triste y dijo.
MADRE: No te enamores hija, sabes como son los hombres con dinero.
SILVIA: Si mami, ya te dije que solo quiero disfrutar del momento, y si sufro me toca asumirlo, algún día me tiene que pasar, y bueno seria que nunca pasara, pero no todo es lo que uno quiere, porque yo quiero muchas cosas.
MADRE: hay hija mía... me preocupas.
SILVIA: No te preocupes más.
Terminando de hablar llegó el padre y se acercó a saludar a su mujer e hija, la madre terminó de servir y se fueron a comer a la sala.