En un mundo donde lobos y vampiros se odian desde generaciones, Aiden descubre que no es solo un joven universitario ordinario, sino el heredero de una de las más poderosas líneas Alfa. Criado en el mundo humano, sin saber quién es, su vida cambia cuando empieza a tener visiones, sueños extraños y un poder que no puede controlar. Junto a Lyra, una guardiana de la que se enamora, Aiden se enfrenta a un enemigo ancestral: la sombra, nacida del miedo de la creación. En su búsqueda de identidad, Aiden deberá descubrir quién es realmente, equilibrar las fuerzas que lo han perseguido y, solo a través del amor y la elección, cambiar el destino de su mundo, donde la verdad es la única fuerza capaz de unir aquello que el odio dividió.
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Capítulo 19: El verdadero enemigo
El silencio que siguió a aquella voz fue aterrador.
Ni los guerreros de Varek se movieron.
Ni siquiera él.
Por primera vez desde que había aparecido, su expresión de seguridad desapareció.
Aiden lo notó.
Y comprendió algo.
Varek también tenía miedo.
La sombra detrás de él comenzó a tomar forma.
No era un vampiro.
No era un lobo.
Era una figura alta cubierta por una capa oscura, con ojos de un color extraño, como si mezclaran la luz y la oscuridad.
Su presencia hizo que incluso los guerreros más fuertes bajaran la mirada.
—¿Quién eres? —preguntó Boreas.
La figura sonrió.
—Después de tantos siglos, siguen haciendo la misma pregunta.
Aiden sintió un escalofrío.
—Habla.
La criatura inclinó la cabeza.
—Soy el recuerdo de una guerra que ninguno de ustedes logró terminar.
Varek apretó los dientes.
—No era parte del acuerdo.
La figura lo miró.
—¿Acuerdo?
Una risa suave escapó de sus labios.
—Siempre fuiste divertido, Varek.
Creíste que estabas usando mi poder.
Pero nunca entendiste que eras una pieza más.
El rostro del antiguo heredero cambió.
—Me prometiste un reino.
—Y te di exactamente lo que pediste.
Caos.
Dolor.
Una guerra interminable.
Porque eso era lo único que necesitaba.
Aiden miró a su tío con desprecio.
—¿Te das cuenta?
Incluso tú fuiste manipulado.
Varek no respondió.
Por primera vez, parecía no tener una respuesta.
Dentro del cristal, Selene intentaba recuperar fuerzas.
Aiden se acercó.
—Mamá, ¿qué está pasando?
Ella lo miró con tristeza.
—Tu padre descubrió la verdad.
Aiden contuvo la respiración.
—¿Sobre qué?
—Sobre la criatura que está frente a nosotros.
Selene observó la sombra.
—Durante siglos se alimentó del odio entre nuestras especies.
Cada guerra.
Cada muerte.
Cada familia destruida...
Lo hacía más fuerte.
Lyra palideció.
—¿Un ser que se alimenta del conflicto?
Selene asintió.
—No quería que vampiros o lobos ganaran.
Quería que ambos siguieran peleando para siempre.
Porque mientras nosotros nos destruíamos...
Él crecía.
La figura oscura sonrió.
—Qué conmovedor.
Finalmente alguien recuerda la historia.
Pero ya es demasiado tarde.
El odio de sus pueblos es demasiado profundo.
No pueden borrarlo.
Aiden dio un paso al frente.
—Entonces te equivocas.
Todos lo miraron.
La criatura soltó una risa.
—¿Tú?
Un muchacho que descubrió su sangre hace unas semanas.
¿Qué podrías cambiar?
Aiden sostuvo su mirada.
—Tal vez no puedo borrar siglos de odio.
Pero puedo decidir qué hago con lo que heredé.
La criatura se quedó en silencio.
Por primera vez parecía interesada.
De pronto, un ejército comenzó a moverse.
Los guerreros de Varek dudaron.
Algunos bajaron sus armas.
Otros permanecieron junto a él.
Kieran miró a los soldados.
—¿Nos mentiste?
Varek no respondió.
Kieran apretó los puños.
—Dijiste que luchábamos para recuperar nuestro reino.
Pero solo éramos herramientas.
La traición de Varek quedó expuesta.
La criatura levantó una mano.
El suelo tembló.
Las paredes comenzaron a romperse.
—Qué pérdida de tiempo.
Los humanos, los lobos y los vampiros siempre terminan igual.
Creen que pueden elegir.
Pero al final...
El miedo siempre gana.
La oscuridad se extendió por la sala.
Aiden sintió cómo su energía desaparecía.
Su cuerpo cayó de rodillas.
—¿Qué... me está pasando?
La criatura sonrió.
—Tu poder viene de tu vínculo con tu pueblo.
Y yo he pasado siglos alimentándome de pueblos divididos.
Cuanto más se odian...
Más débil eres.
Aiden miró alrededor.
Los lobos desconfiaban de los vampiros.
Los vampiros desconfiaban de los lobos.
Incluso ahora.
En medio del peligro.
Seguían separados.
Entonces entendió.
La criatura no estaba atacando su cuerpo.
Estaba atacando lo que representaba.
Un Alfa no era fuerza.
Era unión.
Aiden levantó la cabeza.
—Escúchenme.
Su voz salió más fuerte de lo esperado.
Todos se volvieron hacia él.
—Nos han hecho creer que debemos elegir un enemigo.
Que debemos heredar el odio de quienes vinieron antes.
Pero miren a su alrededor.
Estamos aquí por una mentira que duró siglos.
Lobos.
Vampiros.
Todos perdimos familias.
Todos sufrimos.
Y mientras nosotros peleábamos...
Él ganaba.
La oscuridad se detuvo.
La criatura lo observó.
—Continúa.
Aiden se levantó lentamente.
—No sé si puedo ser el Alfa que necesitan.
Pero sé una cosa.
No pienso seguir jugando su juego.
Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Lyra caminó hasta quedar junto a Aiden.
—Los vampiros tampoco queremos seguir siendo peones.
Boreas se colocó al otro lado.
—Los lobos tampoco.
Uno a uno...
Los guerreros comenzaron a bajar sus armas.
Incluso algunos de los seguidores de Varek.
La criatura retrocedió un paso.
Por primera vez en siglos...
Sintió algo que no podía controlar.
Unidad.
Su sonrisa desapareció.
—Imposible.
Aiden levantó la mirada.
—No somos tus piezas.
Somos los que elegimos el final.
La criatura rugió.
Y por primera vez...
Pareció tener miedo.
Fin del Capítulo 19.