Para asegurar su presidencia de la prestigiosa compañía de chocolates familiar, el arrogante Gerson accedió a unir su vida legalmente a la de Hellen. Ella era una heredera millonaria a quien él y su madre despreciaban profundamente por considerarla ingenua, pero cuyo capital era indispensable para sus ambiciones. Sin embargo, el destino cambió de rumbo aquella mañana, cuando Hellen se desplomó inexplicablemente tras beber un té que su propia suegra le había preparado...
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Capítulo: 1
El aroma a chocolate fino que siempre flota en la mansión de la familia Evans esta noche se me hace espeso, casi asfixiante. Estoy de pie en el pasillo, con las manos heladas presas contra mi vestido, justo al lado del gran despacho presidencial. Sobre el escritorio de caoba del interior, sé que hay tres copas de cristal intactas y la tensión atraviesa la madera; se puede cortar con un cuchillo.
—¡Es una humillación, Horacio! ¡Una completa humillación!
El grito de Leonor, la madre de Gerson, resuena con fuerza y me hace dar un paso atrás. Me imagino sus pasos furiosos, arrastrando el dobladillo de su costoso vestido de diseñador.
—¿Gerson casado con Hellen?
Continúa, y mi propio nombre en su boca me clava una espina en el pecho.
—¡Por favor! Esa niña es una tonta, una ingenua sin gracia. No sabe hilar dos palabras seguidas sin tartamudear, no tiene presencia, ¡y viste espantoso! Parece sacada de otra época con esos trapos insípidos. ¿Esa es la mujer que va a representar a mi hijo ante la alta sociedad? ¿Esa estúpida va a ser la primera dama de la compañía? ¡Nos dejará en ridículo!
Cierro los ojos, tragándome el nudo que se me forma en la garganta. Escucho el silencio gélido de Horacio Evans, el patriarca. Me lo imagino inmutable, con la mirada fija en los estados financieros que tanto le preocupan. Su voz fría no tarda en romper el ambiente.
—Cállate Leonor, no estamos discutiendo sus gustos de moda ni su timidez, estamos hablando de supervivencia. El padre de Hellen acaba de fallecer y como su única heredera, ella acaba de recibir el cincuenta por ciento de las acciones de nuestra compañía de chocolates. La mitad de nuestro imperio le pertenece a esa muchacha, si Gerson no firma ese papel de matrimonio, perderemos el control total. La presidencia de mi hijo depende exclusivamente del dinero y del apellido de Hellen. Es una obligación.
Mis dedos se clavan en la tela de mi ropa "Supervivencia" "Obligación" Mi padre apenas lleva unos días muerto y para ellos mi luto solo es un tablero de ajedrez.
Entonces la voz de Gerson emerge desde una esquina del despacho. Es un susurro venenoso que me hiela la sangre Gerson... El hombre con el que se supone que debo compartir mi vida.
—¿Obligación? Sabes perfectamente que la odio papá, la detesto. Toda la vida su padre intentó pisotearnos usando su porcentaje de la empresa, y ahora tengo que arrodillarme ante su hija.
Hellen es una tonta útil, una Walton millonaria que no sabe ni dónde está parada, pero el simple hecho de que lleve esa sangre me revuelve el estómago, ella no me interesa no la soporto.
"Una tonta útil". Las palabras de Gerson me golpean directo en el orgullo.
—¡Exacto!
Lo secunda Leonor de inmediato. Puedo oír cómo se acerca a él, buscando su alianza.
—Tu hijo está enamorado de una mujer de verdad, Horacio. Una mujer con clase, que sí sabe lo que es el glamour y que sabrá dirigir la compañía a su lado. Hellen no va a saber cómo ayudarlo, no tiene cerebro para los negocios ¡Es una inútil!
—¡Suficiente!
El golpe de Horacio contra el escritorio hace vibrar los cristales, interrumpiéndola.
—¿De qué te sirve el amor si terminamos en la bancarrota, Gerson? ¿De qué te sirve una mujer con clase si la junta directiva te quita la presidencia mañana mismo? Sin el cincuenta por ciento de Hellen, no eres nadie en esta empresa. Así que vas a tragarte tu orgullo, vas a tragarte tu odio, y te vas a casar con ella, es la única opción que nos conviene.
Un silencio sepulcral cae sobre la habitación, y también sobre mí en el pasillo.
Apenas puedo respirar y a través de la rendija de la puerta, logro ver a Gerson. Tiene la mandíbula tensa y mira el gran logotipo de la compañía de chocolates en la pared, sé cuánto ha luchado por el puesto de CEO, pero ver la frialdad corporativa reemplazando su rabia me da escalofríos.
—Bien.
Suelta Gerson con una sonrisa amarga y despiadada que me desgarra por dentro.
—Me casaré con la tonta, si lo único que necesito de ella es su firma y su dinero para asegurar mi presidencia, lo haré, pero que le quede claro a ella y a todo el mundo: para mí, ese matrimonio sólo será un maldito pedazo de papel. Ella será mi esposa ante los medios, pero en esta casa, seguirá siendo la nada que siempre ha sido.
Escucho un suspiro de frustración de Leonor, quien parece cruzarse de brazos al saberse derrotada por los números.
Horacio por fin relaja la postura y se levanta de su asiento y ajusta su saco con una satisfacción que me revuelve el estómago.
—Así habla un Evans. Mañana mismo organizaré una cena oficial para que hablen y formalicen el compromiso.
Al oír que se acercan a la puerta, me aparto a toda prisa, ocultando las lágrimas y la furia que empieza a encenderse en mi pecho. Si quieren a una tonta útil... Les daré el papel de su vida.