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LUNA NEGRA

LUNA NEGRA

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Amor eterno / Mundo mágico / Completas
Popularitas:37.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

En un valle oculto por la magia de las hadas, una loba blanca destinada a un matrimonio impuesto encuentra a un lobo negro moribundo cuyo olor despierta en ella la certeza de haber hallado a su verdadero amor. Juntos desafiarán a un tirano, unirán dos manadas separadas por siglos de mentiras y demostrarán que ni la distancia, ni la guerra, ni la muerte pueden contra el poder de los destinados por la Diosa Luna.

Una historia de amor imposible, magia ancestral, pasión y rebeldía que te hará creer en el destino.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 4

El corazón le dio un vuelco tan violento que las flores casi se le caen de los brazos. Miró a su alrededor, buscando, escuchando, y entonces lo vio.

Al otro lado del estanque, de espaldas a ella, estaba Damián. Y olfateaba el aire con su enorme nariz de lobo, olfateaba el suelo, olfateaba las flores pisoteadas, olfateaba la sangre.

La sangre de su lobo negro.

Luna se quedó paralizada. Si Damián la veía allí, cubierta de sangre, con los brazos llenos de flores de luna, sabría que algo había pasado. Sabría que ella había estado allí. Y entonces empezaría a buscar, y encontraría el rastro, y...

—¿Quién anda ahí?

La voz de Damián, incluso en forma humana, era áspera y desagradable. Luna se agachó detrás de un arbusto, conteniendo la respiración, apretando las flores contra su pecho como si fueran un escudo.

Oyó sus pasos acercándose. Oyó su respiración, pesada, irritada. Oyó cómo maldecía entre dientes.

—Maldita sea, había algo aquí. Había algo grande. Y sangraba. Mucho.

Otros pasos. Más lobos. La patrulla de guardia.

—Señor, el rastro se pierde aquí

dijo una voz que Luna reconoció como la de Bartolo, uno de los guerreros más leales a su padre.

— Es como si... como si se hubiera esfumado.

—Los olores no se esfuman

gruñó Damián.

— Alguien lo ha movido. Alguien de la manada.

—¿Cree que hay un traidor entre nosotros?

—Creo que hay una loba con las tetas bien puestas que se ha atrevido a desobedecer

Damián escupió en el suelo.

—Y cuando la encuentre, la voy a hacer pagar cada gota de sangre que ha derramado por ese intruso. Porque era un intruso, ¿verdad? Un lobo de fuera. Un mestizo. Una amenaza.

Luna apretó los dientes para no gritar. Para no saltar sobre él y arañarle esos ojos que miraban el mundo como si fuera suyo.

—Busquen

ordenó Damián.

— Busquen por todo el bosque. Quiero saber qué pasó aquí. Quiero saber quién ha ensuciado nuestro territorio con sangre extranjera. Y quiero encontrarlo antes de que mi padre se entere de que hubo un intruso y yo no hice nada.

—Señor, ¿y si el intruso ya está muerto?

—Entonces quiero su cuerpo. Quiero su piel colgada en la sala del trono. Para que todos sepan lo que les pasa a los que se atreven a pisar nuestras tierras.

Luna sintió que las lágrimas le quemaban los ojos, pero se negó a llorar. No podía llorar. No podía hacer ruido. No podía moverse.

Los pasos se alejaron lentamente. Las voces se perdieron entre los árboles. El claro volvió a quedarse en silencio.

Ella esperó. Contó hasta mil, como le había enseñado su abuela cuando era pequeña y tenía miedo. Y cuando estuvo segura de que no volverían, salió de detrás del arbusto y echó a correr de vuelta hacia la cueva.

Las flores de luna temblaban en sus brazos. Su corazón temblaba en su pecho. Su lobo negro la esperaba, y afuera, Damián y sus hombres lo buscaban para matarlo.

Cuando llegó a la cueva, jadeante, despeinada, cubierta de arañazos y barro, lo encontró exactamente donde lo había dejado.

Pero sus ojos estaban abiertos. Y la miraban.

—Volviste

susurró él, y en su voz había algo que sonaba a asombro, a incredulidad, a algo que Luna no se atrevió a nombrar.

—Dije que volvería

respondió ella, arrodillándose a su lado y empezando a triturar las flores con una eficiencia que nunca había sabido que tenía.

— Y tú dijiste que no te morirías. Parece que los dos cumplimos nuestras promesas.

Él intentó sonreír, pero el gesto se transformó en una mueca de dolor cuando ella aplicó la pasta sobre su herida más profunda.

—Lo siento

susurró Luna.

— Lo siento mucho. Tiene que doler.

—Duele

admitió él.

—Pero duele menos... desde que llegaste tú.

Luna levantó la vista y se encontró con sus ojos dorados, y por un instante el mundo se detuvo. El murmullo del agua dejó de existir. El frío de la cueva dejó de sentirse. Solo estaban ellos dos, ella y él, una loba blanca y un lobo negro, unidos por un hilo invisible que tiraba de sus almas.

—Me llamo Luna

dijo ella, sin saber por qué, porque él ya conocía su nombre, porque lo había olido en ella, porque lo sabía todo sin necesidad de palabras.

—Luna

repitió él, y su voz acarició el nombre como si fuera la cosa más hermosa que hubiera pronunciado jamás.

— Luna. Mi Luna.

—Tú no tienes nombre

dijo ella, recordando las palabras del hada.

— En tu manada no reciben nombre hasta que encuentran a su destinada.

Él asintió, un movimiento apenas perceptible.

—Es nuestra tradición más antigua. La que vosotros olvidasteis.

—¿Cómo es tu manada?

preguntó Luna, mientras seguía aplicando las flores sobre sus heridas, mientras sus dedos aprendían la forma de su cuerpo, la textura de su pelaje, la calidez de su piel bajo la sangre.

— ¿De dónde vienes, Cómo llegaste hasta aquí?

Él cerró los ojos, y por un momento Luna pensó que se había desmayado. Pero entonces habló, y su voz era como un río subterráneo, profundo y oscuro y lleno de secretos.

—Vengo de muy lejos

dijo.

— De más allá de las montañas, de más allá del mar, de más allá de todo lo que ustedes conocén. Mi manada es grande, más grande de lo que puedas imaginar. Llevamos siglos buscando a los lobos blancos. Los lobos de la Luna. Los lobos que creíamos extinguidos.

—¿Extinguidos?

Luna frunció el ceño.

— Pero nosotros estamos aquí. Siempre hemos estado aquí.

—Lo sé ahora

él abrió los ojos y la miró.

— Pero nosotros no. Nosotros creíamos que la última manada de lobos blancos había desaparecido hace mil años. Que la Diosa Luna los había llevado con ella al cielo. Que solo quedaban lobos negros, lobos grises, lobos marrones. Que la pureza de la sangre lunar se había perdido para siempre.

—Y entonces... ¿qué haces aquí?

Él guardó silencio durante un largo momento. El agua seguía cayendo detrás de ellos. El musgo seguía brillando en las paredes. El mundo seguía girando, aunque a ellos les pareciera que se había detenido

1
Arelis Ruiz
es muy buena la lectura
Anely Urriaga
la recomiendo
Anely Urriaga
la recomiendo
Yei Lu
está muy buena
Milena Fernández
mas aue excelente
Lluvia Fernández
me gustó mucho
Camil Becerro
muy buena escritora
Pepe
muy good 🙌🔥
Renata ♡⁠(⁠˃͈⁠ ⁠દ⁠ ⁠˂͈⁠ ⁠༶⁠ ⁠)
me gustó gracias aitora
Limaesfra🍾🥂🌟
Bella historia...leela. Exitos🍾🥂
Lulu(⁠つ⁠≧⁠▽⁠≦⁠)⁠つ
excelente autora
Gaga⊂⁠(⁠´⁠・⁠◡⁠・⁠⊂⁠ ⁠)⁠∘⁠˚⁠˳⁠°
uecelexceecxe
Lola(⁠⊃⁠ ⁠•⁠ ⁠ʖ̫⁠ ⁠•⁠ ⁠)⁠⊃
me gustó la novela gracias
Coly(⁠⊃⁠。⁠•́⁠‿⁠•̀⁠。⁠)⁠⊃
me gusto
Yul༼⁠ ⁠つ⁠ ⁠◕⁠‿⁠◕⁠ ⁠༽⁠つ
es buena para leer
ঔCami Luces14ঔ
me gusto
Ivonne selva9
está buena
Angel "C "
Es muy linda la historia 😭
Limaesfra🍾🥂🌟: muy buena historia. Felicitaciones🌺💐
total 1 replies
Carola Videla 😈🇦🇷
😭😭😭😭😭😭
🌹Elizabeth✨♣♚ᴰ' Infinita★⛧🌹
así es
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