Han pasado muchos años desde que las almas gemelas salvaron Arturias y devolvieron la paz al reino. El rey Carlos y la reina Miranda disfrutan de ver a sus hijos, Edward, Laura, Patrik y Fernanda, convertidos en grandes líderes y formando familias unidas. Mientras tanto, sus hijos han crecido y se han preparado para seguir el legado de sus padres.
Pero la tranquilidad llega a su fin cuando una poderosa amenaza resurge para intentar destruir Arturias. Ante el peligro, toda la familia real volverá a unirse en una misma batalla. Padres e hijos lucharán hombro a hombro, demostrando que la fuerza de su unión es mayor que cualquier enemigo.
Los nuevos herederos no solo deberán enfrentarse a un destino incierto, sino también aprender a dominar el extraordinario don que distingue a su linaje: la capacidad de comunicarse y luchar junto a los animales. Con ellos como sus más fieles aliados, descubrirán que el verdadero poder nace de la confianza, el valor y el amor por la familia.
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Problemas en el Sur
Tres días habían transcurrido desde que los reyes de Barú regresaron a su reino. En Arturias, el Grupo Élite permanecía en alerta, mientras Edward organizaba nuevas patrullas para vigilar el Bosque Negro.
Sin embargo, las preocupaciones no tardaron en extenderse más allá de las fronteras de Arturias.
En el Sur, Laura y Antony habían retomado sus responsabilidades como encargados. Aunque el sur era conocido por sus fértiles campos y sus pueblos tranquilos, aquella mañana algo no marchaba bien.
Un capitán entró apresuradamente al salón principal.
—¡Mi señora Laura!
Ella dejó los documentos que revisaba.
—¿Qué sucede?
—Varios comerciantes fueron atacados en el Camino del Sol. Los asaltantes no robaron el oro ni la mercancía... solo destruyeron los carruajes y desaparecieron.
Antony frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Hay más —continuó el capitán—. Dos aldeas cercanas aseguran haber visto hombres encapuchados rondando durante la noche.
Laura intercambió una mirada con Antony.
Aquello le recordaba demasiado a lo que ocurría en el Bosque Negro.
—Preparen nuestros caballos —ordenó Antony—. Iremos personalmente.
Minutos después, ambos partieron acompañados por un pequeño grupo de guardias. Carlos y Manuel también quisieron acompañarlos, pero Laura negó con la cabeza.
—No. Ustedes deben volver a Arturias junto al Grupo Élite. Si esto está relacionado con lo que investiga Edward, los necesitaremos allí.
Los gemelos aceptaron la decisión, aunque no ocultaban su preocupación.
Horas más tarde, Laura y Antony llegaron al Camino del Sol.
Los carruajes estaban destrozados. Había flechas clavadas en la madera, ruedas rotas y profundas marcas de dagas sobre las puertas.
Antony se agachó para observar el terreno.
—Quien hizo esto sabía exactamente lo que buscaba.
Laura encontró una extraña marca grabada sobre una piedra cercana.
No era el símbolo de ningún reino conocido.
—Nunca había visto este emblema...
Uno de los soldados se acercó corriendo.
—¡Señora!
Todos levantaron la vista.
—Encontramos huellas que se dirigen hacia las montañas del sur.
Laura respiró profundamente.
—No es un simple grupo de bandidos.
Antony desenfundó su espada.
—Entonces averigüemos quiénes son.
Sin saberlo, el peligro que había comenzado en el Bosque Negro acababa de extenderse hasta el Sur.
Y por primera vez en muchos años, Laura sintió que una nueva guerra estaba comenzando.
Mientras Laura observaba el extraño símbolo grabado en la piedra, comprendió que aquellos ataques no eran una coincidencia. El enemigo avanzaba en silencio, sembrando miedo antes de mostrar su verdadero rostro ante los reinos.
Laura guardó silencio mientras observaba una vez más el extraño símbolo grabado sobre la piedra.
Antony se acercó y pasó la mano por la marca, intentando reconocerla, pero tampoco la había visto antes. Los soldados revisaron cuidadosamente la zona y encontraron más huellas que se dirigían hacia las montañas del sur.
No había cuerpos ni señales de un enfrentamiento, como si los atacantes hubieran querido enviar un mensaje en lugar de provocar una masacre. Laura respiró profundamente y miró a Antony.
—Debemos informar de inmediato a Carlos y Edward. Esto ya no es solo un problema del sur, amenaza a todos los reinos.
Continuará...