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Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Sangre De Dos Imperios : Bisturí Y Plomo

Status: Terminada
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Mafia / Completas
Popularitas:8.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Aleksandra es una brillante residente de neurocirugía que creció en un orfanato creyendo que sus padres murieron en un accidente común. Desconoce que su padre fue un desertor de la mafia rusa que la entrenó en combate y manejo de armas antes de dejarle una fortuna oculta. Su ordenada vida da un vuelco la noche en que rescata de un callejón a Dante Moretti, el temido heredero de la mafia italiana, herido de muerte tras una emboscada.
Ella le salva la vida operándolo en secreto en su cocina y, entre la fiebre y el peligro, comparten una noche ardiente y desesperada. Al amanecer, él ha desaparecido. Descubriendo poco después que está embarazada, Aleksandra huye a Dubái con una beca médica para criar a su hijo lejos de la violencia.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: Fuga en el desierto

Dante cometió el peor error que un hombre en su posición podía permitirse: subestimar a la presa por verla como una mujer.

Confiado en su envergadura, en la jaula de su cuerpo contra la pared y en el contacto íntimo de su mano acariciándole la mejilla, bajó la guardia una fracción de segundo. Creyó que la tensión en el cuerpo de Aleksandra era miedo de madre o resignación herida. No vio la contracción en los metatarsos de la cirujana ni el cálculo milimétrico de sus pupilas dilatadas.

Aleksandra no dudó.

«Cuando el oponente es más pesado y cree tener el control, su cuello es de cristal», le había grabado Mikhail Volkov en la memoria durante inviernos enteros.

Con la velocidad de una víbora, Aleksandra inclinó la frente y le propinó un cabezazo seco y demoledor contra el puente de la nariz. El crujido de cartílago resonó en el pasillo, obligando a Dante a abrir los ojos por el reflejo lacrimal del impacto y aflojar la presa un milímetro. Fue todo el espacio que ella necesitó.

Aleksandra bajó el centro de gravedad, deslizó su palma izquierda en forma de cuña contra la garganta del Don para cortar el flujo de aire y, con el talón de la mano derecha reforzado por el peso de su cadera, asestó un golpe fulminante a la punta de la mandíbula: un gancho ascendente directo al nervio trigémino, con la fuerza suficiente para rotar el cráneo y sacudir violentamente la masa encefálica dentro de la bóveda ósea.

La conmoción fue instantánea.

Los ojos grises de Dante se pusieron en blanco en una milésima de segundo. Su sistema nervioso central se apagó por completo; los noventa kilos de músculo perdieron la tensión y colapsaron pesadamente hacia adelante. Aleksandra se apartó con un paso lateral limpio y dejó que el cuerpo del capo cayera con un golpe sordo e inerte sobre el piso de mármol.

No se quedó a contemplar su obra. Sabía exactamente cuánto tiempo compraba un traumatismo encéfalo-craneano cerrado de esa magnitud: tres minutos de inconsciencia profunda, seguidos de otros dos minutos de desorientación y ataxia severa.

—Cinco minutos —masculló entre dientes.

Aleksandra se movió como un relámpago. Entró al vestidor, agarró la mochila táctica donde ya tenía los pasaportes suizos, el dinero en efectivo y la Glock 43. Regresó a la sala, le quitó a Dante el teléfono satelital del bolsillo interior de su saco para cortar cualquier enlace de radio inmediato y pisó el dispositivo con el talón hasta destrozar el chip de memoria contra el suelo.

No tomó el ascensor principal ni subió a su Porsche en el estacionamiento; sabía que cualquier sensor de matrícula alertaría a los hombres de Moretti o a las patrullas emiratíes. Bajó por la escalera de emergencia los cuarenta y dos pisos a zancadas dobles, empujando la puerta trasera del complejo residencial hacia el callejón de carga.

En la esquina paró al primer taxi de servicio público que cruzó la avenida.

—A la Emirates International Academy, por la ruta interior de Umm Hurair. Y rápido —le ordenó al conductor en árabe, arrojándole dos billetes de cien dirhams sobre el tablero.

Eran las 11:45 de la mañana. Faltaban más de dos horas para la salida formal de los alumnos y la trampa de Dante.

Aleksandra descendió dos cuadras antes del colegio, aprovechando la sombra de un edificio comercial en obras. Se colocó una pañoleta de lino sobre la cabeza y gafas oscuras. Con pasos seguros pero discretos, no se acercó a la puerta principal donde una furgoneta oscura con vidrios polarizados vigilaba la calle con el motor encendido. Rodeó la manzana por el área deportiva y entró directamente por el acceso médico de la enfermería escolar, mostrando su credencial de jefa de neurocirugía del hospital central.

—Doctora Rossi, qué sorpresa. ¿Ocurre algo? —preguntó la enfermera a cargo.

—Una urgencia familiar impostergable —respondió Aleksandra con una voz tan serena y autoritaria que no admitía sospechas—. Necesito retirar a Dimitri de inmediato. Mi chofer aguarda en el lateral.

Tres minutos después, Dimitri entraba a la salita de la enfermería con su mochila pequeña colgada al hombro. Al ver a su madre con la pañoleta y la mirada fija, el niño no hizo preguntas tontas. Aleksandra le dio dos toques suaves en el hombro izquierdo: la clave silenciosa que significaba peligro inminente, obediencia absoluta.

—Hola, solnyshko —susurró ella, arrodillándose para abrazarlo fuerte, sintiendo el aroma tibio de su cuello antes de alzarlo en brazos—. Nos vamos de viaje ahora mismo.

Salieron por la compuerta de mantenimiento que daba a un pasaje peatonal opuesto a la avenida principal. Aleksandra no miró atrás. Caminó con Dimitri apretado contra su pecho hasta una estación de metro subterránea, donde se mezcló con la multitud de turistas y empleados internacionales, cambiando de línea tres veces antes de salir a la superficie en el área antigua de Deira.

Allí, en el laberinto de mercados de especias y talleres mecánicos, compró al contado un viejo todoterreno japonés con vidrios oscurecidos a un comerciante paquistaní que no pidió identificación a cambio de un fajo generoso de billetes. Cargó combustible, compró provisiones de agua y comida enlatada, y tomó la autopista del este, rumbo a las montañas escarpadas de Hatta, en la frontera con Omán.

Durante cuatro días, Aleksandra logró lo imposible: convertirse en un fantasma.

Se refugió en un pequeño caserío de pescadores abandonado en la costa rocosa de Fujairah, en una cabaña de piedra frente al golfo donde no había antenas de telefonía, cámaras de vigilancia ni turistas. Pasaba las horas enseñándole a Dimitri a leer las corrientes del agua y observando el horizonte con los prismáticos desde lo alto de un acantilado. El niño, fascinado por la aventura, se mantenía tranquilo, aunque a veces se quedaba mirando las olas con esos ojos grises y profundos que le recordaban a su madre el filo de la navaja sobre la que caminaban.

Aleksandra ya había contactado, a través de un locutorio público a veinte kilómetros, con un capitán de carguero griego que aceptaría transportarlos a Chipre a cambio de oro sin registrar manifiestos de pasajeros. Faltaban apenas doce horas para el zarpe.

Creía haber ganado la partida.

La cuarta noche cayó con un viento tibio que arrastraba polvo del desierto y el olor a salmuera del mar embravecido. Dimitri dormía en un catre de lona dentro de la cabaña, abrazado a su pequeña mochila escolar, de la cual se había negado a separarse durante todo el trayecto porque decía que allí guardaba sus piedras de la suerte y su autito preferido.

Aleksandra estaba sentada en el umbral de madera, limpiando la recámara de la Glock a la luz tenue de una vela de parafina.

De pronto, el silencio de la noche se fracturó.

No fue un disparo. Fue el crujido leve, distante pero rítmico, de neumáticos pesados aplastando grava a quinientos metros de la costa. Sin luces. Sin sirenas.

Aleksandra se puso de pie en un segundo, amartilló el arma con un chasquido metálico y sopló la vela, sumiendo la cabaña en una oscuridad absoluta. Corrió hacia el catre y levantó a Dimitri en brazos, quien despertó sobresaltado pero guardó silencio al sentir la mano firme de su madre sobre los labios.

—Shh... mamá está aquí —le susurró al oído en ruso—. Silencio absoluto.

Se asomó por la hendidura de la ventana que daba al camino de tierra.

Tres todoterrenos negros de gran porte acababan de cortar las dos únicas vías de salida del acantilado. De los vehículos descendieron ocho hombres con trajes tácticos oscuros, desplegándose en abanico con la disciplina implacable de un pelotón militar. Ninguno gritaba. Ninguno corría. Se movían cercando la cabaña con la certeza absoluta de quien sabe que el objetivo no tiene escapatoria.

«¿Cómo?», pensó Aleksandra, sintiendo un nudo helado apretarle la garganta. «No usé tarjetas, no encendí un teléfono, cambié de vehículo dos veces... es imposible».

La puerta delantera del vehículo central se abrió.

De la penumbra emergió una figura alta, imponente y ancha de hombros.

Dante Moretti vestía una camisa oscura con las mangas remangadas y un abrigo largo abierto. En la penumbra lunar, Aleksandra pudo distinguir el vendaje quirúrgico que cubría el puente de su nariz y el hematoma violeta que aún le marcaba la mandíbula izquierda donde ella había impactado el golpe. Pero lo que heló la sangre de la cirujana fue lo que Dante sostenía en su mano derecha.

Un pequeño receptor digital con una pantalla táctil que parpadeaba con una luz roja intermitente, emitiendo un pulso sonoro suave: bip... bip... bip...

Aleksandra bajó la vista hacia los brazos de su hijo.

Dimitri sostenía su mochila escolar contra el pecho. En la base de la correa de lona, oculta debajo del broche de plástico reforzado que Lorenzo le había cambiado al niño disimuladamente durante el recreo escolar en Dubái, titilaba un microtransmisor satelital militar del tamaño de una moneda de diez centavos.

No la habían rastreado a ella. Habían rastreado al niño desde el primer segundo. Dante la había dejado correr, desgastarse y creerse a salvo solo para cerrarle la trampa en el momento más vulnerable.

La puerta de madera de la cabaña cedió con un crujido lento.

Dante entró en la penumbra. Se detuvo a tres metros, recortado contra el resplandor de los faros de sus camionetas que iluminaban la estancia desde afuera. Sus ojos grises, ardiendo con una furia fría y una admiración oscura, barrieron la habitación hasta clavarse en Aleksandra, que lo encañonaba directamente a la frente con el brazo extendido, sosteniendo al niño detrás de su espalda.

Dante guardó el receptor en su bolsillo y bajó la vista hacia la pistola que le apuntaba sin temblar.

—Un cabezazo impecable y una luxación mandibular —dijo Dante, y su voz profunda vibró en las paredes de piedra con una calma aterradora—. Estuve inconsciente cuatro minutos. El doctor Bellini tuvo que reacomodarme el tabique en el hotel. Tienes un golpe devastador, dottoressa.

Dio un paso hacia ella, ignorando por completo el cañón del arma.

—Pero este juego se terminó. Ya corriste suficiente.

Aleksandra apretó el disparador hasta el primer descanso, con la respiración entrecortada y los ojos verdes encendidos en odio puro.

—Da un paso más, Dante... y te juro por Dios que esta vez no te vas a levantar.

1
Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Marta Luisa Nebreda Escalante
porqué ella no instruye al hijo como su padre hizo con ella ? quedará a cargo de dos dinastías y el chico cero instrucción 🤔🤔🤔🤔🤔
Marta Luisa Nebreda Escalante
no sólo que lo abrió sino que ella se abrió de piernas a él 🤣
Marta Luisa Nebreda Escalante
ella es más mafiosa que él, porque viene de la mafia rusa 🤔🤦
Marta Luisa Nebreda Escalante
no quiere llevarlo hacia la mafia de su padre y qué lindo ejemplo le está dando al hijo con un arma en la mano.....va va vs🤔
Ana Cortes
felicidades me encantó tu novela fue fluida y no monótona lo único que al final las edades de los hermanos no coincidían ya que de principio se llevaban por tres años al final fueron por seis años todo lo demás lo disfrute al máximo éxito y bendiciones♥️♥️♥️
Marta Luisa Nebreda Escalante
jajaja jajaja 🤣, idiota e inconsciente dijo porque se fué y no pensó lo mismo cuando se encamo 😂😂😂😂😂😂
Ana Cortes
dios los libre
Mayra C Velez V
cuándo le dirá papá ☺️
Mayra C Velez V
madre mía 🤭
Ana Cortes
como dra puede irse sin pensar en sus pacientes de Dubai irse sin dar ninguna explicacion
Mayra C Velez V
mas de cuatro años... tres años y medio de Dimitri más el embarazo
Mayra C Velez V
/Toasted//Shy//Gosh/
Maria Gudiño
y el trabajo en Dubai 🤔🤔🤔?????
Mayra C Velez V
"en tú cama"
Mayra C Velez V
"en tu cocina" creo
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