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"BESSEKAI" (BL) EN ESPAÑOL "!OTRO MUNDO"

"BESSEKAI" (BL) EN ESPAÑOL "!OTRO MUNDO"

Status: En proceso
Genre:Contratadas / Romance / Supersistema / Mundo mágico / Zombis
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Macarena rios

En el mundo moderno, Yang Zhang lo tenía todo: diecisiete años, un cuerpo alto (de más de un metro ochenta y ocho), músculos definidos de atleta y la imponente masculinidad del capitán del equipo de baloncesto escolar. Era el escudo de sus amigos y el orgullo de sus padres, dos dentistas de costumbres metódicas. Sin embargo, en un parpadeo, un brutal accidente vehicular destruye su vida y se lleva a sus padres en las llamas.
En el instante previo a la muerte, una entidad fría y enigmática llamada el "Sistema" interviene para salvar su alma. Cuando Zhang abre los ojos, descubre que ha sido transmigrado a un mundo místico de cultivo y clanes marciales, adoptado como el único heredero del sabio líder del Clan Yang.
Pero el cambio no es solo de mundo: al mirarse en el reflejo del agua, Zhang descubre con estupor que ya no posee su cuerpo alto y robusto de deportista. Ahora habita la figura de un joven de facciones delicadas, tez de porcelana, contextura pequeña, delgada y frágil.

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Capitulo 5- Primer Encuentro

El traqueteo constante de las ruedas de madera contra el camino de tierra marcaba el ritmo de la caravana real. Dentro del carruaje de gala, tapizado en terciopelo azul y perfumado con esencias de sándalo, el ambiente era sereno.

Zhang viajaba sentado frente a una joven de belleza refinada. Era Yang Che, la hija mayor de Yang Lu y, desde su nombramiento, su hermana adoptiva. Ataviada con un elegante vestido de seda negra que contrastaba con su piel clara y sus cabellos recogidos con horquillas de plata, la muchacha no había dejado de observarlo desde que salieron del palacio.

—Así que tú eres el famoso Yang Zhang —habló ella finalmente, rompiendo el silencio con una sonrisa cálida que iluminó su rostro—. Mi padre me habló tanto de ti durante estos días que exigí venir en el mismo carruaje. Dijo que tenías la valentía de un guerrero experimentado, pero al verte en persona... pareces una delicada figura de porcelana.

Zhang sonrió con soltura, acomodándose las mangas de su túnica azul sobre las rodillas.

—Las apariencias engañan, hermana —respondió con su voz suave y cristalina, aunque por dentro sus instintos de capitán de baloncesto seguían tan despiertos como siempre—. Es un verdadero placer conocerte.

—El placer es mío —dijo Yang Che, inclinándose con entusiasmo genuino—. El Clan Yang nunca había tenido un hijo varón, y saber que ahora tengo un hermano me llena de alegría.

A medida que la caravana se adentraba en los dominios del Clan Chen, el paisaje se transformó en un frondoso bosque de bambú de tallos verdes y plateados. Al caer la tarde, se detuvieron en la entrada de un campamento de caza privado.

Al bajar del carruaje, Yang Lu y Yang Che fueron recibidos por una comitiva de porte regio. Al frente se hallaba Chen Lu, el respetado líder del Clan Chen, escoltado por sus tres hijos.

—¡Viejo amigo! Qué alegría recibirte —saludó Chen Lu con una sonora carcajada, abrazando al líder Yang antes de dirigir la mirada hacia Zhang—. Conque este es el joven que salvó tu vida y de quien tanto me has hablado en tus cartas.

—Así es. Te presento a mi hijo y príncipe heredero, Yang Zhang —anunció Yang Lu con orgullo.

Zhang dio un paso adelante y realizó una reverencia impecable de respeto.

—Es un honor conocer al líder del Clan Chen —dijo Zhang.

—El honor es nuestro, muchacho —respondió Chen Lu, señalando a los tres jóvenes a su lado—. Te presento a mis hijos: Chen Hoo, mi primogénito y heredero del clan; Chen So, mi hija menor; y mi segundo hijo, el del medio, Chen Liu.

Al escuchar ese último nombre, Zhang alzó la mirada.

A pocos metros de él se encontraba Chen Liu. El segundo amo del Clan Chen era un muchacho alto, de figura estilizada y hombros erguidos, vistiendo túnicas oscuras bordadas con hilos de plata. Aunque su hermano mayor, Chen Hoo, portaba la postura sobria del futuro líder, Chen Liu poseía un aura distinta: una belleza fría y aristocrática, piel blanca como la nieve, rasgos pulidos y unos ojos oscuros y claros como el agua de una caverna mística, que lo observaban con una expresión reservada e indescifrable.

Por un instante, los ojos de Zhang se cruzaron con los de Chen Liu en el aire. Zhang sintió una extraña corriente eléctrica recorrerle la espina dorsal, una sensación de reconocimiento inmediato que lo hizo contener el aliento. Chen Liu, por su parte, mantuvo su postura estoica, aunque una sutil chispa de curiosidad cruzó la penumbra de sus pupilas al contemplar la figura menuda y los rasgos delicados del recién llegado.

A las once de la noche, el campamento cayó en un silencio sepulcral. Las normas del Clan Chen eran estrictas: todos debían retirarse a sus carpas y permanecía prohibido deambular por el bosque a deshora.

Zhang descansaba en su carpa sobre un lecho de pieles. Sin embargo, pasada la medianoche, el sueño tranquilo se transformó en una pesadilla febril.

En su mente retumbó el chillido horrendo de los neumáticos contra el asfalto, el rugido ensordecedor del camión cisterna volcando y la bola de fuego envolviendo el automóvil.

—¡MAMÁ, CUIDADO! ¡MAMÁ! —gritó Zhang en la penumbra de su sueño.

Se incorporó en el colchón de golpe, bañándose en un sudor frío y respirando con agitación. Tenía el pecho oprimido y el pulso desbocado. La memoria del accidente terrenal regresaba a veces como una ola violenta para recordarle lo que había perdido.

Sabiendo que no podría volver a conciliar el sueño, Zhang se levantó en silencio. Ajustó su túnica azul, se deslizó por un costado de la carpa evitando a los guardias somnolientos y se adentró en la frescura del bosque nocturno necesitando aire puro.

Caminó guiado por el rumor distante de agua corriendo, hasta llegar a una majestuosa cascada rodeada de rocas cubiertas de musgo. El agua caía en una poza cristalina iluminada por la luz de la luna.

Al acercarse a la orilla, escuchó unos gemidos finos y lastimeros que salían de una pequeña gruta al costado de las rocas. Curioso, Zhang se agachó y se adentró en la cavidad.

Allí, acurrucados sobre las piedras frías, encontró a cuatro pequeños gatitos de campo. Estaban débiles, temblando de frío y con pequeñas heridas sangrantes en sus patas.

—Pobres pequeños... ¿qué les pasó? —murmuró Zhang con profunda ternura.

Sin dudarlo, Zhang extendió sus pequeñas manos de porcelana sobre los felinos. Concentró el flujo de qi en su pecho y dejó que la energía de la Recámara Azul fluyera por sus brazos. Un resplandor de luz azul cobalto, puro y brillante, emanó de sus palmas, envolviendo a los gatitos. En cuestión de segundos, la luz mística cerró las heridas de los animales y les devolvió el calor corporal.

—Vaya, la energía curativa de mi padre realmente funciona de maravilla —sonrió Zhang, tomando a uno de los gatitos de pelaje rojizo en sus manos.

—¿Tú los curaste...? —resonó una voz baja y profunda desde la entrada de la cueva.

Zhang se sobresaltó y se giró rápidamente.

Recostado contra la pared de piedra, sosteniendo un pequeño cuenco con comida para gatos, se encontraba Chen Liu. Bajo la luz dorada de la noche, su figura alta e imponente destacaba sobre la penumbra.

—¿Chen Liu? —preguntó Zhang, parpadeando por la sorpresa—. ¿Qué haces aquí? ¿No estaba prohibido salir de las carpas?

—Yo debería preguntarte eso a ti —respondió Chen Liu con su habitual tono sereno, acercándose despacio—. Estos gatitos estaban muy enfermos. Llevaba semanas intentando sanarles una sola pata con medicina herbal... y tú los has curado en un segundo.

—Mi padre me enseñó a canalizar la energía curativa —explicó Zhang, dejando al gatito en el suelo. Los cuatro felinos reconocieron a Chen Liu y corrieron alegremente a enroscarse entre sus tobillos—. Ya veo... así que estos pequeños eran tuyos.

—No son míos. Solo les traigo comida —aclaró Chen Liu, aunque la suavidad con la que acarició a uno de los gatos desmentía la frialdad de sus palabras.

—Claro, claro, y los cuidas por pura casualidad —bromeó Zhang con una sonrisa pícara, sentándose en el suelo de piedra.

Con el frío de la noche colándose en la cueva, Zhang juntó unas cuantas ramas secas y, concentrando un chispazo de energía mística en sus dedos, encendió una pequeña fogata que iluminó la cavidad con un tono cálido.

Los gatitos, buscando el calor del fuego, corrieron a acomodarse entre las piernas de Zhang.

—Vaya, parece que también me quieren a mí —susurró Zhang con una risita suave.

Chen Liu se sentó a pocos pasos de él, observando la escena en silencio. La luz de la fogata se reflejaba en el rostro de porcelana de Zhang, resaltando la delicadeza de sus facciones y el brillo de sus ojos oscuros. Para Chen Liu, resultaba fascinante ver cómo un joven de apariencia tan frágil e inocente poseía una soltura y un temperamento tan confiado.

—Gracias... por curarlos —murmuró Chen Liu en voz muy baja, mirando hacia el fuego.

—De nada —respondió Zhang con calidez—. Lo habría hecho por cualquier animal.

Pasaron las horas en un silencio cómodo, jugando esporádicamente con los gatitos. Sin embargo, el cansancio acumulado de la pesadilla y el esfuerzo de usar su energía curativa terminaron por vencer a Zhang. Sus párpados comenzaron a pesarle y su cabeza cabeceó por el sueño.

De repente, una ráfaga de viento helado atravesó la cueva, apagando las brasas de la fogata. Al mismo tiempo, el cansancio acumulado por cuidar de los felinos hizo que Chen Liu, que llevaba días sin dormir bien, perdiera el equilibrio y se inclinara hacia adelante vencido por la somnolencia.

Al ver que Chen Liu estaba a punto de golpearse la cara contra las piedras del suelo, los reflejos de atleta de Zhang se activaron de inmediato.

En un movimiento rápido y felino, Zhang se deslizó hacia adelante y estiró el brazo, colocando su mano y su antebrazo justo debajo de la cabeza de Chen Liu para amortiguar la caída.

El peso de Chen Liu cayó sobre los brazos de Zhang. Sus rostros quedaron a escasos centímetros de distancia.

Zhang sostuvo la respiración. A esa proximidad tan íntima, podía sentir la respiración pausada de Chen Liu contra su cuello y apreciar cada detalle de sus pestañas largas, sus labios definidos y la serenidad de sus rasgos dormidos.

“Cielos... de cerca es realmente muy guapo”, pensó Zhang, sintiendo un repentino e incontrolable calor subirle por las mejillas.

Incapaz de mover el brazo sin despertarlo y sintiendo que el frío de la madrugada apretaba, Zhang se acomodó con cuidado en el suelo de la cueva. Acurrucados instintivamente el uno contra el otro para combatir las bajas temperaturas, y con los cuatro gatitos dormidos a sus costados, ambos cayeron en un sueño profundo y reparador.

Al despuntar los primeros rayos del alba, la luz dorada del mañana se filtró en la caverna.

Zhang abrió los ojos lentamente. Lo primero que percibió fue la calidez de un abrazo firme rodeándole la cintura y la sensación del pecho de Chen Liu pegado al suyo. Habían dormido profundamente entrelazados durante toda la noche.

Zhang se congeló, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.

—¡Rayos! Nos quedamos dormidos... —pensó en un pánico silencioso.

Despacio, para no hacer ruido, Zhang movió el hombro de Chen Liu.

—Oye... Chen Liu... despierta. Ya amaneció —susurró al oído del joven.

Chen Liu abrió los ojos despacio, parpadeando con la mirada desorientada y el cabello largo ligeramente despeinado. Al darse cuenta de la posición en la que estaban —abrazados en el suelo de una cueva rodeados de gatos—, sus ojos se abrieron de par en par. Un sonrojo intenso y repentino tiñó sus mejillas de porcelana.

—Nos... nos quedamos dormidos —dijo Chen Liu, levantándose de golpe con torpeza.

—¿Qué pasa si nos descubren? —preguntó Zhang, conteniendo una risita al ver la reacción avergonzada del segundo amo de la casa Chen.

—Si los guardias nos ven fuera del campamento a esta hora... nos darán cincuenta azotes con la tabla de disciplina a cada uno —respondió Chen Liu con seria preocupación.

—¡¿Cincuenta azotes?! ¡Ni hablar! ¡Efecto fuga ya! —exclamó Zhang, poniéndose de pie de un brinco.

Sin perder un segundo, ambos salieron corriendo de la cueva a toda velocidad, dejando atrás a los gatitos que los saludaban con suaves maullidos, y cruzaron el bosque en un regreso veloz antes de que el campamento despertara por completo.

Esa noche en la cascada había marcado el inicio de una complicidad indestructible entre el príncipe heredero del Clan Yang y el segundo amo del Clan Chen.

1
Micaela
La historia es muy bonita y divertida
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