Ella reencarna en un mundo mágico. Una familia militar, pero ella solo quiere verse linda y leer.. y sobre todo ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Antony Parisi 2
Ellie Viceroy tenía un problema.
Bueno, en realidad, tenía varios, pero en aquel momento solo uno ocupaba su atención.
Antony Parisi.
Más específicamente, su acento.
Mientras caminaban hacia la habitación donde Stefan guardaba sus preparados mágicos, Ellie notaba que algunas palabras de Antony sonaban diferentes a las que estaba acostumbrada a escuchar en Sunderland. No era una diferencia demasiado marcada, pero sí lo suficiente para despertar su curiosidad.
Y Ellie era muchas cosas, pero jamás había sido una mujer capaz de ignorar una curiosidad cuando podía satisfacerla con una pregunta.
—Señor Parisi, ¿puedo preguntarle algo?
Antony giró el rostro hacia ella.
—Por supuesto.
—Su manera de hablar es un poco diferente. ¿Es usted de otro reino?
Él sonrió, aparentemente complacido por la observación.
—Muy perspicaz, señorita Viceroy. Vivo en el reino de Vagur.
—¿Vagur?
—Así es. Me establecí allí durante una buena parte de mi vida después de salir de Sunderland.
Ellie sintió que se le iluminaban los ojos.
¡Un reino extranjero!
Aquello era muchísimo más interesante que escuchar a su padre hablar de las posiciones militares en la frontera.
—¿Cómo es? Nunca he tenido la oportunidad de conocerlo.
Antony pareció pensar durante unos segundos cómo describirlo.
—Es bastante diferente de Sunderland. Tiene regiones costeras preciosas, ciudades construidas alrededor de puertos y pequeñas localidades donde las familias han vivido durante generaciones del comercio y la agricultura. El clima es cálido en muchas de sus regiones, y la comida...
Hizo una pausa y sonrió.
—La comida es excelente.
Ellie se enderezó.
[¡Atención! ¡Esta conversación acaba de volverse importante!].
—¿Excelente en qué sentido?
Antony soltó una risa.
—Sabía que preguntaría eso.
—¡Por supuesto que iba a preguntarlo! ¿Qué clase de descripción de un reino extranjero omite la comida?
Él rio nuevamente.
—Hay viñedos, quesos de muchas variedades, panes tradicionales, aceite elaborado con aceitunas y platos preparados con hierbas aromáticas. En las regiones costeras se consume mucho pescado. Y hay una enorme variedad de dulces.
Ellie se detuvo.
Lo miró.
—¿Dulces?
—Muchos.
La joven sintió que acababa de encontrar una razón perfectamente válida para visitar Vagur.
[¡Viñedos, queso, vino, pan, aceite de oliva y dulces!].
Su imaginación comenzó a trabajar a una velocidad extraordinaria.
No sabía exactamente cómo era aquel reino, pero la descripción le evocaba imágenes de una gran isla cálida, con construcciones de piedra clara, balcones cubiertos de enredaderas y calles estrechas que desembocaban en plazas soleadas.
Se imaginó grandes mesas repletas de comida, quesos cortados en rodajas, panes recién horneados y jarras de vino colocadas bajo pérgolas cubiertas de parras.
Era una imagen que le recordaba a una versión fantástica de Italia.
[¡Un lugar donde podría pasar las tardes leyendo bajo una parra mientras alguien me sirve queso y pan recién hecho!].
Sus ojos brillaron.
[¡Quiero ir!].
—Parece un lugar maravilloso
—Lo es. Aunque, como cualquier reino, también tiene sus dificultades.
—Naturalmente. Pero sospecho que sus dificultades serían mucho más llevaderas si estuvieran acompañadas de un buen plato de comida.
Antony la miró.
Después soltó una carcajada.
—Señorita Viceroy, empiezo a pensar que podría convencerla de visitar Vagur con una descripción de su gastronomía.
Ellie sonrió con orgullo.
—No sería difícil.
—¿Ni siquiera necesitaría hablarle de sus paisajes?
—Puede hablarme de ellos mientras comemos.
Antony volvió a reír.
Y Ellie descubrió que le gustaba aquella risa.
Le gustaba bastante.
[¡Ay, no!].
La joven se reprendió mentalmente.
[¡Concéntrate! ¡Viniste a recoger una poción, no a planificar unas vacaciones gastronómicas con un hombre atractivo!].
Sin embargo, cuando Antony volvió a mirarla con aquellos ojos verdes, le resultó extraordinariamente difícil recordar cuál era exactamente su propósito.
La conversación continuó mientras entraban en la habitación contigua.
Es un hombre maduro, sabe lo que quiere y desea hacer feliz a la mujer que el destino puso en su camino.
Tratarla con igualdad de derechos, porque en esa época la mujer era simplemente ama de casa y procreadora, no podía opinar.
Que excelente la madurez de Antony Parisi 👏👏🥰♥️