Amanda fue regalada a la familia Smirnov para saldar las deudas de su padre, Vladimir Smirnov el patriarca intenta entregarla a su hijo para por fin tener un nieto, pero no todo sale como lo esperaban: un romance apasionado y el secreto del heredero de la familia.
NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24: Un pacto para la sobriedad
Alek tomó la mano de Amanda, pero en lugar de estrecharla en un acuerdo formal, envolvió sus dedos largos y cálidos alrededor de la palma de la joven, tirando suavemente de ella hacia él.
Amanda ahogó un leve suspiro cuando su pecho choco levemente contra el abdomen firme y musculoso del ruso.
—Acepto la apuesta, Amanda —dijo Alek con una voz tan grave, profunda y sensual que le erizó la piel a la muchacha—. Pero bajo mis condiciones.
—¿Cuáles condiciones? —preguntó ella, tratando de mantener la compostura a pesar del latido desenfrenado de su corazón.
Alek inclinó la cabeza hasta que sus labios quedaron a un milímetro de la oreja de Amanda. Su aliento caliente, impregnado con el aroma del whisky ahumado, le rozó la piel sensible del cuello, haciéndola temblar de arriba abajo.
—No será esta noche —susurró él.
Amanda parpadeó, desconcertada, intentando apartarse ligeramente para mirarlo a la cara, pero la mano grande de Alek en su cintura se lo impidió firmemente.
—¿Por qué no esta noche? —preguntó ella—. Estamos solos, es tarde y la apuesta ya está hecha.
—Porque he bebido —respondió Alek, mirándola a los ojos con una seriedad absoluta y penetrante—. No mucho, pero tengo alcohol en el cuerpo. Y no voy a darte la excusa más adelante de que lo que pasó o no pasó fue culpa del whisky. Si voy a probar si mi cuerpo despierta contigo, y si voy a arriesgar mi orgullo frente a ti, quiero estar cien por ciento sobrio. Quiero que ambos estemos con los sentidos completamente despejados.
Amanda sintió una ola de respeto y fascinación recorrerle el cuerpo. La honestidad y el sentido del honor de Aleksandr, incluso en un momento de vulnerabilidad e intimidad tan alto, reafirmaban por qué se había enamorado de él.
—Está bien —cedió Amanda en un susurro—. ¿Cuándo, entonces?
Alek la miró de pies a cabeza, recorriendo con sus ojos azul verdoso la seda crema del camisón, la curva de sus caderas y la blancura de su cuello descubierto. Un brillo de deseo crudo y posesivo encendió sus pupilas.
—Mañana por la noche —decretó el heredero Smirnov con voz firme—. Mañana es sábado. No hay reuniones de junta directiva, no hay socios moscovitas ni llamadas del puerto. Mañana a las diez de la noche vendrás a mi habitación principal. Sin interrupciones. Sin alcohol de por medio. Solo tú y yo.
Amanda sintió una sacudida eléctrica recorrerle el vientre. La sola idea de ingresar a la suite principal de Alek a la noche siguiente, sabiendo lo que estaba en juego en esa apuesta, le hizo acelerar el pulso a mil por hora.
—Mañana a las diez de la noche —repitió Amanda, sosteniéndole la mirada con absoluta determinación—. Estaré en tu habitación, Aleksandr.
Alek sostuvo su mano un segundo más antes de soltarla despacio. Se alejó dos pasos, recuperando su postura erguida de líder, aunque sus ojos no dejaron de devorarla en la penumbra.
—Ahora, regresa a tu cama, krasavitsa —ordenó suavemente—. Necesitamos descansar. Mañana será un día muy largo... y una noche aún más larga.
Amanda le dedicó una última sonrisa, llena de una promesa silenciosa y apasionada. Dio media vuelta y caminó hacia la puerta del estudio con paso firme y elegante.
Al salir al pasillo y cerrar la puerta de roble a sus espaldas, Amanda apoyó la espalda contra la madera, llevándose una mano al pecho para intentar calmar el frenético latido de su corazón. La suerte estaba echada. No había marcha atrás.
A la noche siguiente, en la habitación del heredero Smirnov, cambiaría el destino de ambos para siempre.