Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 10
Lucía despertó en una habitación privada de un sanatorio.
Mateo estaba junto a la cama, de traje negro y expresión imposible.
—¿Por qué estás vos? —preguntó ella, todavía débil.
—Simón estaba de franco.
—Claro. Entonces mandó al presidente.
—Me llamó.
Lucía cerró los ojos.
Otra vez Mateo. Otra vez ella hecha un desastre.
—Gracias.
—¿La sopa instantánea estaba rica?
Ella abrió los ojos.
—No empieces.
Él debió haber visto el envase en la cocina.
—¿Tu novio?
—Murió ayer.
Mateo la miró.
—Buena noticia.
Lucía casi sonrió, pero el dolor la frenó.
La doctora Molina entró con indicaciones. Era la tía de Mateo.
—Gastritis, agotamiento y mala alimentación —dijo—. Nada dramático si dejás de vivir a café, rabia y fideos de vaso.
—Qué específica.
La doctora le entregó a Mateo la medicación.
—Vos, cuidala. Y no la mires con esa cara de "lo arreglo con plata", porque la gastritis no firma contratos.
—Sí, tía.
Lucía quiso desaparecer bajo la sábana.
Cuando la doctora salió, llegó la comida. Tres platos y sopa de La Cúpula.
—Esto es un montón.
Mateo le pasó los cubiertos.
—Doscientos cincuenta pesos. Precio amigo.
—Me estás insultando.
—Comé.
Lucía comió porque tenía hambre desde el día anterior y porque discutir acostada era incómodo.
Después Mateo miró el reloj.
—Tengo que irme. Afuera está Blanca, mi secretaria. Si necesitás algo, le decís a ella o me escribís.
Ya en la puerta, se detuvo.
—Tu novio murió. La pregunta que te hice sigue abierta.
Lucía casi se atragantó con arroz.
—Mateo, por favor. Acabo de enviudar de un idiota. No quiero pareja.
—Bien. No pregunto más.
Se fue.
Lucía lo vio irse y le agarró culpa. Él la había llevado al sanatorio, le había comprado comida y ella le contestaba como si viniera a venderle un plan imposible.
Más tarde le escribió:
Lucía: Perdón. Hablé mal.
Mateo: No pasa nada.
Lucía: Gracias por traerme.
Mateo: Mm.
Lucía: Te transfiero la comida.
Le mandó 250 pesos.
Mateo rechazó la transferencia.
Mateo: La próxima invitás vos.
Lucía miró la pantalla un buen rato.
En otro lugar, Mateo estaba en un bar con Fabián, su primo, y Lautaro Mena, un amigo cercano. Los dos lo molestaban sin piedad.
—Primera vez que una mina te rechaza y encima te llama por tu nombre —dijo Fabián—. Te gusta porque está loca.
Mateo bebió.
—No dije que me gusta.
Lautaro se rio.
—Si no te gustara, llamabas a una ambulancia. No tirabas una puerta abajo.
Mateo no respondió.
Pensó en Lucía pálida, doblada de dolor, y en la manera en que todavía tenía fuerzas para quejarse de la puerta.
Al día siguiente, él mismo firmó el alta y la llevó a su departamento.
La puerta estaba rota. Las cajas ocupaban el living. Todo parecía provisional, vulnerable.
—Estás mudándote —dijo.
—Sí.
—¿Por qué?
—Mi ex murió. Me preocupa que vuelva de visita.
Mateo miró el marco destrozado.
—¿Cuándo entregás?
—Antes del miércoles.
Bruno era insistente. Aunque el compromiso se hubiera cancelado, aunque lo hubieran descubierto, Lucía sabía que no iba a soltarla fácil.
Mateo se sentó en el borde del sofá como si el caos no le molestara.
—La puerta está rota. Mudate hoy.
—¿A dónde?
—A mi casa.
Lucía le tiró una botella de agua cerrada. Él la atrapó.
—No.
—Bruno sabe dónde vivís.
—También sabe hablar y eso no lo hace inteligente.
—No estoy discutiendo su inteligencia.
Lucía abrió la heladera vacía.
—No voy a vivir con vos porque me rompieron una puerta.
—Yo rompí la puerta.
—Peor.
Mateo se levantó.
—Llamame si vuelve.
—¿Eso es todo?
—Por ahora.
Se fue sin insistir.
Lucía miró la puerta caída, las cajas, el saco de él sobre el sofá y el agua que acababa de esquivar.
El departamento ya no parecía refugio.
Parecía una puerta mal cerrada.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕