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Mi Corazón Es Tuyo

Mi Corazón Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Amor prohibido / Reencarnación
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación

un alfa y un omega

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Quien es esa chica

El Alfa llevaba un buen rato sentado en la banca de la plaza cuando decidió que ya era hora de regresar a la guarida.

Se levantó tranquilamente, se acomodó la chaqueta negra y comenzó a caminar hacia la salida.

Sin embargo, antes de marcharse, escuchó una voz familiar.

—¡Eiden, espera! ¡Camina más despacio!

El Alfa se detuvo.

Giró el rostro hacia el otro lado de la plaza y, a cierta distancia, distinguió a un chico de cabello amarillo.

Era Eiden.

Pero aquella vez no llevaba su uniforme militar. Vestía unos pantalones oscuros, una camiseta sencilla y una chaqueta ligera. Su cabello estaba ligeramente despeinado y parecía mucho más relajado que cuando lo había visto en el hospital.

El Alfa se quedó observándolo.

Entonces descubrió algo más.

A su lado caminaba una chica hermosa de cabello castaño. Ella llevaba una sonrisa en los labios y sostenía la mano de Eiden con absoluta naturalidad.

El Alfa dejó de caminar.

Su expresión cambió inmediatamente.

—¿Qué…?

La chica entrelazó sus dedos con los de Eiden y apoyó la cabeza en su hombro mientras paseaban por la plaza.

Eiden sonrió al escuchar algo que ella le dijo.

Aquella sonrisa.

La misma que el Alfa llevaba días intentando olvidar.

Pero ahora estaba dirigida a otra persona.

El Alfa sintió una presión incómoda en el pecho.

Lentamente, sacó la venda que guardaba en el bolsillo y volvió a cubrirse los ojos. A veces se la quitaba cuando estaba solo, pero en aquel momento no quería que nadie pudiera reconocerlo.

Mucho menos Eiden.

Apretó los puños.

¿Quién demonios es esa mujer?

Continuó observándolos desde lejos.

La chica se acercaba a Eiden para decirle algo al oído y ambos soltaban pequeñas carcajadas. En determinado momento, ella lo abrazó por el brazo y el omega le acarició suavemente la mano.

El Alfa sintió que la furia comenzaba a apoderarse de él.

No entendía por qué.

Eiden no era suyo.

Ni siquiera eran amigos.

Apenas habían intercambiado unas cuantas palabras, y el omega ni siquiera sabía quién se escondía detrás de aquella venda negra.

Entonces, ¿por qué le molestaba tanto verlo con otra persona?

—Qué ridículo… —murmuró con rabia—. No me importa con quién esté.

Pero no se marchó.

Se quedó allí, observándolos durante un largo rato, hasta que finalmente la pareja comenzó a abandonar la plaza.

El Alfa esperó unos segundos antes de seguirlos.

Mantuvo una distancia prudente, caminando por la acera opuesta y aprovechando la presencia de otras personas para pasar desapercibido.

No sabía qué pretendía hacer.

Solo quería descubrir quién era aquella chica.

Eso era todo.

Al menos, eso intentaba convencerse.

Después de caminar durante varios minutos, Eiden y la joven llegaron a una casa de fachada blanca, rodeada de pequeñas plantas.

La chica se detuvo frente a la entrada y soltó la mano del omega.

—Me alegra que hoy hayas podido salir conmigo —dijo ella, sonriendo—. Últimamente siempre estás ocupado con el trabajo.

Eiden se rascó la nuca, un poco avergonzado.

—Lo sé. Perdona. Han ocurrido muchas cosas en el hospital y también tengo responsabilidades en la base.

—Está bien. Solo quiero que descanses un poco de vez en cuando.

—Lo intentaré.

La joven lo miró con cariño y abrió los brazos.

Eiden sonrió antes de acercarse para abrazarla.

El Alfa, que observaba desde la esquina de la calle, se quedó completamente inmóvil.

La chica rodeó el cuello de Eiden con los brazos y él la estrechó suavemente contra su cuerpo.

Después, cuando se separaron, ella se puso de puntillas y le dio un beso en los labios.

El mundo pareció detenerse para el Alfa.

Sus dedos se cerraron con fuerza.

La mandíbula se le tensó y una sensación ardiente le recorrió el pecho.

—Así que… —murmuró debajo de la venda—. Tiene pareja.

Eiden no pareció sorprenderse por el beso. Le dedicó una última sonrisa a la joven y le acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Entra, ya es tarde. Avísame cuando estés dentro.

—Está bien. Tú también ten cuidado, ¿sí?

—Claro. Nos vemos pronto.

La chica entró en la casa y cerró la puerta.

Eiden esperó unos segundos, comprobando que todo estuviera bien, y después se dio la vuelta para marcharse.

El Alfa lo siguió con la mirada hasta que el omega desapareció al final de la calle.

Sin embargo, él no se movió.

La joven había vuelto a salir de la casa para recoger algo que había olvidado junto a la entrada. Se encontraba sola, revisando su bolso, cuando escuchó unos pasos acercándose.

Levantó la cabeza.

Un hombre alto, vestido completamente de negro y con una venda cubriéndole los ojos, se había detenido frente a ella.

La chica frunció el ceño, desconcertada.

—¿Disculpa? ¿Necesitas algo?

El Alfa permaneció en silencio durante unos segundos.

Después, dio un paso hacia ella.

—Quiero hacerte una pregunta.

La joven sujetó con más fuerza la correa de su bolso.

—¿Sobre qué?

El Alfa apretó la mandíbula antes de pronunciar las palabras que llevaba toda la noche guardándose.

—¿Qué eres tú de Eiden?

La chica abrió los ojos, sorprendida.

—¿Conoces a Eiden?

El Alfa no respondió inmediatamente.

Ella lo examinó de arriba abajo, intentando comprender por qué aquel desconocido parecía tan interesado en su relación con el omega.

Finalmente, preguntó con cautela:

—Espera… ¿quién eres tú?

El Alfa inclinó ligeramente la cabeza.

Y su respuesta quedó suspendida en el silencio de la calle.

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