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Vínculos De Sangre Y Seda

Vínculos De Sangre Y Seda

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:627
Nilai: 5
nombre de autor: Den Arg

En el peligroso submundo de la mafia en Nueva York e Italia, dos familias enemigas acérrimas —los Moretti y los Romano— se disputan el control del imperio.

Matteo Romano, el frío y heredero despiadado de la mafia Romano, se ve obligado a entrar en una tregua cuando conoce a Elena Moretti, la inteligente y reservada hija menor del clan enemigo.

Lo que comienza como un pacto estratégico de matrimonio de conveniencia pronto se transforma en un peligroso juego de pasión, lealtades divididas, traiciones familiares y un amor que podría salvarlos o destruirlos a todos.

NovelToon tiene autorización de Den Arg para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7: EL PRECIO DE LA DISCORDIA PT2

Mientras tanto, en la sede central de la naviera Romano en Brooklyn, la noche transcurría en un ambiente de trabajo incesante. Matteo se encontraba en su despacho del último piso, rodeado de monitores que mostraban las cámaras de seguridad del puerto y los flujos financieros de las cuentas en el extranjero.

De pie frente a su escritorio, Gabriel terminaba de limpiar el cañón de su arma secundaria antes de guardarla en la funda sobada.

—Las cámaras de la finca Moretti confirman que la signorina Elena ingresó al ala oeste hace cuarenta minutos —reportó Gabriel con su habitual monotonía profesional—. Nuestros hombres en el perímetro exterior notaron un movimiento inusual de guardias de Marco en las puertas secundarias de la propiedad.

Matteo no apartó la vista del ordenador.

—¿Marco intentó salir de la finca?

—Negativo. Ha reforzado la guardia de su pabellón personal, pero no ha intentado huir. Parece que la signorina Elena está cumpliendo con la advertencia que le dio en el coche.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió y Leo entró con una carpeta manchada de huellas bajo el brazo. Traía el rostro serio, desprovisto de las bromas habituales con las que solía aligerar las reuniones.

—Tenemos la confirmación final de la transacción bancaria, Matteo —dijo Leo, dejando la carpeta sobre la mesa—. La empresa fantasma de logística no solo pertenecía al apoderado de Marco. El pago inicial a los mercenarios de la ruta 25 salió de una cuenta secundaria vinculada directamente a la fundación de inversión de la familia Moretti. Stefano no firmó esa salida de dinero, pero la firma digital de aprobación lleva las claves de acceso de Marco.

Matteo cerró el portátil despacio, juntando las manos sobre la caoba del escritorio.

—Ya no hay duda —murmuró Matteo en voz baja—. El hermano de la novia intentó matar al novio y al patriarca el mismo día que se firmó el acuerdo.

—¿Se lo comunicamos a Don Vincenzo? —preguntó Leo, con una mano apoyada en la empuñadura de su pistola—. El viejo exigirá una purga inmediata. Si le mostramos esto, enviará a tres escuadras a la mansión de Long Island antes de que amanezca. Se acabó la diplomacia.

Matteo se levantó de la silla y caminó hacia el gran ventanal que daba al East River. La lluvia fina de la noche creaba reflejos amarillentos en el cristal. Pensó en Elena, en la firmeza con la que le había sostenido la mirada en el vehículo, en el dolor contenido al descubrir la traición de su propia sangre y en la promesa de darle veinticuatro horas.

—Le di un plazo a Elena —dijo Matteo, sin girarse.

Leo lo miró con evidente incredulidad.

—¿Le diste un plazo a la chica? Matteo, estás hablando del tipo que intentó volarnos la cabeza con fusiles de asalto hace unos días. Cada hora que le das a Marco es una hora que tiene para preparar un contraataque o para huir a Italia.

—Marco no va a huir —respondió Matteo con serenidad mortal—. Es demasiado arrogante para aceptar la derrota y demasiado cobarde para enfrentar a su padre a pecho descubierto. Esperará a ver si Elena cumple su palabra o intentará silenciar el problema por sus propios medios. Y si intenta tocar un solo cabello de su hermana para encubrir su rastro... no necesitaré la orden de Don Vincenzo para terminar con él.

—¿Y si ella lo protege? —insistió Leo—. Es su hermano, Matteo. Al final del día, la sangre pesa más que cualquier tratado comercial.

—Si Elena me traiciona y utiliza estas horas para ayudar a Marco a escapar, sabré definitivamente que no puedo confiar en ella —sentenció Matteo, girándose para mirar a su hermano y a su jefe de seguridad—. Pero si cumple con lo acordado, habré ganado algo mucho más valioso para el futuro de esta familia que una simple firma en un papel: una aliada leal dentro de la casa Moretti.

Gabriel asintió levemente, comprendiendo la visión estratégica de su jefe.

—Mantendré a dos equipos de tiradores apostados en las colinas de la finca de Long Island —informó Gabriel—. Si la situación se descontrola dentro de la casa, intervendremos de inmediato.

—Hazlo —autorizó Matteo—. Y preparen el vehículo blindado para mañana por la noche. Si Marco Moretti no se ha entregado a la justicia de su propio padre cuando expire el plazo, iré personalmente a saldar la cuenta.

La mañana siguiente amaneció en Long Island bajo una neblina densa que cubría los jardines y ocultaba la línea del mar. En el interior de la mansión, el ambiente se sentía más helado que de costumbre.

Elena pasó la noche en blanco, caminando de un lado a otro en su dormitorio, esperando que Marco tomara la decisión correcta y acudiera a Don Stefano antes de que se agotara el tiempo. Sin embargo, a las diez de la mañana, cuando bajó al comedor principal para buscar a su madre, descubrió que su hermano había abandonado la propiedad a primera hora sin informar a nadie sobre su destino.

—Tu hermano salió a las siete con tres de sus hombres de confianza —le dijo la Sra. Renata, sirviéndole una taza de café con manos temblorosas—. Decía que tenía un asunto urgente que resolver en los depósitos del puerto antes de la reunión de capitanes de esta noche. Lo noté muy alterado, Elena. ¿Pasó algo entre ustedes ayer?

Elena apretó la taza entre sus dedos, sintiendo cómo el pánico comenzaba a formarse en su estómago.

No fue a ver a papá, pensó con horror. Está intentando borrar las pruebas o preparar el golpe final.

Salió a toda prisa del comedor y caminó hacia el patio trasero, donde Gabriel Vance permanecía de pie junto a uno de los vehículos de la escolta Romano, revisando una radio encriptada.

Al verla acercarse con el rostro desencajado, Gabriel guardó el dispositivo y se mantuvo firme.

—Signorina Moretti —saludó el jefe de seguridad.

—Marco salió de la propiedad hace tres horas —dijo Elena, respirando con dificultad—. No habló con mi padre. Creo que va a intentar algo contra Matteo o contra las instalaciones de la naviera en el puerto.

Gabriel no mostró sorpresa alguna. Sacó su teléfono satelital, tecleó un código rápido y se lo llevó a la oreja.

—Matteo —dijo Gabriel cuando la llamada se conectó al otro lado—. La signorina Moretti acaba de confirmar que Marco rompió la tregua interna y ha abandonado la finca.

Al otro lado de la línea, la voz de Matteo sonó tan tranquila y fría como una sentencia de muerte ejecutada con precisión quirúrgica.

—Lo sé —respondió Matteo desde su oficina en Manhattan—. Mis hombres acaban de interceptar el convoy de Marco en la zona industrial de Brooklyn. Trae a Elena a la sede central de la naviera, Gabriel. Es hora de que este asunto se resuelva frente a los patriarcas.

Elena escuchó la orden a través del altavoz del teléfono. Cerró los ojos un instante, sabiendo que las horas de gracia habían terminado y que el destino de su familia estaba a punto de ser decidido en la mesa de los Romano.

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