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Después de la traición

Después de la traición

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Oficina / Venderse para pagar una deuda / Atracción entre enemigos / Completas
Popularitas:89.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Sue Ferrasso

Faltaban pocos días para la boda perfecta de Aurora Salazar. Tenía el vestido listo, la carrera soñada como una de las mejores arquitectas de Madrid y un futuro trazado al lado del hombre que amaba. Hasta que decidió darle una sorpresa a su prometido… y lo encontró en la cama con otra.

Esa misma noche, cegada por la rabia, Aurora agarra un bate de béisbol y destroza el auto de lujo estacionado en el garaje. Solo hay un problema: el auto no era de su ex. Pertenece a Matteo Castellani, el CEO más poderoso —y más arrogante— de la ciudad, y ahora ella le debe una fortuna que jamás podría pagar.

Matteo lleva años intentando contratarla. Y por fin tiene la carta que necesitaba: en lugar de dinero, le cobrará la deuda con trabajo. A su lado. Todos los días.

Lo que ninguno de los dos esperaba era que, entre planos, viajes y discusiones a muerte, la línea entre el odio y el deseo empezara a borrarse. Ella juró no volver a confiar en nadie. Él juró no dejar que ninguna mujer se acercara a su corazón. Dos promesas hechas para romperse.

Pero el pasado de Aurora no piensa soltarla tan fácil, y hay secretos —sobre su ex, sobre su antigua empresa, sobre la traición que lo empezó todo— que amenazan con destruir lo único que por fin la hace sentir viva.

Cuando el hombre que te rompió el corazón se convierte en tu peor enemigo, ¿te atreverías a enamorarte de aquel a quien juraste odiar?

NovelToon tiene autorización de Sue Ferrasso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Aurora Salazar

Parecía entera. El cabello en su lugar, el maquillaje todavía impecable, la ropa aún ajustada al cuerpo; nadie que me mirara en ese instante habría imaginado que acababa de ver seis años de mi vida aplastados en una cama deshecha.

Me quedé sentada al volante unos segundos. Las manos me temblaban, pero todavía no lloraba. Era extraño. Siempre imaginé que, si algún día Roman me engañaba, gritaría, rompería algo, me derrumbaría en el piso como las mujeres de las películas que yo tildaba de demasiado dramáticas. Pero la verdad era otra. El dolor me había dejado muda. El shock lo había congelado todo por dentro. Respiraba, parpadeaba, sostenía la llave entre los dedos, pero era como si una parte de mí siguiera parada en el pasillo de aquel departamento, mirando por la rendija de la puerta, tratando de entender por qué el hombre que prometía amarme estaba desnudo sobre otra mujer.

Saqué el celular del bolso con movimientos rígidos. La pantalla se encendió con una foto nuestra tomada meses atrás, durante una cena con amigos. Yo sonreía, él me besaba la sien, y alguien había dicho que parecíamos la pareja perfecta. Me dieron ganas de reír, pero el sonido que se me escapó de la garganta fue pequeño, quebrado y cargado de asco. Deslicé el dedo por la pantalla, busqué su nombre y llamé antes de pensarlo mejor. Roman contestó al segundo tono, jadeante, como si hubiera bajado corriendo detrás de mí, como si todavía pudiera alcanzar algo que él mismo había destruido.

—Aurora, por el amor de Dios, ¿dónde estás?

Su voz me golpeó como una agresión. Durante seis años, esa voz había sido mi hogar. En ese instante, era solo ruido.

—Lo destruiste todo —dije, y me asusté de la calma de mi propia voz.

Del otro lado, se quedó en silencio una fracción de segundo.

—Sé que parece horrible, pero tienes que escucharme.

Apreté el celular contra la oreja y cerré los ojos. Parecía horrible. No, aquello no parecía horrible. Aquello era horrible. Era humillante, sucio, cobarde. Era él haciéndome elegir flores, vestido, invitaciones y alianzas mientras compartía su propia cama con otra mujer. Era él dejando que mi familia creyera en una boda que jamás debió ocurrir. Era él tocándome con las mismas manos que acababan de tocar a otra persona.

—No necesito escuchar nada. Nada de lo que digas va a borrar lo que vi.

—Cometí un error.

Abrí los ojos despacio.

—¿Un error? —repetí, sintiendo que la rabia por fin perforaba la capa de shock—. Un error es olvidar una reunión, Roman. Un error es llegar tarde. Un error es mandarle un mensaje a la persona equivocada. Tú no cometiste un error. Tomaste una decisión. Te quitaste la ropa, metiste a otra mujer en tu cama, cerraste la puerta y creíste que nunca me enteraría.

—No fue así.

—Fue exactamente así.

Respiró hondo, y pude imaginar su mano pasándose por el cabello, ese gesto ensayado que siempre usaba cuando quería parecer arrepentido.

—Te amo, Aurora.

Esta vez, me reí. No pude evitarlo. La risa salió seca, amarga, sin el menor rastro de alegría.

—No digas eso. No te atrevas a decirme eso. No amas a nadie más que a ti mismo.

—Estaba confundido.

—¿Confundido? —mi voz subió, resonando dentro del auto—. Nos vamos a casar en pocos días, Roman. Pocos días. Mi vestido está listo. Mi madre está emocionada. Tu familia ya confirmó que asiste. Pasé meses organizando una vida contigo mientras tú me convertías en una idiota.

—Nunca quise lastimarte.

—Pero lo hiciste. Me destruiste. Tomaste seis años de mi vida y los tiraste a la basura como si no significaran nada.

Del otro lado, oí una puerta cerrarse de golpe. Pasos apresurados. Tal vez venía hacia el garaje. Tal vez por fin había entendido que yo no estaba solo triste. Estaba furiosa. Y la furia era peligrosa porque no pedía permiso para existir.

—Aurora, espérame. Voy bajando. Tenemos que hablar en persona.

—No hay nada que hablar.

—Por favor, no hagas nada en caliente.

Esa frase terminó de incendiar lo que quedaba de mi control. En caliente. Como si el problema fuera mi reacción y no su traición. Como si yo debiera respirar hondo, contar hasta diez y comportarme como una mujer civilizada mientras él todavía olía a la piel de otra.

—Destruiste mi paz, Roman. Ahora yo voy a quitarte la tuya.

Colgué antes de que respondiera.

Me quedé quieta un instante, mirando el estacionamiento frente a mí. Había varios autos alineados bajo las luces frías del garaje, pero mis ojos encontraron de inmediato el deportivo oscuro estacionado a unos lugares de distancia. El auto nuevo. El maldito auto que Roman había mencionado tantas veces en las últimas semanas. Había hablado de un cambio, de un modelo más exclusivo, de cómo quería llegar a la ceremonia conduciendo algo a la altura de la boda. En su momento, me reí y le dije que eso era vanidad innecesaria. Ahora, mirando aquel vehículo impecable, sentí que la rabia tomaba forma.

Salí de mi auto y cerré la puerta de un golpe. El sonido resonó en el garaje casi vacío. Caminé hasta el maletero, lo abrí y aparté una caja de herramientas, un par de botas, un casco de obra y unas muestras de acabado que llevaba cargando hacía días. Al fondo, cubierto por una manta vieja, estaba el bate de béisbol que mi padre me había dado años atrás, después de un intento de asalto a la salida de una obra. Siempre me pareció una exageración, pero nunca lo saqué de ahí. Él decía que una mujer sola necesitaba alguna forma de protegerse cuando el mundo decidiera poner a prueba su suerte.

Esa noche, el mundo la había puesto a prueba.

Sujeté el bate con las dos manos. Su peso era real, firme, casi reconfortante. Caminé hacia el deportivo oscuro sintiendo el corazón golpearme con violencia contra las costillas. El auto brillaba bajo la iluminación del garaje, demasiado nuevo, demasiado caro, demasiado arrogante. Era ridículo pensar así de un objeto, pero en ese instante parecía una extensión de Roman. Una prueba más del hombre que era: vanidoso, mentiroso y convencido de que todo podía comprarse, esconderse o arreglarse con palabras bonitas.

Oí el ascensor abrirse detrás de mí.

—¡Aurora!

La voz de Roman atravesó el garaje justo cuando alcé el bate por primera vez.

No lo pensé.

Solo golpeé.

El parabrisas crujió con un sonido seco y violento. Una telaraña de grietas se extendió por el vidrio, y la vibración me subió por los brazos hasta los hombros. Roman gritó mi nombre otra vez, pero no me detuve. Golpeé de nuevo. Y otra vez. El vidrio cedió en algunos puntos, pequeños fragmentos resbalaron sobre el capó, y una alarma estridente estalló en el estacionamiento, llenándolo todo. El ruido debió asustarme, pero tuvo el efecto contrario. Era como si por fin algo allá afuera gritara por mí.

—¿Enloqueciste? —Roman corrió hacia mí—. ¡Aurora, para!

Me volví hacia él con el bate en alto.

—Da un paso más y llamo a la policía.

Se detuvo de inmediato, jadeante, todavía con la camisa mal abotonada y el cabello revuelto. Verlo en ese estado me dio ganas de vomitar. Era la prueba viviente de lo que había pasado allá arriba.

—¡Es un auto, Aurora! ¡No puedes hacer esto!

—Hoy puedo hacer muchas cosas.

Me volví hacia el vehículo y le di a uno de los faros. El vidrio se rompió con un crujido satisfactorio. Golpeé el otro. Después el capó. La carrocería se hundió bajo la fuerza de los golpes, formando marcas irregulares. Cada golpe parecía arrancar un pedazo de la humillación atrapada en mi pecho. Cada abolladura decía algo que no lograba transformar en palabras. Mentiste. Me usaste. Me viste la cara de idiota. Me pusiste delante de una iglesia entera como una novia feliz mientras ya traicionabas todo lo que prometimos.

Roman intentaba acercarse sin saber cómo. Estiraba las manos, retrocedía, miraba las cámaras, me miraba a mí, miraba el auto. Tal vez calculaba las pérdidas. Tal vez buscaba la manera de convertir todo aquello en culpa mía. Los hombres como él siempre la encontraban.

—Aurora, por favor, basta. Te estás perjudicando tú misma.

—¿Ahora te preocupas por mí?

Le di al espejo lateral del lado del conductor. Se soltó a medias y quedó colgando como un miembro roto. La alarma seguía chillando. En algún lugar se abrió una puerta, pero no me volví a ver quién era. Nada importaba salvo el auto, el bate y la rabia que por fin había encontrado una salida.

—Sé que estás dolida.

—¿Dolida? —golpeé el costado del auto, dejando una marca profunda—. ¿Crees que estoy dolida?

—Sé que me equivoqué.

—Me engañaste en la cama donde dormí contigo.

La frase salió más baja de lo que esperaba, y por un instante la violencia dentro de mí vaciló. La imagen volvió entera: su cuerpo, la piel de ella, las sábanas, la risa, la mirada asustada cuando me vio. Apreté el bate con más fuerza y golpeé el vidrio de la ventanilla. El impacto me hizo arder la mano, pero no me detuve. El vidrio se agrietó y luego cedió en una lluvia de pequeños fragmentos que cayeron sobre el asiento de cuero. El olor a auto nuevo se mezcló con el polvo del vidrio roto, y eso me dio una extraña sensación de justicia.

Roman dio un paso impulsivo hacia mí.

—Dame eso, Aurora.

Giré el cuerpo para encararlo, con el bate apuntándolo.

—Tócame y grito. Tócame y le digo a la policía exactamente lo que estabas haciendo cuando subí a tu departamento. Se lo digo a todo el mundo. A tu madre, a tus amigos, a los invitados, a la prensa si hace falta.

Palideció.

Claro.

La reputación. Siempre la reputación.

—No serías capaz. —Sonreí sin humor.

—Ponme a prueba. —No me puso a prueba.

Volví al auto. La rabia ya no era una ola; era una tormenta entera. Golpeé la parte trasera, las luces, la puerta, el capó otra vez. El cabello me caía sobre la cara, la respiración me salía entrecortada, los brazos empezaban a dolerme, pero seguía. Quería destruir el auto hasta volverlo irreconocible. Quería que Roman lo mirara y entendiera que exactamente así me sentía por dentro. Que me había dejado hecha pedazos, marcada, deformada, ridícula ante mi propia ingenuidad.

Cuando por fin me detuve, no sabía cuánto tiempo había pasado. La alarma se había reducido a un sonido intermitente e irritante. Había vidrios por el suelo, marcas en la carrocería, faros destrozados, el parabrisas completamente rajado, el costado abollado y el espejo colgando. El auto parecía haber sobrevivido a una guerra.

Los brazos me temblaban. La garganta me ardía. El bate resbaló un poco entre mis dedos sudados y tuve que apoyarlo en el suelo para respirar. Por primera vez desde que salí del departamento, sentí las lágrimas quemarme los ojos, pero todavía no cayeron. Tal vez había pasado el punto en que llorar servía de algo.

Roman se quedó en silencio unos segundos. Después se llevó las dos manos a la cabeza.

—Dios mío, Aurora…

—Espero que haya valido la pena —murmuré, todavía tratando de recuperar el aliento.

Me miró de una manera extraña. Ya no parecía solo asustado. Había algo peor en su rostro. Pánico.

Fruncí el ceño.

—¿Qué pasa?

Roman miró el auto, después a mí.

—Este auto… —tragó saliva—. Aurora, este auto no es mío.

El mundo pareció enmudecer. La alarma, los pasos lejanos, mi propia respiración. Todo desapareció por un segundo.

—¿Qué? —Mi voz salió baja, casi sin sonido. Roman se pasó la mano por la cara, desesperado.

—Cambié de auto, pero el mío está en la calle de atrás. Este no es el mío.

Miré el vehículo destrozado como si pudiera reconstruirse ante mis ojos y demostrar que Roman mentía. Pero entonces noté detalles que la rabia no me había dejado ver antes. La placa distinta. El pequeño emblema personalizado. Un acabado demasiado sofisticado incluso para las exageraciones de él.

La respiración me falló.

—No…

El bate me pesó en la mano como si hubiera duplicado su tamaño.

—Aurora… —Di un paso atrás, sintiendo que el estómago se me hundía. Fue en ese momento cuando una voz masculina, grave y fría, surgió detrás de mí.

—¿Qué mierda es esto?

El corazón se me detuvo.

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Elia María Ramírez Rodríguez
Es muy arriesgado Aurora no se fija si hay peligro.........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
De seguro es Román, su familia y Augusto que lo están presionando por darle trabajo en su empresa Aurora.........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Poco a poco se va a ir olvidando de Román........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Matteo está al pendiente de Aurora otra comida y salida a checar solares y se van hacer ando más.........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Oh van a ser pareja de trabajo oh pareja de sentimental oh de las dos formas en una.........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Ahora como se van a tratar en el trabajo ya sintieron la emoción de un besó aquí va a ver una relación........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Matteo se quedó congelado 🥶 por la emoción del beso 💋 paso a pasito van a terminar de novios s o casados........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Va a empezar de nuevo en otra empresa ahora a exigirse mucho más para sobresalir en su trabajo y que los que la despreciaron vea la gran mujer y arquitecta que perdieron...... 🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Así se empieza una relación laboral pero pero también las relaciones sentimentales........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Así es ponerte metas pasa sobresalir tú misma, porque las personas que no te valoraron 😠 se van arrepentir más adelante al darse cuenta que ellos fueron los qué perdieron más. 🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Entré todo lo malo que has pasado saca provecho de éso y sigue hacia adelante en todo los ámbitos de tú vida demuestra les que no los necesita para seguir adelante y triunfando en lo profesional como en lo emocional.......🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Hablando claro se entiende y pueden llegar a un acuerdo claro en donde se pongan todos los inconvenientes entre ellos.
Aparte puedan demostrar que no necesitan a Román ni Augusto para seguir trabajando y sobresaliendo en su preparación profesional....... 🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Autora estás dónde avias dicho qué nunca ibas a estar porque no aceptabas trabajar con el porque no traicionabas Augusto tu jefe, pero el te traicionó a tí.........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Matteo vas a terminar enamorado de Aurora 😠 odio al amor hay un paso.......🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Director Augusto perdiste una gran arquitecta ahora por serle fiel a la familia de Román pues quédate con el........🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Que bueno que te diste cuenta del valor que tú tenías en ésa empresa antes de que empezarás la demanda de Matteo, Aurora NO cometas otro error ve a trabajar con el que tú lealtad no la merece el Sr. Augusto 😠 porque el te está s viendo como una carta de presentación canjeada a más ofertas de contratos de trabajos.......🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Habla con tu jefe explícale la situación que tienes que estás 🧬 atravesado que NECESITAS dejar de trabajar con el un tiempo..... .🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Habla con tu j
Elia María Ramírez Rodríguez
Aquí lo que debes de hacer, es publicar en la lista de invitados que se cancela la boda por asuntos de incompatibilidad de carácter y de tercera persona es su relación así Roman deja de estar molestándote y acepta que la relación terminó porque según el no tenías tiempo para atenderlo 😠que idiota todavía no se abian casado y ya se está quejando de esa excusa más antigua que el infierno.......🌹❤️🌹💋
Elia María Ramírez Rodríguez
Aurora no tienes otra opción que trabajar con el porque ni trabajando todo lo que resta de lu vida 24 × 7 lograras pagarle aparte que Matteo acepte pagos en abono.......🌹❤️🌹💋
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