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EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

Status: Terminada
Genre:Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Claudia (26 años) es la implacable CEO de Índigo Gastronómica, un imperio culinario de más de cien restaurantes. Para ella, el amor es una pésima inversión con retorno negativo; prefiere los negocios limpios y los encuentros carnales sin ataduras. Héctor (30 años) es el arrogante y codiciado líder de una constructora multimillonaria, un mujeriego empedernido convencido de que jamás sentará cabeza.
Ninguno imaginó que una fría traición familiar los encerraría en un crucero de lujo por las Bahamas. Tras una noche de alcohol, juego y choques de ego, despiertan con una resaca monumental y una farsa legal: están casados ante la ley internacional por un plan maquiavélico de sus padres.
Incomunicados en alta mar, firman una tregua para salvar sus acciones. Pero de regreso a la ciudad, la convivencia forzada en el ático, un rival desquiciado buscando venganza y un inesperado embarazo de esa noche salvaje destruirán todas sus reglas. ¿Podrá el orgullo resistir al deseo?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14. ADRENALINA EN LA VERTICAL

El calor de la piel de Héctor me golpeaba el rostro antes de que pudiera procesar la velocidad con la que me había acorralado contra la pared de mármol del pasillo. Mi mente analítica, esa parte de mi cerebro que siempre llevaba traje de sastre y medía las consecuencias de cada movimiento, se encendió de inmediato como una alarma de incendios. Estábamos en el piso ejecutivo de la Torre Índigo. Cualquiera de mis directores, o peor aún, mi asistente Marta con un fajo de facturas, podía doblar la esquina en cualquier segundo y destruir la imagen de seriedad que tanto me había costado construir en la rueda de prensa.

—Héctor, muévete —le exigí, levantando las manos para apoyarlas en sus hombros con la clara intención de empujarlo y poner los dos metros de distancia reglamentarios que dictaba mi sentido común—. Estamos en mi oficina. Aléjate antes de que...

No me dio tiempo a terminar la frase. Héctor no era un hombre acostumbrado a retroceder cuando tenía una presa a la vista, y mucho menos hoy, que la adrenalina de habernos visto cazar juntos en la arena pública lo tenía completamente descontrolado. En lugar de apartarse, acortó el último centímetro que nos separaba. Sus dedos largos se enredaron en mi coleta alta con una posesión salvaje, obligándome a inclinar la cabeza hacia atrás, mientras que con su otra mano presionó el botón de apertura del ascensor privado que estaba a nuestra izquierda.

Las puertas de acero inoxidable se deslizaron con un sutil zumbido. Héctor me empujó hacia el interior del cubículo despejado casi sin romper el contacto visual, entrando detrás de mí y golpeando el panel de control con el puño para marcar el piso del ático ejecutivo, asegurándose de bloquear el acceso a cualquier otra planta con su tarjeta magnética de seguridad.

En cuanto las puertas de acero se cerraron con un golpe seco, aislando el zumbido del edificio, el mundo exterior dejó de existir.

—Te dije que no tenía tiempo para esperar, girlboss —susurró Héctor contra mi boca, con la voz tan ronca y cargada de una vibración tan densa que me erizó la piel entera.

Antes de que pudiera formular una sola protesta, sus labios se estrellaron contra los míos. No fue un beso de disculpa, ni un acercamiento tentativo; fue un asalto hambriento, furioso, cargado de toda la excitación reprimida de la mañana. Su boca devoraba la mía con una urgencia que me hizo soltar un gemido ahogado contra sus dientes. Intenté mantener los brazos rígidos a los lados de mi cuerpo durante un microsegundo, tratando de aferrarme a los últimos restos de mi orgullo de CEO, pero fue una batalla perdida desde el principio. El calor de su cuerpo presionándome contra el espejo del fondo del ascensor, el olor a madera de su loción mezclado con el sudor de la rueda de prensa y el recuerdo vivo de sus ojos grises mirándome con pura adoración en el escenario pulverizaron mi autocontrol.

Rompí mi propia tregua. Rodeé su cuello con los brazos, hundiéndole las uñas en los hombros de su costosa chaqueta de sastre gris, y le devolví el beso con la misma ferocidad salvaje. El ascensor empezó a subir a toda velocidad hacia el cielo de la ciudad, pero la verdadera caída libre la estábamos sufriendo nosotros.

Las manos de Héctor bajaron por mis costados con una prisa desesperada, arrugando la seda marfil de mi blusa y anclándose en mis caderas para levantarme del suelo. Mis tacones de aguja se despegaron del piso del cubículo y me aferré a su cintura con las piernas, soltando un jadeo cuando su boca abandonó mis labios para descender por mi mandíbula, dejando un rastro de besos ardientes que me hicieron echar la cabeza hacia atrás contra el espejo templado. El cristal frío contra mi espalda contrastaba de forma obscena con el fuego abrasador de su piel.

—Me estás volviendo loco, Claudia —masculló Héctor entre dientes, su respiración golpeando mi cuello mientras desabrochaba con dedos torpes los dos primeros botones de mi blusa—. Esa maldita forma en la que controlas el mundo... joder, me pone al límite. Eres mía, ¿sabes? Aunque nos hayan obligado, eres lo único real en este maldito circo.

Esas palabras, pronunciadas en mitad del descontrol carnal, me provocaron un escalofrío que no tenía nada que ver con el deseo. Eres mía. En mi mente, esa frase debería haber encendido todas mis alarmas feministas y de independencia, pero en la penumbra del ascensor en movimiento, sonó como una declaración de guerra que estaba dispuesta a aceptar. Él también era mío en este juego de poder, un león atrapado en mi propia red.

El zumbido del ascensor disminuyó de ritmo, indicando que nos acercábamos al piso cuarenta. El marcador digital brillaba en rojo, contando los últimos pisos de nuestra vertical de pasión. Héctor apretó el agarre de sus manos en mis muslos, acelerando el ritmo de sus caricias, arrastrándome a un abismo de sensaciones donde el blazer blanco y el traje de sastre gris terminaron tirados en el suelo alfombrado del cubículo como armaduras inservibles. Nos devoramos contra el cristal en un frenesí de respiraciones entrecortadas, gemidos ahogados por el eco del metal y un deseo tan violento que nos dejó temblando a ambos.

Cuando el ascensor se detuvo por completo con un sutil tintineo y las puertas se abrieron hacia el vestíbulo privado del ático, nos quedamos congelados durante unos segundos, jadeando, con las frentes pegadas y los cuerpos aún entrelazados. La luz brillante del departamento inundó el cubículo, devolviéndonos la realidad de golpe.

Bajé las piernas lentamente, sintiendo que las rodillas me temblaban tanto que apenas podían sostener mi peso. Miré el suelo del ascensor: nuestras chaquetas de diseñador estaban arrugadas, mi blusa de seda tenía la mitad de los botones abiertos y mi labial rojo estaba completamente borrado, esparcido alrededor de la boca de Héctor como una marca de propiedad carnal.

Me pasé una mano por el cabello, intentando recomponer mi moño desordenado con dedos temblorosos, mientras sentía los ojos grises de Héctor fijos en mí. Su mirada ya no era la del tiburón frío de la mañana; era una mirada oscura, profunda, cargada de una satisfacción posesiva que me asustó muchísimo más que la crisis del reportero. Habíamos roto todas las malditas reglas de nuestra tregua. Habíamos bajado la guardia en el peor lugar posible, y lo peor de todo es que ambos sabíamos que la guerra del orgullo la habíamos perdido los dos bajo el cielo de la ciudad.

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Doris Torre
excelente novela 👍
Faby Mena
Estoy impresionada por la escritura y trama de esta novela. muchas felicitaciones.
Isabella Varela
EXCELENTE NOVELA ,FELICITACIONES A LA AUTORA, BUENA TRAMA ,SIN EXCESO DE VIOLENCIA ,PERSONAJES MUY RECURSIVOS ( PROTAGONISTA)
Violette Hernandez
jajajaja eso les paso por calientes y con el ego inflado
Violette Hernandez
interesante 🤔🧐 aunque ella ya es ceo de sus restaurantes y él aunque es ceo la empresa y negocios son de su padre, una desventaja 😌
Graciela Zugarramurdi
Muy linda novela,espero ansiosa los proximos capitulos ,incluido el final
EM
que bello🥰
Perla Arbos
Excelente historia!!!. Felicitaciones!!!
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