Tras ser traicionada por su mejor amiga y su entrenador, la prodigiosa animadora Emma es asesinada. Al renacer dos años antes, se une al equipo rival para reconstruirlo y reunir pruebas con las que desenmascarar a quienes la destruyeron.
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Capítulo 14: Dos caminos, una verdad
El aire de la madrugada nos golpeaba el rostro mientras caminábamos sin rumbo, con los pasos pesados y el silencio cargado de rabia e impotencia. Las palabras de Lila resonaban en mi cabeza una y otra vez: «Yo también lo vi. Yo también lo viví.» No era solo una rival. Era mi contraparte, la otra mitad de la historia que creía conocer solo yo. Había despertado igual que yo, con el mismo conocimiento, la misma ventaja, pero con un propósito totalmente distinto: no corregir el pasado, sino asegurarse de que su versión del futuro se cumpliera.
—¿Emma? —Zoe me tomó del brazo, deteniéndome—. Estás temblando. ¿Qué pasa? Cuando la miraste… parecías haber visto un fantasma.
Me detuve y respiré hondo, mirándolos a los tres: Zoe, Lucas y Mara, que caminaba con la cabeza baja, como si cada paso le costara un esfuerzo inmenso. No podía ocultárselo más. Necesitaban saber la verdad completa, aunque sonara a locura. Si íbamos a luchar contra alguien que sabía todo lo que yo sabía, necesitaban entender contra quién nos enfrentábamos.
—Lila no está aquí por casualidad —empecé, con voz baja pero firme—. Igual que yo, ella recuerda lo que pasó. Igual que yo, despertó dos años atrás sabiendo todo lo que vendría. No es una simple traicionera. Es alguien que ya vivió esta historia, y esta vez… viene a asegurarse de que gane.
El silencio que siguió fue absoluto. Lucas parpadeó, como si no terminara de comprender. Zoe abrió la boca para hablar, pero se quedó sin palabras. Mara levantó la vista, con los ojos muy abiertos.
—¿Ella también…? —susurró—. ¿Ella también volvió?
—Sí —asentí—. Y eso significa que sabe cada movimiento que yo podría hacer. Sabe mis planes, mis miedos, mis debilidades. En la otra vida, yo confié en ella ciegamente. Esta vez, ella sabe que no lo hago, y está preparada para todo. No es una rival normal. Es alguien que conoce mi mente mejor que yo misma.
—Entonces… ¿cómo podemos ganarle? —preguntó Lucas, con un deje de desesperanza—. Si sabe todo lo que vas a hacer, cualquier plan que se te ocurra, ella ya lo espera.
—Exactamente —dije—. Por eso no podemos seguir jugando a su juego. Si ella sabe lo que yo haría, tengo que dejar de ser la Emma que ella conoce. Tengo que hacer lo que ella nunca esperaría. Tengo que dejar de luchar contra su pasado y empezar a construir un futuro que ella no puede predecir.
Mara dio un paso hacia mí, con la mandíbula tensa, decidida como no la había visto nunca.
—Yo fui su herramienta hasta hoy —dijo, con voz clara y firme—. Pero ya no. Si ella cree que me tiene controlada, se equivoca. Firmé ese papel porque no tenía opción, pero no voy a quedarme con los brazos cruzados. Sé cosas, Emma. Cosas que ella no cree que me atreva a decir. Cosas que ni siquiera su padre sabe. Y si me dejan, las usaré.
—¿Qué cosas? —pregunté, acercándome.
—Los registros de transferencias bancarias secretas —reveló Mara—. El entrenador Márquez me pidió que los organizara una vez, pensando que no entendería nada. Pero sí entendí. Dinero que salía de cuentas del equipo y llegaba a cuentas personales, pagos a personas que no existían, incluso pagos a miembros del consejo deportivo. No es solo fraude. Es corrupción de arriba abajo. Y tengo copias guardadas en un lugar seguro. Si las entregamos, no solo caen ellos. Caen todos los que los protegían.
Sentí una oleada de esperanza tan fuerte que casi me tambaleo. Era la pieza que faltaba, la prueba que no podían refutar, la que conectaba todo el entramado de poder que los mantenía intocables. Lila creía que había silenciado a Mara, sin saber que ella misma había guardado la evidencia que los destruiría.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó Zoe, suavemente.
—Porque tenía miedo —admitió Mara—. Miedo de que si me descubrían, le hicieran daño a Javier. Pero ahora… ahora entiendo que mientras ellos tengan poder, mi hermano no estará a salvo. Nadie lo estará. La única forma de protegerlo es destruir lo que los sostiene. Y estoy lista para hacerlo.
Cambiamos de rumbo de inmediato. No podíamos ir a mi casa ni a la de Zoe; si Lila nos vigilaba, nos buscaría allí. Fuimos a una pequeña biblioteca comunitaria del otro lado de la ciudad, un lugar discreto, con salas de estudio privadas y poca gente a esa hora. Al entrar, cerré con llave y nos sentamos alrededor de una mesa, con la luz tenue de una lámpara de mesa.
—Necesitamos un plan que ella no pueda prever —dije, sacando una libreta y un bolígrafo—. Lila espera que vayamos al consejo deportivo. Espera que presentemos pruebas. Espera que la enfrentemos de la forma tradicional. Por eso mismo, no lo haremos así. Vamos a hacerlo público. Antes de que ellos puedan silenciarnos. Antes de que puedan decir que todo es mentira.
—¿Público? —repitió Lucas—. ¿Cómo? Si todo el mundo los adora.
—Porque la verdad, cuando se presenta completa, con pruebas, no se puede ignorar —respondí—. Vamos a publicar todo en línea. Los documentos, las transferencias, el testimonio de Mara, las fotos de los registros, la grabación de las cámaras de seguridad. Todo. Al mismo tiempo, en varias plataformas, desde cuentas anónimas, para que no puedan borrarlo todo. Y cuando la gente empiece a hablar, cuando las preguntas sean demasiadas, el consejo deportivo no tendrá más remedio que investigar. No pueden callar a toda una ciudad.
—Pero eso nos expone —señaló Zoe—. Si descubren que somos nosotras…
—Ya nos expusieron a nosotras —respondí con firmeza—. Firmamos una declaración diciendo que mentimos. Si nos descubren, pueden decir que todo es parte de esa mentira. Pero si lo hacemos bien, si la información es irrefutable, la gente no se quedará callada. Y además… —miré a cada uno de ellos— no lo haremos solos. Julián tiene contactos en el periódico escolar y en medios locales de investigación. Si le enviamos todo, él puede ayudarnos a verificarlo y publicarlo sin revelar nuestras identidades.
Mara asintió con determinación.
—Tengo las copias en una memoria USB escondida en mi casa. Voy a buscarla.
—No —la detuve—. No vayas sola. Zoe, ve con ella. Y tengan cuidado. Si notan algo raro, no entren. Nos avisas y buscamos otra forma. Lucas y yo nos quedaremos aquí, preparando el texto, organizando todo para cuando lleguen.
Se fueron las dos, y me quedé con Lucas en el silencio de la biblioteca. Empecé a escribir, a ordenar las pruebas, a estructurar la información de forma clara y contundente. Lucas me ayudó, organizando fechas y nombres, verificando que todo cuadrará. Mientras trabajábamos, me di cuenta de algo importante: en mi vida anterior, yo era la capitana porque era la mejor, la más talentosa, la más visible. Pero esta vez, no era la capitana por eso. Era la capitana porque confiaba en ellos, porque nos levantábamos juntos cuando caíamos. Y esa clase de liderazgo era algo que Lila nunca podría entender, ni imitar. Porque ella lideraba con miedo. Nosotros lo hacíamos con confianza. Y la confianza es mucho más difícil de destruir.
Cuando Zoe y Mara regresaron con la memoria USB en la mano, la sentí pesada, como si llevara el destino de todos nosotros dentro. La inserté en la computadora portátil que habíamos conseguido, y en la pantalla aparecieron cientos de archivos, documentos, imágenes, registros. Todo estaba ahí. La verdad completa.
—Es ahora —dije, con el dedo sobre la tecla de enviar—. Una vez que hagamos esto, no hay vuelta atrás. Ellos sabrán que no nos rendimos. Sabrán que los desafiamos. Y vendrán por nosotras. ¿Están seguros?
Mara puso su mano sobre la mía. Zoe y Lucas hicieron lo mismo. Los cuatro juntos, las manos entrelazadas sobre el teclado.
—Hazlo —dijeron al unísono.
Presioné la tecla. Y en ese instante, todo cambió. Las pruebas volaron por el aire, llegando a miles de pantallas, a cientos de personas, a todos aquellos que necesitaban saber la verdad. Ya no era nuestra palabra contra la suya. Ahora era el mundo entero juzgándolos. Y esa era una batalla que Lila no podía ganar, por mucho que supiera del futuro. Porque el futuro no se escribe solo con recuerdos. Se escribe con valentía. Y esa noche, nosotros éramos los más valientes de todos.